(InfoCatólica) «El mundo tiene sed de paz. ¡Basta ya de guerras!». Con estas palabras, pronunciadas en el Palacio Presidencial de Yaundé ante las autoridades camerunesas, el cuerpo diplomático y representantes de la sociedad civil, el Papa León XIV marcó el tono de la segunda etapa de su viaje apostólico por África. El Pontífice llegó a Camerún el miércoles 15 de abril procedente de Argelia, donde había realizado la primera visita de un Papa al país norteafricano, y dedicó su jornada inaugural a un denso programa que incluyó un encuentro con el presidente Paul Biya, un extenso discurso sobre paz, justicia y gobernanza, y una emotiva visita al orfanato Ngul Zamba, en el corazón de la capital.
«Una visita verdaderamente bendita»
Antes de aterrizar en suelo camerunés, León XIV quiso hacer balance de su estancia en Argelia. Apenas quince minutos después del despegue del avión de Ita Airways desde Argel, el Papa saludó a los cerca de setenta periodistas que cubren el viaje y calificó los dos días en el país norteafricano como «un viaje y una visita verdaderamente bendita», además de «una hermosa oportunidad para seguir tendiendo puentes y promoviendo el diálogo».
El Pontífice agradeció a las autoridades argelinas la hospitalidad dispensada, incluida la escolta durante el sobrevuelo del espacio aéreo, y dedicó palabras de reconocimiento a la Iglesia en Argelia, «pequeña pero muy significativa». Repasó las visitas a la Basílica de Notre-Dame d'Afrique en Argel y a la Basílica de San Agustín en Annaba, en la colina que domina las ruinas de la antigua Hipona, y subrayó la vigencia del mensaje del obispo norteafricano: «La búsqueda de Dios y del esfuerzo por construir la comunidad, por buscar la unidad entre todos los pueblos y el respeto mutuo a pesar de las diferencias».
León XIV recordó también su visita a la Gran Mezquita de Argel como signo de que «aunque tengamos creencias diferentes, formas diferentes de rezar y de vivir, podemos, sin embargo, convivir en paz», e instó a «seguir ofreciendo junto con nuestro testimonio» esa imagen mientras prosigue el viaje apostólico.
Yaundé recibe al Papa entre cantos y esperanza
La capital camerunesa se volcó con la llegada del Pontífice. Desde las primeras horas, las calles se llenaron de familias, jóvenes, ancianos, sacerdotes y religiosas con pancartas, vestimentas tradicionales, cantos y danzas. Era la cuarta vez que un sucesor de Pedro pisaba Camerún, tras las visitas de san Juan Pablo II y Benedicto XVI.
En el Aeropuerto Internacional de Yaundé-Nsimalen, León XIV fue recibido por el primer ministro, Joseph Dion Ngute. Dos niños le ofrecieron un ramo de flores. Tras los himnos nacionales, los honores de la guardia y la presentación de las respectivas delegaciones, el Papa se trasladó al Palacio Presidencial para la visita de cortesía al presidente Biya, con quien mantuvo un encuentro privado acompañado por la esposa del mandatario. La audiencia concluyó con un intercambio de regalos.
«La variedad no es una fragilidad; es un tesoro»
A las 17:05 hora local, León XIV pronunció su primer discurso en Camerún, dirigido a las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático. El Papa comenzó evocando la definición de Camerún como «África en miniatura» por la riqueza de sus territorios, culturas, lenguas y tradiciones, y lanzó una de las frases centrales de la intervención: «Esta variedad no es una fragilidad; es un tesoro. Constituye una promesa de fraternidad y un sólido fundamento para construir una paz duradera».
El Pontífice se presentó «como pastor y como servidor del diálogo, de la fraternidad y de la paz» y manifestó su deseo de «reforzar los lazos de cooperación entre la Santa Sede y la República de Camerún, fundados en el respeto mutuo, en la dignidad de cada persona humana y en la libertad religiosa». Tras recordar las visitas de sus predecesores, planteó tres preguntas retóricas a la asamblea: «¿En qué punto nos encontramos? ¿De qué manera ha dado fruto la Palabra que se nos ha anunciado? ¿Y qué queda por hacer?».
