(InfoCatólica) Durante su reciente visita al Vaticano, el Primer Ministro Donald Tusk se presentó ante el Papa León XIV como un político abierto al diálogo con la Iglesia Católica. Sin embargo, la realidad política en Polonia es muy distinta y Wlodzimierz Redzioch, escribiendo en la Nuova Bussola Quotidiana, acusa al gobierno de Tusk de ser el más anticlerical desde el fin del comunismo en 1989.
En buena parte, esas alegaciones contra el gobierno de Tusk se centran en la figura de la ministra de Educación, Barbara Nowacka, que es atea, favorable al aborto y defensora de la ideología LGBT. La ministra ha ido realizando diversas reformas en la escuela polaca para reducir la presencia de la religión católica y de los contenidos patrióticos en la escuela polaca, promoviendo al mismo tiempo programas de educación sexual de cuestionable moralidad y temas de género so capa de "educación para la salud".
Entre las medidas más polémicas está la reducción de las clases de religión y ética de dos horas semanales a una sola. Por si eso fuera poco, se traslada la asignatura a la primera o última hora del día escolar y se excluye su nota del promedio académico oficial. Esto convierte la asignatura en poco más que un trámite, sin peso real alguno.
La Asociación de Catequistas Laicos de Polonia envió una carta al Papa León XIV pidiendo su apoyo y denunciando que las nuevas normas reducen drásticamente el papel de la religión en la educación pública. La reforma podría vulnerar también el concordato entre Polonia y la Santa Sede y durante la visita oficial de Tusk al Vaticano se trató este tema, según el comunicado posterior de la Santa Sede, si bien no se han dado más detalles sobre la conversación.
Esta medida del gobierno polaco, entre otras, podría ser un paso más en la «europeización» de Polonia y los demás países de Europa del Este, a menudo considerados excesivamente tradicionales, nacionalistas y conservadores en la moral por la Unión Europa. Al parecer, el relativismo moral solo funciona en una dirección: la de disolver la moral católica. En cambio, la nueva moral globalista, feminista, abortista y LGBT debe extenderse a todas las naciones, lo deseen sus ciudadanos o no.








