(USCCB/InfoCatólica) La amenaza de una campaña masiva de deportaciones en Estados Unidos, anunciada como una de las prioridades del presidente Donald Trump para su segundo mandato, ha puesto en alerta a millones de cristianos. Un informe publicado por organizaciones como World Relief, la Conferencia Episcopal de Estados Unidos y la Asociación Nacional de Evangélicos estima que al menos un 8 % de los cristianos del país podrían ser directamente afectados por medidas de expulsión.
La mayoría de las personas en riesgo son cristianas: el 80 % de los inmigrantes vulnerables a deportación se identifica con esta fe. De ellos, un 61 % son católicos, un 13 % evangélicos y un 7 % pertenecen a otras confesiones cristianas. Muchos viven con familiares ciudadanos estadounidenses, por lo que la amenaza no se limita únicamente a los afectados directos: cerca de siete millones de cristianos estadounidenses conviven con alguien que podría ser deportado.
El informe, titulado One Part of the Body, alerta de las consecuencias espirituales, sociales y familiares que implicarían estas deportaciones. Citando la imagen paulina del cuerpo de Cristo, los autores recuerdan que «si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Cor 12, 26). En ese sentido, animan a las comunidades cristianas a asumir esta realidad como un desafío que las afecta en su conjunto.
Los casos recogidos en el documento —de venezolanos, haitianos, salvadoreños o ucranianos— reflejan trayectorias marcadas por la persecución, la violencia y la esperanza de una vida mejor. Muchos de ellos llegaron a EE. UU. amparados por programas como el Estatus de Protección Temporal (TPS), la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) o permisos humanitarios. Sin embargo, estas medidas son temporales y pueden ser revocadas sin intervención legislativa.
El informe señala que las consecuencias no serían únicamente familiares. En parroquias y comunidades eclesiales, muchas de las cuales tienen una elevada proporción de fieles nacidos en el extranjero, una oleada de deportaciones podría dejar sin líderes a iglesias enteras o llevar al cierre de congregaciones enteras por falta de miembros. En palabras del sacerdote católico Kristopher Cowles, «sería una gran pérdida para el cuerpo de Cristo».
Los autores del informe, entre los que se encuentran representantes de diversas tradiciones cristianas, no buscan promover una política concreta ni alimentar el miedo, sino invitar a los cristianos a una reflexión comprometida. Piden a los legisladores que consideren las consecuencias humanas de sus decisiones y recuerdan que muchos de los afectados «no buscan privilegios, sino simplemente la posibilidad de vivir en paz y servir a sus comunidades».
La investigación concluye con un llamamiento a la solidaridad cristiana: «Amar al prójimo —señala el informe— exige algo más que simpatía. Supone cuidar activamente de las necesidades concretas de nuestros hermanos y hermanas».