13.05.15

(321) Nuestra Señora de Fátima hoy: oración y penitencia

Nuestra Señora de Fátima–Los cuatro primeros párrafos de este artículo me parece que ya los publicó usted en alguna otra ocasión.

–Así es: hace un par de años en mi artículo (206) Reforma o apostasía. –II. La reforma necesaria de la Iglesia. Pero estimo conveniente repetirlo.

–La santísima Virgen María, en sus últimas apariciones, hace muy graves denuncias sobre la situación de la Iglesia. La Virgen de La Salette llora los pecados del pueblo cristiano, especialmente los de sus sacerdotes y personas consagradas (1846). Y la Virgen de Fátima, en 1917, les dice a los tres niños videntes:

«Jesucristo es horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes… Rezad, rezad mucho, y haced sacrificios por los pecadores, pues van muchas almas al infierno por no tener quien se sacrifique y pida por ellas… No ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido»…

¡Eso lo dice la Virgen en 1917!, cuando todavía eran muchos los cristianos que se confesaban e iban a Misa, que guardaban hasta la muerte la unión conyugal, que tenían hijos y los educaban cristianamente; cuando las playas estaban desiertas y los Seminarios y Noviciados llenos, cuando muchos sacerdotes y religiosos eran fieles a la doctrina y disciplina de la Iglesia, y florecían las misiones, y había un influjo real de los cristianos en la vida política y cultural; cuando los colegios católicos daban formación cristiana, y las Universidades católicas, etc. ¡Cuánto han crecido desde entonces los males en la Iglesia! ¿Que diría hoy la Virgen en Fátima a los Pastores sagrados y al pueblo católico?… Juan Pablo II, visitando Fátima (13-V-1982), se lamentaba diciendo:

«¡Cuánto nos duele que la invitación a la penitencia, a la conversión y a la oración no haya encontrado aquella acogida que debía! ¡Cuánto nos duele que muchos participen tan fríamente en la obra de la Redención de Cristo! ¡que se complete tan insuficientemente en nuestra carne “lo que falta a los sufrimientos de Cristo!” [Col 1,24]».

* * *

La Virgen María se apareció en Fátima a tres niños pastores, analfabetos, Lucía dos Santos, Jacinta y Francisco Marto entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917. A ellos, tan ignorantes, como a Santa Bernardita en Lourdes, les confía la Virgen unos mensajes importantes para la Iglesia y el mundo. Haré un resumen muy breve de ellos tal como Sor Lucía, por mandato de su Obispo, los escribió en 1941 (Memórias da Irmâ Lúcia, Fátima, 2000,8ª ed.).

1915, entre abril y octubre, aparición del Ángel. No recuerda Lucía con exactitud la fecha; tenía ella entonces 9 años:

«¡No temáis! Yo soy el Ángel de la Paz. Orad conmigo… Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman… Orad así, y los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas»…

En una segunda aparición: «¡Orad! ¡Rezad mucho!… Ofreced constantemente al Altísimo plegarias y sacrificios… De todo lo que podáis, ofreced un sacrificio, un acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido… Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe».

Y en una tercera, teniendo el Ángel en la mano un cáliz y una hostia: «Santísima Trinidad, Pade, Hijo, Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pecadores… Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios.

1917, 13 de mayo, aparición de una Señora vestida de blanco, estando los tres niños jugando en una cuesta de Cova de Iria.

«No tengáis miedo… Soy del cielo… Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13 a esta misma hora… ¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores? –Si, queremos… –Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra.

1917, 13 de junio, aparición de Nuestra Señora, sobre la encina, habiendo rezado el Rosario los tres niños con otras personas.

«Quiero que recéis el Rosario todos los días y que aprendáis a leer». Y a Lucía: «A Jacinta y a Francisco los llevaré pronto [al cielo]. Pero tú te quedarás aquí algun tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y ama. El quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien la abrazase, le prometo la salvación… No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios». Fue entonces cuando la Virgen les hizo ver su «corazón, rodeado de espinas. «Comprendimos que era el Inmaculado Corazón de María, ultrajado por los pecados de la Humanidad, que pedía reparación».

1917, 13 de julio, aparición de de Nuestra Señora, mientras los niños rezaban el Rosario con una multitud de fieles.

«Sacrificáos por los pecadores, y decid muchas veces, en especial cuando hiciérais algún sacrificio: “Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en desagravio por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María”. Al decir estas palabras, abrió las manos… Vimos como un mar de fuego. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas»…

«Asustados, levantamos la vista hacia nuestra Señora, que nos dijo entre bondadosa y triste: “Habéis visto el infierno,a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar. Pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando vierais una noche alumbrada por una luz desconocida, saber que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones contra la Iglesia y el Santo Padre».

«Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones contra la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá y será concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal se conservará siemprela doctrina de la fe… Cuando recéis el Rosario, diréis después de cada misterio: “¡Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al Cielo, principalmentelas más necesitadas – Ó meu Jesus, perdoai-no, livrai-nos de fogo do inferno; levai as alminhas todas para o Céu, principalmente aquelas que mais preisarem».

