La adhesión gradual al Concilio no es una opción: el cardenal Müller sobre el conflicto con la Fraternidad San Pío X
Entrevista con el Cardenal Müller para La Sacristía de La Vendée en 2025

«No existe ruptura con la Tradición; vuelvan a la comunión con Pedro»

La adhesión gradual al Concilio no es una opción: el cardenal Müller sobre el conflicto con la Fraternidad San Pío X

En una extensa entrevista a la revista Communio, el antiguo Prefecto de la Doctrina de la Fe responde a las objeciones lefebvristas al Concilio e insta a la Fraternidad a confiar en el Papa León XIV para alcanzar una solución «dogmáticamente sólida».

(InfoCatólica) El Cardenal Gerhard Ludwig Müller, antiguo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha rechazado de forma tajante la tesis de que el Concilio Vaticano II supuso una ruptura con la doctrina católica anterior y ha advertido de que las consagraciones episcopales anunciadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) carecen de toda justificación ante Dios y ante los hombres. En una amplia entrevista concedida a la revista teológica Communio, Müller aborda el conflicto abierto con los lefebvristas desde su experiencia directa en las negociaciones doctrinales y lanza una severa advertencia canónica y espiritual a los responsables de la Fraternidad.

Zaitzkofen: ordenaciones sin permiso en territorio diocesano

El Cardenal Müller conoce el problema de primera mano. Como Obispo de Ratisbona entre 2002 y 2012, tuvo que lidiar con las ordenaciones ilícitas de diáconos y sacerdotes celebradas en el Seminario Internacional del Sagrado Corazón de Zaitzkofen, situado dentro de los límites de su diócesis. La tensión se agudizó en 2009, cuando tras el levantamiento de la excomunión de los cuatro obispos consagrados ilícitamente por el Arzobispo Marcel Lefebvre, salió a la luz la negación del Holocausto por parte de uno de ellos, el Obispo Richard Williamson. Müller tuvo que declarar públicamente que la FSSPX no podía hablar en nombre de la Iglesia católica, al encontrarse en una situación cismática. La propia Fraternidad acabó separándose posteriormente de Williamson, pero las ordenaciones ilícitas continuaron celebrándose en Zaitzkofen, llegando incluso a programarse el mismo día que las ordenaciones en la catedral de Ratisbona, a solo 25 kilómetros de distancia, lo que, según Müller, proporcionó a los medios críticos con la Iglesia una ocasión para regodearse con la aparente desunión católica.

El verdadero problema: no la liturgia, sino la doctrina

Según explica Müller en la entrevista, el núcleo del conflicto con la FSSPX no reside en la forma litúrgica, sino en la doctrina de la fe. Los lefebvristas atribuyen a determinadas formulaciones del Vaticano II interpretaciones dudosas, en particular respecto a la relación con el islam, el ecumenismo con los cristianos no católicos y la libertad religiosa. El Cardenal sostiene que estas objeciones solo tendrían fundamento si el Concilio hubiera enseñado realmente lo que la FSSPX le imputa, cosa que, a su juicio, no ocurrió.

Sobre el diálogo interreligioso, Müller recuerda la doctrina clásica según la cual la razón humana es capaz de reconocer la existencia y la unidad de Dios, mientras que los misterios de la Trinidad y la Encarnación solo se revelan en la fe sobrenatural, citando a Santo Tomás de Aquino y la constitución dogmática Dei Filius del Concilio Vaticano I. Respecto a la libertad religiosa, señala que ya el Obispo Wilhelm von Ketteler, durante el Kulturkampf, presentó la libertad religiosa en los mismos términos que la declaración conciliar Dignitatis humanae: como el derecho natural de toda persona a defenderse de las intrusiones del Estado en su conciencia.

En cuanto al ecumenismo, el Cardenal afirma con rotundidad que el Concilio no puso en entredicho la necesidad salvífica de la Iglesia católica ni su plena identidad con la Iglesia de los Apóstoles. «Si se leen las afirmaciones del Vaticano II cuestionadas por los lefebvristas en el horizonte de toda la Tradición de la Iglesia, queda excluida una interpretación relativista», sostiene.

La generosidad desaprovechada de Benedicto XVI

Müller lamenta que la FSSPX no correspondiera a la generosidad de Benedicto XVI, quien en 2007 con el motu proprio Summorum Pontificum y en 2009 con el levantamiento de la excomunión se expuso incluso a campañas de difamación por parte de sectores opuestos. Se les concedió la celebración de los sacramentos en la forma litúrgica antigua, algo legítimo y con precedentes históricos en reunificaciones de iglesias separadas con Roma. Sin embargo, en las cuestiones doctrinales, el antiguo Prefecto considera que los argumentos de la Fraternidad eran pretextos para no someterse plenamente a la autoridad del Papa, autoridad que, paradójicamente, deben reconocer en virtud del primado de jurisdicción y enseñanza definido por el Vaticano I si su pretensión de ser «más católicos que Roma» ha de tener algún sentido.

