(Corrigeda/InfoCatólica) El 14 de abril se cumplieron cuarenta años de la muerte de Simone de Beauvoir (1908-1986), icono del feminismo contemporáneo y figura central del existencialismo francés. Venerada en las ciencias sociales y en amplios sectores políticos como pionera de la emancipación femenina, su obra sigue marcando el debate público sobre la maternidad, el aborto y la autonomía corporal. Sin embargo, una lectura detenida de sus textos revela una hostilidad radical hacia la maternidad y una concepción del ser humano que subordina la dignidad de la vida no nacida a la voluntad individual.
A raíz de este aniversario, el escritor y filósofo Thorsten Paprotny, autor de cinco volúmenes sobre historia de la filosofía y de la obra Theologisch denken mit Benedikt XVI., publica en el medio alemán Corrigenda un análisis en el que examina las dimensiones más perturbadoras del pensamiento beauvoiriano.
La maternidad como «trampa»
En una entrevista de 1976 con la activista alemana Alice Schwarzer, De Beauvoir afirmaba no estar en contra de la maternidad, pero la calificaba como una «trampa peligrosa». «Por eso aconsejaría a una mujer joven que no fuera madre», declaraba la filósofa, que describía la relación materno-filial como una «terrible mistificación»: «Cuando la gente le da tanta importancia a la familia y a los hijos es porque vive en una soledad tremenda. No tiene amor, ni ternura, ni amigos, ni a nadie. Está sola. Así que tiene hijos para tener a alguien. Y eso es espantoso».
Paprotny señala que esta visión niega toda dimensión de amor materno y reduce al hijo a un instrumento contra la soledad, un «tapón de emergencia» llamado a llenar un vacío existencial. Preguntada en aquella misma entrevista sobre si lamentaba no haber tenido descendencia, De Beauvoir respondía con ironía: «¡Oh, no! ¡Me felicito cada día por ello! Cuando veo a las abuelas que, en lugar de tener por fin un poco de tiempo para sí mismas, tienen que cuidar niños pequeños…».
El feto como «parásito»
El análisis se detiene en Le Deuxième Sexe (1949), la obra capital de De Beauvoir, donde la filósofa escribe sobre la mujer embarazada en términos crudamente materialistas: «Teme también dar a luz un ser débil, un monstruo, porque conoce la horrible contingencia del cuerpo, y ese embrión que habita en ella no es más que carne». El feto es descrito explícitamente como «un parásito que vive a sus expensas».
Paprotny argumenta que el concepto radical de autonomía compartido por De Beauvoir y su compañero, Jean-Paul Sartre, permite disponer arbitrariamente de la dignidad humana: la madre identifica al hijo no nacido como un obstáculo para su proyecto vital y se arroga el derecho a eliminarlo. La libertad queda así equiparada a la autorrealización incondicionada, donde resultan dignos de protección los planes de carrera o los viajes, pero no la vida humana.
Del «Manifiesto de las 343» a la Constitución francesa
De Beauvoir fue una de las firmantes del célebre «Manifiesto de las 343», publicado el 5 de abril de 1971 en Le Nouvel Observateur, en el que 343 mujeres francesas, entre ellas la escritora Françoise Sagan y la actriz Jeanne Moreau, declaraban públicamente: «Yo he abortado». Todas exigían el acceso libre al aborto. Apenas un mes después, el 6 de junio de 1971, la revista alemana Stern replicó la iniciativa bajo el lema «Nosotras hemos abortado», impulsada por Alice Schwarzer, con la participación de la actriz Senta Berger, entre otras.
Paprotny recuerda que, en aquella época, los obispos católicos alemanes se oponían enérgicamente a la legalización del aborto. El arzobispo de Colonia, el Cardenal Joseph Höffner, declaró en una carta pastoral de febrero de 1972: «Los diputados que no estén dispuestos a garantizar la inviolabilidad de la vida humana, también la del niño no nacido, no son elegibles para un cristiano creyente».
El articulista constata que el legado ideológico de De Beauvoir ha triunfado en Francia, donde el acceso al aborto quedó consagrado como derecho constitucional el 4 de marzo de 2024. En aquella jornada, manifestantes exhibieron en la plaza del Trocadero de París el lema «Mon corps, mon choix» («Mi cuerpo, mi elección»), expresión que Paprotny vincula al concepto de «biopolítica» de Michel Foucault: el acceso irrestricto a las condiciones biológicas del propio cuerpo como acto legítimo de autodeterminación.
El episodio de la carta en defensa de pederastas
El artículo recuerda también un episodio menos conocido: el 26 de enero de 1977, De Beauvoir firmó junto a Sartre, André Glucksmann, Louis Aragon y futuros ministros franceses como Bernard Kouchner una carta abierta publicada en Le Monde en la que pedían la liberación de tres pederastas condenados y sostenían que las menores de trece años tenían capacidad para consentir relaciones sexuales con adultos.
Paprotny concluye que pensadores influyentes como De Beauvoir merecen una lectura mucho más crítica de la que han recibido hasta ahora, para comprender «las dimensiones del horror hostil a la vida que se ha infiltrado en la historia intelectual de Occidente».