Una paz «desarmada y desarmante»
El tramo más extenso y solemne del discurso estuvo dedicado a la paz y a las heridas abiertas en el país. León XIV nombró expresamente las tensiones y la violencia en las regiones del noroeste, el suroeste y el extremo norte, que han provocado «vidas perdidas, familias desplazadas, niños privados de la escuela, jóvenes que no ven un futuro», y advirtió: «Detrás de las estadísticas hay rostros, historias y esperanzas heridas».
El Papa desarrolló entonces la fórmula que viene articulando desde el inicio de su pontificado: una paz «desarmada», es decir, no basada en el miedo, la amenaza o el armamento, y «desarmante», capaz de «resolver los conflictos, de abrir los corazones y de generar confianza, empatía y esperanza». Citando su propio discurso del encuentro mundial por la paz de octubre de 2025, reiteró con fuerza: «El mundo tiene sed de paz. ¡Basta ya de guerras, con sus dolorosos cúmulos de muertos, destrucciones y exiliados!».
Sobre la tarea de gobernar, acudió a san Agustín para recordar que los gobernantes están «a un servicio lleno de bondad» y que «servir a la propia patria significa dedicarse con mente lúcida y conciencia íntegra al bien común de todo el pueblo: de la mayoría, de las minorías y de su armonía recíproca».
Romper las cadenas de la corrupción
León XIV fue especialmente directo al abordar la transparencia institucional. Pidió «un examen de conciencia y un valiente paso adelante» y afirmó que «para que florezcan la paz y la justicia, es necesario romper las cadenas de la corrupción, que desfiguran la autoridad y la despojan de su autoridad». Definió «el verdadero beneficio» como «el desarrollo humano integral, es decir, el crecimiento equilibrado de todos los aspectos que hacen de la vida en esta tierra una bendición».
El Papa subrayó el papel «insustituible» de la sociedad civil en la construcción de la paz social y destacó «con gratitud» la labor de las mujeres camerunesas que, pese a ser a menudo «las primeras víctimas de prejuicios y violencias», son «incansables constructoras de paz» y su voz «debe ser plenamente reconocida en los procesos de toma de decisiones». También dedicó un amplio pasaje a los jóvenes, «la esperanza del país y de la Iglesia», y pidió invertir en su educación como «la única manera de frenar la fuga de talentos maravillosos hacia otras regiones del planeta» y de combatir «las plagas de la droga, la prostitución y la apatía».
En el orfanato, los rostros de la esperanza
La última cita pública de la jornada trasladó al Papa del escenario institucional al corazón de una de las obras caritativas de la Iglesia en Camerún. En el orfanato Ngul Zamba, fundado entre 1982 y 1983 por sor Marie Bernard Ekoumou en el barrio de Ngoa-Ekelle, 64 niños y jóvenes de entre tres y dieciocho años esperaban al Pontífice con los espacios limpios y decorados para la ocasión.
«Nunca habríamos imaginado que el Papa vendría hasta aquí. Su llegada es una gracia inmensa», confesó a los medios vaticanos la superiora general, madre Régine Cyrille Ngono Bounoungou, de la Congregación de las Hijas de María de Yaundé. El centro, que acoge a menores marcados por el abandono y el rechazo, funciona también como complejo educativo con escuela primaria y colegio, pero las dificultades persisten: «No tenemos una fuente de ayuda fiable», reconoció la superiora. «Hay gestos de solidaridad, pero no un apoyo continuo».
León XIV se dirigió a los niños con un mensaje de cercanía: «Son portadores de una promesa. Porque ahí donde puede haber miseria, sufrimiento o injusticia, Dios está presente, conoce sus rostros y está muy cerca de ustedes». Y añadió, evocando el Evangelio: «Jesús tenía una predilección especial por los niños como ustedes, los ponía en el centro. Sepan que Él los mira hoy a cada uno de ustedes con el mismo afecto».
La jornada concluyó con un encuentro privado del Papa con los obispos de Camerún en la sede de la Conferencia Episcopal, del que no ha trascendido información.






