(InfoCatólica) El yoga, el mindfulness, el reiki y otras propuestas de espiritualidad alternativa se han instalado en la vida cotidiana de millones de personas, también de católicos practicantes. ¿Son caminos legítimos hacia la paz interior o sucedáneos que desvían de la fe? Son preguntas relevantes especialmente cuando hay indicadores cualitativos y cuantitativos que muestran, al menos, «un giro espiritual» en la juventud.
El P. Gustavo Lombardo, sacerdote argentino del Instituto del Verbo Encarnado (IVE), lleva años estudiando la cuestión. Ordenado en 2005, ha dedicado buena parte de su ministerio a la predicación de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, apostolado que desarrolla también a través de la página Ejercicios Espirituales Online, en funcionamiento desde 2007. Su investigación sobre la incompatibilidad entre el yoga y los Ejercicios Espirituales, realizada en el marco de un Máster en Ciencias Sociales y Humanísticas por la Universidad Abat Oliba CEU (Barcelona), fue el germen de un libro que ahora ve la luz: una guía de discernimiento que rastrea las raíces gnósticas de la Nueva Era y sus infiltraciones en la cultura, en la espiritualidad e incluso en la teología católica: De espaldas a Dios: Guía de discernimiento para la Nueva Era, el Yoga y otras espiritualidades posmodernas
Desde los fundamentos filosóficos hasta el análisis de autores y prácticas concretas, la obra ofrece herramientas para reconocer lo que el P. Miguel Ángel Fuentes, IVE, describe en el prólogo como una realidad que no tiene nada de nueva: «solo nostalgia (y reviviscencia) del antiguo paganismo, del esoterismo, del ocultismo y del gnosticismo que la luz del Evangelio logró disipar parcialmente durante algunos siglos y que ahora vuelve a cernirse sobre el mundo ensombrecido por el crepúsculo de la civilización que nos toca vivir».
Con ocasión de la publicación del libro hemos tenido la oportuidad de entrevistar al P. Lombardo, que actualmente reside en España, donde compagina su labor pastoral con el estudio de las corrientes espirituales contemporáneas.
Padre, ¿qué lo llevó a escribir este libro?
Viviendo en Argentina, ya hace unos 15 años atrás, tenía cierta curiosidad sobre qué sería esto del yoga, que ya se empezaba a escuchar. Al llegar a España pude constatar algo que me dolió mucho: en no pocos centros de espiritualidad ignaciana, los Ejercicios Espirituales de San Ignacio eran sustituidos o mezclados con prácticas de la Nueva Era: yoga, mindfulness, meditación zen.
Llevo veinte años predicando Ejercicios y sé lo que valen (es algo que hacemos como familia religiosa); ver cómo se los desnaturaliza fue el detonante. Empecé a investigar en un máster sobre el tema, y el trabajo de fin de máster se convirtió en este libro de 460 páginas.
¿Qué es exactamente la Nueva Era? ¿No es simplemente una moda inofensiva?
Es exactamente lo contrario de inofensiva. La Nueva Era no tiene ninguna novedad; es la resurrección del antiguo gnosticismo —la pretensión de alcanzar la divinización por medios puramente naturales— revestida con lenguaje moderno. Sus raíces pasan por la Cábala, la masonería y la teosofía de Helena Blavatsky. Su denominador común es el panteísmo —todo es Dios— y el monismo —no hay distinción entre Creador y criatura—, lo cual es radicalmente incompatible con la fe católica. Ya en 2003 la Santa Sede publicó el documento Jesucristo portador del agua de la vida advirtiendo sobre sus peligros.
Usted dedica el capítulo más extenso del libro al yoga. ¿Por qué dice que es incompatible con la fe católica? Mucha gente lo practica «solo como ejercicio físico».
Esa es precisamente la trampa. El P. Joseph-Marie Verlinde, científico belga que fue discípulo de un gurú en la India durante tres años, cuenta que su maestro, Maharishi Mahesh Yogi, se reía de los occidentales que practicaban yoga «solo para relajarse». Les decía: «Sois asombrosos: practicáis esas técnicas sagradas buscando en ellas unos efectos periféricos a los que nosotros damos la menor importancia, y no prestáis la menor atención a las transformaciones profundas que producen en vosotros».
Las técnicas producen sus efectos espirituales queramos o no. No se puede separar la postura del sistema religioso que la sustenta: el yoga es un camino de fusión con lo “divino impersonal”, exactamente lo contrario de la relación personal con Dios que propone el cristianismo.
¿Y qué hay del mindfulness? Se lo presenta como algo científico y neutral.
