El Obispo de Oslo pide a los fieles que le escriban sobre los obstáculos que encuentran para confesarse
Mons. Hansen | © Obispado de Oslo

El camino a la confesión debe ser corto y sin obstáculos

El Obispo de Oslo pide a los fieles que le escriban sobre los obstáculos que encuentran para confesarse

El Obispo de Oslo, Fredrik Hansen, publica una carta pastoral en la que exhorta a confesarse al menos tres veces al año. Su obispo pide propuestas concretas al Consejo Presbiteral y se ofrece a acompañar personalmente a los fieles que encuentren obstáculos para acudir al sacramento.

(InfoCatólica) Una carta pastoral del obispo a la grey encomendada sobre ¿el clima o los residuos? No. Sobre la confesión. Es noticia que sea noticia que para un pastor la primera preocupación sea la salvación de las almas. Además, con consejos prácticos y mucho conocimiento de las situaciones personales. Tanto que llama la atención la solicitud y la disponibilidad al final:

¡Queridos fieles! A muchos les resulta difícil acudir a la confesión. Quizás ha pasado mucho tiempo desde la última vez. Quizás sintamos inseguridad sobre qué decir, cómo expresarlo y cuál será la reacción del sacerdote. Quizás no recordemos cómo comenzar o cómo se desarrolla el rito. Quizás carguemos con pecados que nos resultan tan abrumadores o que nos parecen tan imperdonables, que el camino hacia el confesionario se nos antoja una cuesta interminable. Como vuestro obispo, me siento en la obligación de ayudar a aquellos fieles que, por estas u otras razones, dudan en acercarse a la confesión. Por eso, os pido que me escribáis contándome qué os dificulta acudir a la confesión, para que juntos podamos hacer del sacramento de la penitencia una realidad viva en el día a día de todos los creyentes.

Fredrik Hansen, Obispo de Oslo, en la carta pastoral dirigida a los fieles de la Diócesis de Oslo sobre el sacramento de la penitencia, exhorta a todos los católicos a acudir a la confesión al menos tres veces al año.

La carta, fechada en la Catedral de San Olav de Oslo el quinto domingo de Cuaresma de 2026, se enmarca en la exhortación penitencial que el prelado noruego ya había iniciado en su mensaje cuaresmal de febrero, donde instó a los fieles a confesarse durante los cuarenta días de preparación a la Pascua.

Sus cartas son sencillas, directas, casi personales y muy prácticas, como la que escribió al inicio de la Cuaresma recordando los elementos básicos, cuando comienza, cuándo termina, que se puede hacer, … Más de una Conferencia episcopal y/o obispo podría tomar ejemplo. De lo que pueden estar seguro es que, al menos, se leerían.

Doctrina sobre el sacramento

El Obispo Hansen dedica la primera parte de su carta a exponer los fundamentos doctrinales de la confesión. Recuerda que los siete sacramentos «fueron instituidos por Nuestro Señor Jesucristo» y que, por tanto, «de ningún modo son obra del azar», sino que «son queridos por Dios y brotan de la obra salvífica de Jesús». Los sacramentos, señala citando el Concilio Vaticano II, están ordenados «a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios».

Sobre el sacramento de la penitencia en particular, la carta subraya que en él se recibe «el perdón por la ofensa, es decir, el pecado, que hemos cometido», y lo sitúa dentro de la categoría de medios de gracia y medios de salvación.

El pecado y la misericordia

La carta pastoral aborda también la naturaleza del pecado y sus efectos. Recuerda que el pecado se comete «de pensamiento, palabra, obra y omisión» y que todo pecado hiere la relación del hombre con Dios, con la Iglesia y con el prójimo. Hansen distingue entre pecados graves o mortales, que «rompen definitivamente estos vínculos», y pecados veniales, que los debilitan sin llegar a quebrarlos. Evocando la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11-32) y las palabras de San Pablo («el salario del pecado es la muerte», Rm 6,23), el Obispo advierte de que el pecado «es mucho más destructivo en nuestras vidas de lo que a menudo imaginamos».

Sin embargo, la carta insiste en que «el pecado no tiene la última palabra» y que la confesión es el camino por el que Dios, en su misericordia, «restaura la vida divina en nuestro interior y nos devuelve a la amistad con Él y a la comunión con la Iglesia». El texto se apoya en la primera carta de San Juan: «Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia» (1 Jn 1,9).

