(InfoCatólica) El Cardenal Gerhard Ludwig Müller ha salido en defensa del Papa León XIV tras la polémica generada por las críticas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, al Romano Pontífice. En un artículo publicado en kath.net, el purpurado alemán recuerda que los cardenales eligieron al Papa «con plena libertad y únicamente en conciencia de su responsabilidad ante Dios», y que han prometido obediencia al sucesor de san Pedro hasta «la entrega de la propia vida».
Artículo del Card. Müller: «Nadie tiene derecho a criticar al Papa cuando cumple fielmente su misión»
Los cardenales han elegido Papa con plena libertad y únicamente en conciencia de su responsabilidad ante Dios a aquel de entre sus hermanos que Dios mismo ha escogido y querido como sucesor de san Pedro. Y los cardenales hemos prometido obediencia al Papa León XIV y hemos declarado nuestra disposición a comprometernos por él y por la Iglesia de Cristo hasta la entrega de la propia vida. Un nuevo Aviñón, del que se habló en tono amenazante, no se producirá, y quien sea erigido como antipapa por cualquier potentado o se preste a ello es un maldito traidor a la obra de Cristo.
Del Santo Padre nadie puede esperar otra cosa que el compromiso por la paz terrenal entre los pueblos, que es un anticipo de la paz de todos los hombres en Dios, quien nos ha reconciliado consigo y ha reconciliado a los pueblos entre sí en Cristo. Los Estados Unidos, como superpotencia política, económica, tecnológica y militar, tienen una responsabilidad histórica particular respecto a la paz, la libertad y el bienestar de la humanidad en nuestro mundo globalizado. Son una democracia edificada sobre los derechos humanos fundamentales. Su papel especial también en la contención de regímenes peligrosos y dictaduras que han sido y serán un peligro mortal para el mundo entero es innegable. El derecho de gentes, desarrollado por la Escuela de Salamanca en el espíritu de santo Tomás de Aquino sobre la base de la ley moral natural, no sirve para proteger a tiranos y conquistadores, sino a los pueblos. Los crímenes brutales contra el propio pueblo y contra los demás pueblos deben ser combatidos, según las circunstancias, también con sanciones económicas y medios militares. La política de apaciguamiento frente a Hitler se reveló como una catástrofe y se pagó amargamente en la Segunda Guerra Mundial. El Papa Francisco advirtió de una Tercera Guerra Mundial que llega a plazos y que terminaría en una explosión del mundo entero.
El régimen iraní debe ser señalado en todo el mundo como un abuso de la religión, que es adoración de Dios y que, en cualquiera de sus formas, jamás debe ser instrumentalizada para justificar el asesinato de inocentes. Merece la pena releer el discurso de Ratisbona del Papa Benedicto XVI (2006) y también Gaudium et spes 77-90. La destrucción del material bélico de Estados dictatoriales y, sobre todo, de su capacidad de emplear armas nucleares no es moralmente ilegítima y puede ser un imperativo histórico. Aquí se plantea siempre el dilema de que quienes actúan política y militarmente se hacen también culpables, porque por naturaleza no existen guerras limpias, especialmente cuando se han agotado todos los medios pacíficos de negociación. ¿Quién osaría negar a los ucranianos el derecho a defenderse, aun cuando deban recurrir a los mismos medios que sus enemigos mortales? ¡Un dilema moral casi irresoluble!
En el caso concreto, sin embargo, hay que decir con claridad que nadie tiene derecho a criticar al Papa cuando cumple fielmente la misión que ha recibido de Cristo: dar testimonio del Evangelio de la paz. El mensaje de Cristo está por encima de los intereses de la política, y Dios es nuestro juez. Y ningún mortal puede arrogarse el derecho de instrumentalizar el nombre de Dios en favor de sus intereses. Tampoco un fin bueno justifica los medios malos. Solo podemos trabajar y orar por la paz, pero no a cualquier precio, sino por una paz justa, también para el pueblo iraní, para que sea liberado de un régimen de terror. Y tampoco el derecho a la existencia de Israel debe ser jamás puesto en cuestión. Pero confiamos en que ya no sean necesarios medios bélicos, porque todos los vecinos de Oriente Medio quieran convivir pacíficamente entre sí. El Papa León XIV comenzó su servicio apostólico con el saludo bíblico a todos los hombres de buena voluntad con las palabras: ¡La paz esté con vosotros!