Eso es un maquillaje muy bien hecho. El mindfulness nació como práctica de meditación budista orientada a alcanzar la iluminación. El monje vietnamita Thich Nhat Hanh lo trajo a Occidente en los años 60, y luego Jon Kabat-Zinn le quitó la etiqueta religiosa para meterlo en hospitales y universidades. Pero el propio Kabat-Zinn ha reconocido que el mindfulness es «el corazón de la meditación budista». Además, estudios científicos recientes documentan efectos adversos significativos. San Juan Pablo II fue muy claro al decir que el budismo es «en gran medida un sistema ateo» y que su camino de salvación es «contrario» al cristiano.
¿Hay exorcistas que confirmen los peligros espirituales de estas prácticas?
Varios, y con casos concretos. El P. Gabriele Amorth, probablemente el exorcista más conocido del mundo, aunque haya fallecido hace unos años; el P. Chad Ripperger en Estados Unidos, que ha visto personas poseídas por practicar yoga; el P. Andrés Esteban López Ruiz, exorcista de la Arquidiócesis de México; y otros en España, Chile y Canadá. El propio Verlinde descubrió que estaba poseído durante una Misa celebrada por un exorcista, después de años de practicar «el más puro yoga». Yo mismo conozco dos casos de posesiones vinculadas al yoga.
Usted también trata el reiki. ¿Es una invocación directa del demonio como se oye decir a menudo?
No en el sentido de que el practicante invoque conscientemente a Satanás. El mecanismo es más sutil: el reikista se abre a una «energía vital universal» de origen indeterminado, suspendiendo el juicio crítico. Como esa fuerza no procede de Dios ni de la gracia, esa apertura deja al sujeto expuesto a influencias del maligno, que, como dice San Pablo, «se disfraza de ángel de luz». El diablo imita la imposición de manos sacramental con una imposición de manos que viene de él.
La cuarta parte del libro es la más delicada: analiza la infiltración de la Nueva Era en la teología católica. ¿Puede dar algún ejemplo?
Analizo en detalle a dos autores: Pablo d'Ors, sacerdote secular de Madrid, y Javier Melloni, S.I. En el caso de d'Ors, bajo lenguaje aparentemente cristiano, propone una espiritualidad donde la conciencia reemplaza a Dios, el pecado se reduce a ignorancia, el sufrimiento pierde su valor redentor y la salvación viene por «el despertar interior» y no por la gracia.
Es una espiritualidad gnóstica, monista y panteísta con ropaje católico. En cuanto a Melloni, disuelve la divinidad única de Cristo en un «Cristo cósmico» accesible a todas las religiones. Propone mezclar los Ejercicios ignacianos con prácticas orientales, desnaturalizándolos por completo.
También dedica un capítulo a Teilhard de Chardin. ¿No ha sido rehabilitado por la Iglesia?
Marilyn Ferguson menciona a Teilhard en veintiséis ocasiones a lo largo de su libro La conspiración de Acuario, conocido como “La biblia de la Nueva Era”. Además, la autora envió un cuestionario a más de doscientas personas y obtuvo ciento ochenta y cinco respuestas, y concluye que “Teilhard aparece como la figura más citada por los Conspiradores de Acuario” entre cuantos ejercieron sobre ellos un influjo profundo, por encima de Aldous Huxley, Carl Jung y Abraham Maslow.
En cuanto a la rehabilitación a la que Ud. hace mención, si bien hubo algún intento, no hay rehabilitación alguna. Teilhard recibió dos condenas del Santo Oficio: un decreto en 1957 que ordenó retirar sus libros de seminarios y librerías católicas, y un Monitum en 1962 que declaró que sus obras «abundan en ambigüedades e incluso errores serios que ofenden a la doctrina católica». Este Monitum nunca ha sido revocado. A pesar de ello, hay quienes hoy proponen hacer los Ejercicios Espirituales «según Teilhard de Chardin», lo cual analizo críticamente en el último capítulo.
El libro tiene un capítulo sorprendente sobre el «engaño alienígena». ¿Qué tiene que ver eso con la Nueva Era?
Más de lo que parece. Muestro cómo el fenómeno extraterrestre es utilizado como herramienta de ingeniería social y está vinculado con lo preternatural. La Nueva Era incorpora la narrativa alienígena como parte de su cosmología: los «seres de luz», los «maestros ascendidos», los mensajes canalizados... todo eso converge. No es ciencia ficción: es una pieza más del mismo rompecabezas gnóstico.
Después de un panorama tan preocupante, ¿qué esperanza le queda al lector?
Toda. El libro se cierra con un capítulo titulado «¡Tú eres fuerte!», que es una exhortación a la fortaleza en la fe. El cristiano no tiene por qué temer a la Nueva Era si conoce su fe y la vive. Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, bien hechos, son la mejor vacuna contra todo este engaño, porque ponen al alma cara a cara con Cristo. Y la Santísima Virgen, Sede de la Sabiduría, es nuestra mejor protección. Como digo en el libro: de lo que se trata es de pasar de estar de espaldas a Dios a contemplar su Rostro.