El rechazo del preámbulo doctrinal

La Fraternidad San Pío X rechazó firmar el preámbulo doctrinal que le fue presentado como condición para alcanzar un acuerdo. Según Müller, la FSSPX mantuvo sus objeciones contra la libertad religiosa, el ecumenismo y la relación con otras religiones, y exigió a la Iglesia que reconociera que el Concilio había propuesto enseñanzas falsas y ambiguas, y que la suprema autoridad doctrinal se había equivocado en materia de fe y costumbres. «Admitir esto no solo sería falso en su contenido, sino la autodestrucción hermenéutica de la "Iglesia como columna y fundamento de la verdad" (1 Tim 3,15)», afirma el Cardenal.

Müller evoca a grandes figuras que superaron las crisis de la Iglesia desde dentro, como San Atanasio, San Agustín, San Bernardo de Claraval, Santa Catalina de Siena, San Roberto Belarmino, John Henry Newman, Hans Urs von Balthasar y Joseph Ratzinger, y no mediante «la retirada al rincón de los enfurruñados de una "Iglesia de los puros"».

Las medidas pastorales de Francisco

El Cardenal también se pronuncia sobre la estrategia pastoral del Papa Francisco, quien en 2015 concedió a los clérigos de la FSSPX licencia para administrar el sacramento de la confesión y en 2017 pidió a los obispos que les confiaran también la asistencia matrimonial. Müller aclara que estas licencias estaban pensadas para atender la situación de conciencia de fieles individuales, no para salvar la distancia doctrinal de la Fraternidad con la Iglesia: «Cuando las cuestiones de fondo no están resueltas, tampoco una concesión en el plano personal y amistoso saca del atolladero».

La amenaza de consagraciones episcopales y la advertencia de excomunión

El punto más candente de la entrevista se refiere al anuncio del Superior General de la FSSPX, Davide Pagliarani, de consagrar obispos el 1 de julio, si fuera necesario sin mandato pontificio. Esta decisión provocó una reacción inmediata de la Curia romana: el Cardenal Víctor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ofreció retomar las conversaciones sobre las diferencias doctrinales y abordar los distintos grados de vinculación de los documentos conciliares, a condición de que se suspendieran las consagraciones. La oferta fue rechazada con rapidez por el Consejo General de la Fraternidad.

Müller califica de «algo problemática» la propuesta de una adhesión gradual al Concilio, precisando que solo puede entenderse en el sentido de la doctrina clásica de los grados de certeza teológica, y nunca como que un individuo o grupo seleccione a su arbitrio qué aceptar y qué rechazar.

La advertencia del Cardenal es severa: «La excomunión por este grave delito contra la unidad de la Iglesia visible significa, en cuanto pecado mortal, también la exclusión de la vida de gracia, de la comunión con Dios y de la esperanza de la vida eterna. Ojalá el Superior de la Fraternidad San Pío X y el círculo de sus corresponsables sean conscientes de esta conexión». Müller subraya que la FSSPX no puede invocar un estado de necesidad, porque ninguno de sus fieles se ve privado de los sacramentos necesarios para la salvación (bautismo y penitencia), y que la pervivencia de una comunidad sacerdotal particular no constituye necesidad alguna, pues Cristo prometió la permanencia hasta el fin de los tiempos únicamente a la Iglesia universal, edificada sobre la roca de Pedro.

«Con el Papa León XIV se encontrará una solución»

Pese a la dureza de sus advertencias, el Cardenal Müller se dirige a los lefebvristas con un tono que él mismo califica de «personal y fraterno», instándoles a abandonar el camino del distanciamiento y el aislamiento entre afines, y a confiarse a las disposiciones del sucesor de Pedro. «Con el Papa León XIV se encontrará con seguridad una solución buena y justa, pero también dogmáticamente sólida», afirma.

La legitimidad del Concilio no admite rebajas

En el tramo final de la entrevista, Müller rechaza las voces que caracterizan al Vaticano II como un mero «concilio pastoral» sin definiciones dogmáticas, sugiriendo que, en aras de la paz, podría dispensarse a la FSSPX de aceptar documentos como Nostra aetate o Dignitatis humanae. El Cardenal responde que un Concilio Ecuménico es la máxima autoridad en la Iglesia católica en materia de fe y disciplina, y que la doctrina de la fe no es un edificio teórico separado de la pastoral. Precisa que Nostra aetate, aunque sea una declaración por su género literario, contiene afirmaciones vinculantes como un dogma cuando establece, por ejemplo, que todos los pueblos forman una única comunidad con su origen y destino en Dios.