1917, 19 de agosto, aparición de Nuestra Señora, con gran luz, sobre un carrasco, mientras los niños cuidaban de las ovejas en un lugar llamado Valiños. No se celebró el 13 porque los niños estaban «presos» en Ourem, sufriendo interrogatorios.

«Quiero que sigáis yendo a Cova de Iria el día 13; que continuéis rezando el Rosario todos los días. El último mes haré un milagro para que todos crean. -Los niños le preguntan qué deben hacer con el dinero que da la gente en Cova de Iria.

«Que hagan dos andas: una, llévala tú con Jacinta y dos niñas más, vestidas de blanco; y otra, que la lleve Francisco y tres niños más. El dinero de las andas es para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario; lo que sobre es para ayudar a una capilla que deben hacer… Reza, rezad mucho, y haced sacrificios por los pecadores, pues van muchas almas al infierno por no tener quien se sacrifique y pida por ellas».

1917, 13 de septiembre, aparición de de Nuestra Señora, en Cova de Iria, acompañados los tres niños por una inmensa multitud de fieles, que querían presentar ante la Virgen sus peticiones.

«Comenzamos a rezar el Rosario con el pueblo. Poco después, el reflejo de la luz, y seguidamente, Nuestra Señora sobre la encina», que les dice:

«Continuad rezando el Rosario, para alcanzar el fin de la guerra… Dios está contento con vuestros sacrificios, pero no quiere que durmais con la cuerda [atada al cuerpo, para mortificación]; llevadla sólo  durante el día». Los niños manifiestan a la Virgen que les han encomendado presentarle muchas peticiones.

«Sí, a algunos los curaré, a otros no. En octubre haré el milagro para que todos crean».

1917, 13 de octubre, aparición de de Nuestra Señora sobre la encina, tras un reflejo de luz. Enorme multitud en Cova de Iría, gran tormenta de lluvia, rezo del Rosario.

«Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honra. Yo soy la Señora del Rosario. Que continúen rezando el Rosario todos los días. La guerra va a acabar… No ofendan  más a Dios nuestro Señor, que ya está muy ofendido.

«Y abriendo sus manos las hizo reflejarse en el Sol. Y mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectándose en el Sol. He aquí el motivo por el cual exclamé que mirasen al Sol».

En esta última aparición, como tres meses antes lo había anunciado la Virgen, se produjo un gran signo, que suele llamarse «el milagro del Sol», que giraba sobre sí mismo en un espectáculo impresionante. Fue contemplado por unas 70.000 personas, y  de él se guardan numerosos testimonios personales, crónicas de periodistas, fotografías, etc. 

«Desaparecida Nuestra Señora en la inmensa lejanía del firmamento, vimos al lado del Sol a San José con el Niño y a Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul. San José con el Niño parecían bendecir al mundo, con unos gestos que hacían con la mano en forma de cruz. Poco después, desvanecida esta aparición, vimos a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, que me daba idea de ser Nuestra Señora de los Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir el Mundo dela misma forma que San José. Al desvanecerse esta aparición me pareció ver todavía a Nuestra Señora en forma parecida a Nuestra Señora del Carmen».

«No pocas personas –añadía Sor Lucía– se han mostrado bastante sorprendidas por la memoria que Dios se dignó darme. Por una bondad infinita, la tengo bastante privilegiada en todos los sentidos. Pero en estas cosas sobrenaturales no es de admirar, porque ellas se graban en el alma de tal forma, que casi es imposible olvidarlas. Por lo menos el sentido que indican nunca se olvida, a no ser que Dios quiera también que se olvide».

* * *

La Iglesia ha dado su aprobación a la realidad de estas apariciones. Pío XI concede una especial indulgencia a quienes peregrinan a Fátima (1-X-1930). Pío XII consagra la humanidad en un radiomensaje al Inmaculado Corazón de María (31-X-1942). Juan XXIII, siendo Cardenal, visitó Fátima, y a su Santuario legó su cruz pectoral pontificia. Pablo VI visitó Fátima en el cincuentenario de las apariciones (13-V-1967).

San  Juan Pablo II visita  Fátima en 12/13-V-1982, un año después de sufrir un atentado en la plaza vaticana de San Pedro, y en esa ocasión consagra a la Iglesia y a todos los pueblos al Inmaculado Corazón de María. El 25 de marzo de 1984 repite esta consagración con especial solemnidad en Roma, en la plaza de San Pedro, habiendo invitado previamente a todos los Obispos católicos para que se unieran a este acto, que más tarde Sor Lucía considera que satisface la petición hecha por la Virgen. Y el mismo Papa, en el décimo aniversario del atentado, visita de nuevo el santuario de Fátima (12/13-V-1991). En su tercera visita, San Juan Pablo II beatificó a Francisco y Jacinta, con asistencia de Sor Lucía y de inmensa multitud de peregrinos (13-V-2000).

Benedicto XVI también visita Fátima (2/13-V-2010), consagrando a la Virgen especialmente a todos los sacerdotes de la Iglesia. Siendo todavía Cardenal, Prefecto de la Doctrina de la Fe, el Secretario de la Congregación, Mons. Tarcisio Bertone, había hecho público un importante documento, El mensaje de Fátima, en el que se afirma que «Fátima es sin duda la más profética de las apariciones modernas» de la Virgen María.