Tres confesiones al año como mínimo

En el plano práctico, Hansen exhorta a los fieles a no retrasar el camino hacia el confesionario y recuerda que quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave debe abstenerse de recibir la Sagrada Comunión, conforme al canon 916 del Código de Derecho Canónico.

El Obispo establece una pauta concreta: confesarse al menos tres veces al año, en Cuaresma, en verano antes de la festividad de San Olav (Olsok) y en el tiempo de Adviento. Para prepararse adecuadamente, recomienda retirarse en silencio y oración, hacer un examen de conciencia profundo y utilizar como ayuda los Diez Mandamientos u otros textos bíblicos.

Una invitación personal a los fieles

La parte más llamativa de la carta es la invitación directa que Hansen dirige a quienes encuentran dificultades para acercarse al sacramento. El Obispo reconoce que a muchos fieles les resulta difícil confesarse, ya sea por el tiempo transcurrido desde la última vez, por inseguridad sobre qué decir, por no recordar el rito o por cargar con pecados que les parecen imperdonables. «Como vuestro obispo, me siento en la obligación de ayudar a aquellos fieles que, por estas u otras razones, dudan en acercarse a la confesión», escribe, y les pide que le escriban personalmente para poder «hacer del sacramento de la penitencia una realidad viva en el día a día de todos los creyentes».

Exhortación a los sacerdotes

Hansen se dirige también a los sacerdotes de su diócesis. Les pide que prediquen con el ejemplo confesándose regular y fielmente, y que hagan la confesión «aún más accesible, más fácil de solicitar» y que ofrezca «mayor confianza». Anuncia además que pedirá al Consejo Presbiteral que formule propuestas concretas sobre cómo fortalecer la práctica de la confesión en la Iglesia local de Noruega durante los próximos meses y años.

La carta concluye con una referencia a la proximidad de la Semana Santa y a los misterios pascuales, de los que, según escribe el Obispo, «irradia la victoria sobre la muerte y sobre el pecado».

Texto traducido de la Carta

CARTA PASTORAL DEL OBISPO FREDRIK HANSEN

A LOS FIELES DE LA DIÓCESIS CATÓLICA DE OSLO

SOBRE EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

¡Alabado sea Jesucristo! ¡Alabado sea su Santo Nombre!

1. En el mensaje de Cuaresma de este año [1], exhorté encarecidamente a todos los fieles a acudir al sacramento de la confesión durante estos cuarenta días santos. Para consolidar aún más la importancia de la confesión en nuestra Iglesia local, deseo en esta carta pastoral exponer algunos puntos fundamentales sobre este sacramento, el pecado y la misericordia de Dios, así como ofrecer algunos consejos concretos.

La confesión en la doctrina de la Iglesia

2. Los sacramentos forman parte de la vida litúrgica de la Iglesia y están ordenados «a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios» [2]. Los siete sacramentos --Bautismo,

Confirmación, Eucaristía, Unción de los enfermos, Penitencia, Orden sacerdotal y Matrimonio-- fueron instituidos por Nuestro Señor Jesucristo [3] y, por lo tanto, de ningún modo son obra del azar. Los sacramentos son queridos por Dios y brotan de la obra salvífica de Jesús.

3. Además, los sacramentos son «signos eficaces... perceptibles a los sentidos»[4]. Son realidades concretas, tangibles y visibles. Al mismo tiempo que se celebran los sacramentos, recibimos la gracia a través de ellos. La gracia es el don de Dios para nosotros, los seres humanos [5], un don que nos sostiene en nuestro «camino hacia la santidad» [6]. Por ello, a los sacramentos se les llama con razón medios de gracia y medios de salvación. En el sacramento de la penitencia recibimos el perdón por la ofensa, es decir, el pecado, que hemos cometido [7].

El pecado y la misericordia de Dios

4. Para comprender este perdón debemos reconocer qué es el pecado y los efectos que causa en nosotros. En cada Misa confesamos que el pecado se comete de «pensamiento, palabra, obra y omisión» [8], yendo en contra de la ley de Dios. Al pecar, pretendemos usurpar el lugar de Dios y erigirnos en jueces del bien y del mal, tal como hicieron Adán y Eva en el jardín del Edén [9].