«La unidad de la Iglesia no puede comprarse al precio de la verdad con mera habilidad diplomática», sentencia Müller, añadiendo que la Iglesia no puede dejarse imponer ni arrancar la interpretación errónea del Vaticano II con la que la FSSPX pretende justificar su desobediencia al sucesor de Pedro. El Cardenal cierra con una cita de San Agustín: «Quien no ama la unidad de la Iglesia no posee el Espíritu Santo. Por esta razón se dice con razón: solo en la Iglesia católica se recibe el Espíritu Santo».

10 comentarios

Obelix
Muchas gracias, cardenal Müller por su claridad y precisión teológica. Ilumina especialmente si afirmación: el problema no es litúrgico sino doctrinal.
Cada día más los lefebrianos recuerdan a los viejos donatistas.
25/03/26 9:48 AM
Damaso
Este Muller se encuentra entre la Tradición y el modernismo justo en el medio.
25/03/26 9:57 AM
José María
Vuelvan ustedes a la Fe de la Iglesia. ¿Comunión con Pedro? ¿Qué Pedro, el que niega tres veces a Nuestro Señor Jesucristo o el que llora amargamente arrepentido, confiesa a Cristo y guarda las palabras de vida eterna y apacienta las ovejas? De lo de la Pachamama mejor no hablamos. Vaya tela. No cuela.
25/03/26 10:08 AM
Lector
Non possumus.
25/03/26 10:16 AM
jacta est
Peor que los de la FSSPX son aquellos comentaristas que yendo de ordodoxos minan la zona de comentarios de sospechas contra documentos conciliares o canonizaciones de Papas recientes

Entérense!!

El CVII no es rupturista y quien no lo acepta no tiene el E Santo!!

Es de una soberbia diavólica querer barrer el Concilio por unas supuestas frases que pudiesen requerir una explicacion o matizacion posterior.
25/03/26 10:26 AM
JUAN NADIE
Para mi el Cardenal Muller es una figura honesta y digna de respeto en la Iglesia a pesar de algunos años jacarandosos que tuvo mas joven. Creo que trata de unir y de poner aceite en las heridas. Sin embargo, creo que su buena voluntad se queda muy escasa para curar el cancer con aspririnas. Y no lo digo por los Lefebrianos, sino por Leon. Leon tiene la autoridad formal, pero no ha derogado la Amoris ni la Fiducia, claramente hereticas, ¿porque no expone tambien esto Muller?? Como puede un Papa en activo que admite y por tanto promueve esas herejías hablar o sugerir, a traves del fiducio Tucho, que los Lefebrianos cometen Cisma, es que es de risa si no fuese tragico.
Tengo un palpito. Un cura que se arrodilla en un aquelarre de la Pachamama, es alguien con unos fundamentos teológicos inexistentes. Igual es que Leon no da mas de si, intelectualmente o por conocimiento, y no tiene capacidad de entender la situación de los Lefebrianos o tantas otras cosas. Eso explicaría ciertas cosas aparentemente inexplicables.
25/03/26 10:48 AM
José Herrera
El Concilio Vaticano II fue pastoral por su método, lenguaje y estilo literario de presentar sus contenidos, no porque no fuera dogmático en un sentido doctrinal. No fue dogmático en el sentido de definir dogmas o condenar errores teológicos, como lo fueron concilios anteriores. Hay tradicionalistas que, basándose en la pastoralidad del concilio entendida a su manera, restan valor doctrinal a su contenido para rechazarlo en mayor o menor medida.

Por su parte, hay católicos progresistas que recurren al llamado “espíritu del concilio” para referirse a un ánimo conciliar que transciende la letra de los textos, para ir más allá del contenido de los documentos en sus propuestas de renovación. “Concilio pastoral” y “espíritu del concilio” son dos estrategias para interpretar el Concilio Vaticano II a conveniencia.
25/03/26 10:56 AM
Dámaso
Yo me pregunto que tiene que ver el catolicismo de ahora con el de antes del concilio,los curas de ahora con los de antes,la misa de ahora con la otra,la teología actual con la tomista,el arte sacro,la música sacra , la arquitectura,la predicación,la doctrina católica,la moral católica,el culto a los santos,a las animas,como se viven los sacramentos.Pero si nada es lo que era.
25/03/26 11:50 AM
EL MUDO
Ortega y Gasset, estos dos pensadores españoles, muy coincidentes en sus planteamientos, decían que los problemas habían de ser atacados como Jericó, dando vueltas alrededor en círculos concéntricos, empezando por el exterior e ir cerrando el círculo hasta su resolución. Pués bien, como diría Ortega, que era muy taurino y, Gasset que iba siempre con él a los toros, en la Iglesia actual se han quedado permanentemente en la vuelta al ruedo como si hubiesen o hubieran cortado las dos orejas y el rabo. Al toro hay que cogerlo por los cuernos. Cuelan el mosquito y se tragan el camello.
25/03/26 11:58 AM
Santiago Ll
Totalmente de acuerdo con Dámaso
25/03/26 12:24 PM

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