(InfoCatólica) El Papa León XIV ha dedicado la audiencia general de este miércoles, 25 de marzo, a la dimensión jerárquica de la Iglesia, con un mensaje de fondo que apunta directamente al corazón de algunos debates actuales sobre la naturaleza del ministerio ordenado: la jerarquía eclesial no es una construcción organizativa de origen humano, y el sacerdocio ministerial no es simplemente una versión más intensa del sacerdocio bautismal común a todos los fieles, sino que difiere de él «esencialmente y no solo de grado».
Una lectura del Concilio en sus propias fuentes que deja con el paso cambiado tanto a los documentos que están emanando del Sínodo de la Sinodalidad como del Camino Sinodal alemán, que para llevar sus propuestas a cabo tienden a diluir la concepción sacramental del sacerdocio.
La jerarquía, institución divina, no invento humano
Ante los miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, el Obispo de Roma continuó su serie de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, centrándose esta vez en el capítulo III de la Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, aprobada el 21 de noviembre de 1964, y dedicado a «la constitución jerárquica de la Iglesia y en particular del episcopado».
El Pontífice fue taxativo al rechazar cualquier lectura meramente sociológica o funcional de la estructura eclesial: «El Concilio enseña que la estructura jerárquica no es una construcción humana que sirve para la organización interna de la Iglesia como cuerpo social, sino que es una institución divina que tiene como finalidad perpetuar hasta el final de los tiempos la misión que Cristo dio a los apóstoles». La distinción tiene consecuencias de largo alcance: si la jerarquía fuera solo un mecanismo organizativo, cabría reformarla a discreción; al ser de institución divina, su estructura esencial está fuera del alcance de la voluntad humana.
El sacerdocio ministerial, esencialmente distinto
El segundo eje de la catequesis fue la naturaleza propia del sacerdocio ministerial. El Papa subrayó que la Lumen gentium distingue con nitidez entre el sacerdocio común de los fieles, derivado del bautismo, y el sacerdocio ministerial o jerárquico, transmitido mediante el sacramento del Orden: ambos «participan a su manera del único sacerdocio de Cristo», pero se ordenan el uno al otro desde una diferencia que el Concilio califica de esencial, no meramente cuantitativa o de grado.
León XIV recordó que el documento conciliar se detiene en tres grados del único sacramento del Orden: el episcopado, el presbiterado y el diaconado. Los obispos, investidos de sacra potestas, reciben con sus colaboradores, los presbíteros y los diáconos, la misión de servir a todos los miembros del Pueblo de Dios «para que, tendiendo libre y ordenadamente a un mismo fin, alcancen la salvación».
El ministerio como servicio, no como poder
Sin abandonar el rigor doctrinal, el Papa introdujo una clave interpretativa que recorre toda la catequesis: el ministerio jerárquico es, en su raíz, servicio. La Lumen gentium lo expresa acudiendo al término griego que la Escritura emplea para describir esa función: diakonía, ministerio. «El encargo que el Señor confió a los pastores de su pueblo es un verdadero servicio», recalcó el Pontífice, citando el número 24 del documento conciliar.
Para iluminar esta tensión entre autoridad y servicio, León XIV recuperó una definición de San Pablo VI, quien presentó la jerarquía como una realidad «nacida de la caridad de Cristo para realizar, difundir y garantizar la transmisión intacta y fecunda del tesoro de fe, del ejemplo, de preceptos, de carismas, dejado por Cristo a su Iglesia».
Los apóstoles, columnas del Cuerpo místico
El Papa sitúa el fundamento de toda esta estructura en los apóstoles, a quienes Cristo quiso como «columnas vivas de su Cuerpo místico». Son, en su doble condición, testigos autorizados de la resurrección y enviados en misión al mundo; y son, al mismo tiempo, el origen de la sagrada jerarquía. León XIV citó el decreto conciliar Ad gentes para precisar que la dimensión jerárquica no es un añadido posterior al Pueblo de Dios: «Los apóstoles fueron los gérmenes del nuevo Israel y, al mismo tiempo, origen de la sagrada jerarquía».
La sucesión apostólica es, por tanto, el mecanismo mediante el cual ese ministerio fundacional se prolonga en la historia: los obispos, sucesores de los apóstoles, continúan santificando, guiando e instruyendo a la Iglesia hasta el regreso de Cristo.
La catequesis concluyó con una petición que el Papa dirigió a los presentes antes de saludar a los distintos grupos de peregrinos: «Pidamos al Señor que mande a su Iglesia ministros ardientes en la caridad evangélica, entregados al bien de todos los bautizados y misioneros valientes en todos los lugares del mundo».