5. Todo pecado hiere nuestra relación y nuestro vínculo con Dios, con la Iglesia y con nuestros semejantes. Los pecados graves [10], también conocidos como pecados mortales, rompen definitivamente estos vínculos. Los pecados veniales no rompen los vínculos, pero sí los debilitan [11]. Si quebramos nuestros vínculos con Dios, con la Iglesia y con nuestro prójimo, nos quedamos solos, al igual que el hijo pródigo en la parábola de Jesús [12]. San Pablo lo expresa con toda claridad: «Pues el salario del pecado es la muerte» [13]. El pecado es, por consiguiente, mucho más destructivo en nuestras vidas de lo que a menudo imaginamos.

6. Iluminados por las poderosas palabras de Jesús, vivimos, sin embargo, con la esperanza de que el pecado no tiene la última palabra en nuestra vida. En la confesión, Dios, en su misericordia, nos perdona, restaura la vida divina en nuestro interior y nos devuelve a la amistad con Él y a la comunión con la Iglesia. Como leemos en la primera carta de San Juan: «Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es El para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia» [14].

7. Por lo tanto, no acudimos a la confesión para inquietarnos por nuestras caídas, sino para salir al encuentro de la inescrutable misericordia de Dios y recibir su perdón y su paz. Porque si hay algo que nuestra fe proclama con total claridad, es que Dios es rico en misericordia y se regocija por cada pecador que se convierte. El libro de los Salmos señala: «Pues lo que la altura del cielo sobre la tierra así es de grande Su amor para los que le temen» [15]; y San Lucas relata que cuando el hijo perdido y arrepentido se reconcilió con su padre, «y comenzaron la fiesta» [16].

Acudir a la confesión

8. El camino hacia el confesionario debe ser, por tanto, corto y libre de obstáculos. Es un camino que debemos recorrer con regularidad, y hacia el cual debemos correr presurosos cada vez que hayamos cometido un pecado grave. Si permanecemos en el pecado, privados del estado de gracia, nos quedamos solos. Eso frecuentemente conduce a cometer más pecados. Por el contrario, la conciencia del pecado debe despertar en nosotros el celo por confesar nuestras faltas y recibir el perdón divino. La Iglesia prescribe --y conviene recordarlo aquí-- que quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave debe abstenerse de recibir la Sagrada Comunión [17].

9. Todo fiel debe acudir a la confesión de manera habitual. Así no educamos para examinar nuestra vida en busca de pecados veniales, para comprender cada vez más íntimamente la ley de Dios y para buscar con fervor la santidad a la que el Señor nos llama: «Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» [18]. Un buen hábito penitencial implica confesarse más de una vez al año. Por ello, me permito exhortar a todos los fieles a confesarse al menos tres veces al año: en Cuaresma, en verano antes de la festividad de San Olav (Olsok), y en el tiempo de Adviento.

10. Es fundamental prepararse adecuadamente para la confesión y cumplir así con las exigencias del sacramento: que nos arrepintamos sinceramente de nuestros pecados, los confesemos con humildad y cumplamos fielmente la penitencia impuesta [19]. Esto comienza retirándonos en silencio y oración para hacer un profundo examen de nuestra vida, identificando así los pecados que debemos confesar y lo que presentaremos concretamente en el confesionario. Como ayuda para este autoexamen, se recomienda utilizar una guía para el examen de conciencia, repasar los Diez Mandamientos u otros textos bíblicos clave.

Unas palabras a los fieles y a los sacerdotes

11. ¡Queridos fieles! A muchos les resulta difícil acudir a la confesión. Quizás ha pasado mucho tiempo desde la última vez. Quizás sintamos inseguridad sobre qué decir, cómo expresarlo y cuál será la reacción del sacerdote. Quizás no recordemos cómo comenzar o cómo se desarrolla el rito. Quizás carguemos con pecados que nos resultan tan abrumadores o que nos parecen tan imperdonables, que el camino hacia el confesionario se nos antoja una cuesta interminable. Como vuestro obispo, me siento en la obligación de ayudar a aquellos fieles que, por estas u otras razones, dudan en acercarse a la confesión. Por eso, os pido que me escribáis contándome qué os dificulta acudir a la confesión, para que juntos podamos hacer del sacramento de la penitencia una realidad viva en el día a día de todos los creyentes.

12. ¡Queridos hermanos en el ministerio sacerdotal! Sabemos cuán inmenso es el sacramento de la confesión y la importancia vital que reviste tanto en nuestra propia vida como en la de los fieles. Por ello, os exhorto, y me exhorto a mí mismo, a predicar con el ejemplo acudiendo regular y fielmente a confesarnos. Hagamos, además, que la confesión sea aún más accesible, más fácil de solicitar, que ofrezca mayor confianza y se convierta, en un grado aún mayor, en un encuentro vivo con la infinita misericordia de Dios. Para seguir avanzando en este sentido, pediré al Consejo Presbiteral que formule propuestas concretas sobre cómo podemos fortalecer la confesión en nuestra Iglesia local durante los próximos meses y años.

13. Queda tan solo una semana para que subamos a Jerusalén junto a Nuestro Señor. De los misterios pascuales, y muy especialmente de la muerte de Jesús en el madero de la cruz por nuestros pecados, irradia la victoria sobre la muerte y sobre el pecado. Esta victoria se materializa en nosotros a través del sacramento de la penitencia. Que este nos sirva de ayuda cada vez mayor en nuestra vida como discípulos del Señor.

Dado en la Catedral de San Olav en Oslo,

5º domingo de Cuaresma de 2026
+Fredrik Hansen
Obispo de Oslo

 

Notas

[1] Obispo Fredrik Hansen, Mensaje de Cuaresma 2026 para la Diócesis Católica de Oslo, 14 de febrero de 2026.

[2] Concilio Vaticano II, Constitución sobre la sagrada liturgia, Sacrosanctum Concilium, 59. [3] Catecismo de la Iglesia Católica 1114. Véase también CONCILIO DE TRENTO, Introducción a la sesión séptima, 3 de marzo de 1547.

[4] Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica 224.

[5] Véase Ef 2, 6.

[6] Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica 231. [7] Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, 11.

[8] Misal Romano, Acto penitencial.

[9] Gn 3, 1-7.

[10] Catecismo de la Iglesia Católica 1855-1861.

[11] Catecismo de la Iglesia Católica 1862-1863. [12] Lc 15, 11-32 [13] Rm 6, 23.

[14] 1 Jn 1, 9.

[15] Sal 103, 11.

[16] Lc 15, 24b.

[17] Código de Derecho Canónico, can. 916.

[18] Mt 5, 48.

[19] Catecismo de la Iglesia Católica 1450-1460.

 

4 comentarios

anawim
Es una iniciativa muy buena, a mí no se me hubiera ocurrido. Recemos para que monseñor consiga que los fieles a su cargo se acerquen con más frecuencia a este sacramento y que le expongan sus dudas, sus miedos...
Yo creo que es como siempre pésima formación; los fieles no están formados, los siento mucho. Obispos y presbíteros deberían de hacer ellos el examen de conciencia: ¿cómo es que sus ovejitas son tan nulas? No leen, o leen poco. Bien, pues den ustedes buenos sermones que sustituyan su falta de lectura. A veces tengo la sensación de que los sermones son para mantener a los fieles contentos, que no abandonen el templo mientras el sacerdote está dando el sermón. Así no se forma. Hay que ser claros y concisos. Si no hay Infierno, ¿para qué nos confesamos?. Si todos vamos a ir al Cielo. ... El Infierno es cosa de viejas y del siglo pasado, porque Dios es muy bueno, y nos va a llevar a todos al Cielo, y entonces no hace falta confesarse, ni ir a Misa,... lo importante es el amor... Ojito: "lo importante es el amor" se lo he oído decir a personas en grupos parroquiales conversando sobre materia grave. Esto es muy fuerte. ¿Se dan cuenta cómo estamos? Personas muy metidas en la parroquia, de grupos además de teología, y piensan que en determinados pecados de materia grave, lo importante es el amor. Y no se lo he oído a una ni dos, se lo he oído decir a casi todo el grupo. Si así estamos dentro, ¿cómo estarán fuera?.....
23/03/26 10:06 AM
Mar
Pues que no haya confesionarios
23/03/26 10:14 AM
M. Angels
Magnífica carta.
Confesionarios en la iglesia, horarios establecidos de confesión y el sacerdote en el confesionario. Que no tengas que ir a buscarlo o interrumpirlo para que te confiese. La confesión, junto con la Misa, es algo que sólo el sacerdote puede hacer, y es de importancia vital.
23/03/26 10:34 AM
Juan Mariner
Este obispo es "extraterrestre". Lo digo con ironía.
23/03/26 11:21 AM

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