* * *

El mensaje de la Virgen de Fátima tiene hoy una actualidad acrecentada. Sufre hoy la Iglesia católica muy fuertes persecuciones exteriores,procedentes de tantas fuentes antiguas y modernas –protestantismo, liberalismo, masonería, marxismo, laicismo agresivo, modernismo–, que han ido configurando una cultura moderna cada vez más cerrada a Cristo y a Dios.

Gran parte del mundo se cierra herméticamente al Evangelio en muchas naciones del Islam, del budismo y del hinduismo, de antiguas dictaduras comunistas. Y en las naciones de antigua filiación cristiana, pero hoy apóstatas, también se cierra en la escuela y la universidad, en la filosofía y el arte, en grandes organismos internacionales, en leyes criminales de Estados sin-Dios y sin ley natural, en muchos medios de comunicación social, etc. Eso explica que los cristianos sean actualmente entre los hombres religiosos del mundo los más perseguidos. «En nuestro tiempo –dice Benedicto XVI–, en vastas regiones de la tierra la fe corre el riesgo de apagarse como una llama que se extingue» (Fátima 12-V-2010).

Y aún sufre hoy más la Iglesia por las infidelidades que se dan en su propio interior. En ese mismo viaje decía el Papa a los periodistas, que «la mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia» (11-V-2010). El pecado de las herejías que se difunden en su interior, de los sacrilegios en la liturgia, de la anticoncepción generalizada, del absentismo mayoritario a la Misa dominical, de la casi desaparición del sacramento de la penitencia y en algunas Iglesias de la confirmación y del matrimonio, de la mundanización de mentes y costumbres, de la falta de vocaciones, de la invasión universalizada de la lujuria y del impudor, del culto a la riqueza y de tantas otras infidelidades al Evangelio, a la Tradición y al Magisterio. Es una hora muy grave de la historia, y más que nunca los católicos debemos estar unidos al Papa y a nuestros Obispos, fieles a la doctrina de la fe y a la gran disciplina de la Iglesia. Pero ante todo, unidos a Cristo, el único Salvador, por la oración y la penitencia.

Y a la Virgen María por el Rosario.

Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros.

José María Iraburu, sacerdote

Post-post.–El Santuario de Fátima es hoy uno de los más venerados de la Iglesia, anualmente visitado por más de cinco millones procedentes de muchas naciones. Es un poco raro que tanto el Misal Romano, como la Liturgia de las Horas, al menos en su edición española, ignoran a la Virgen de Fátima el 13 de mayo.

Índice de Reforma o apostasía

 

 

11.05.15

(320) Liturgia –33. Liturgia de las Horas, 9. Inicio de la Hora y Gloria

campo y tendido cables

 

–Esta imagen me confunde. ¿Nos va a hablar de la Liturgia de las Horas o de la electricidad?

–Lea el artículo y finalmente encontrará la respuesta a su incordiosa pregunta. 

En la Liturgia de las Horas voy a examinar los elementos que la integran. Analizaré una Hora, la de Laudes, por ser Hora principal, y concretamente los Laudes del lunes de la Iª semana. Las Vísperas siguen un orden simétrico, y las Horas menores, aunque sea en forma muy abreviada, también.

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3.05.15

(319) Liturgia –32. Liturgia de las Horas, 8. santificación de las horas del día

Amanecer

–Yo pensaba que se había olvidado de la Liturgia de las Horas.

–Pues ya ve usted que no. 

–La Eucaristía y las Horas. «La Liturgia de las Horas extiende (PO 5) a los distintos momentos del día la alabanza y la acción de gracias… que se nos ofrecen en el Misterio eucarístico, “centro y cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana” (CD 30)» (OGLH 12). Jesucristo manifesta máximamente su amor al Padre precisamente en la ofrenda total de la Eucaristía, es decir, de la Cruz: «conviene que el mundo conozca que yo amo al Padre, y que, según el mandato que me dio el Padre, así hago» (Jn 14,31). Y una vez resucitado y ascendido a los cielos junto al Padre, «vive siempre para interceder por nosotros» (Heb 7,25).

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26.04.15

(318) La alegría cristiana (y III), y sus cien motivos

Pórtate bien

–Quedamos en que el paganismo es triste y el cristianismo alegre (I).

–Y en que la alegría cristiana debe ser pedida, procurada y guardada con todo cuidado (II). Veamos ahora finalmente los motivos de la alegría cristiana (y III):

Es de experiencia, es dato indiscutible –aunque haya quien lo niegue–, que allí donde se vive más en Cristo hay más alegría. En mí propia experiencia, recuerdo tantas confirmaciones de la alegría cristiana en familias, en enfermos, en seminarios y noviciados, en ancianos, en riqueza y en pobreza, en sabios e ignorantes, en colegios y escuelas, en paz o en guerra. Es una alegría sencilla la de quienes viven en Cristo, no estimulada por placeres o prestigios, sino nacida de dentro, nacida de Dios. Es a un tiempo humana y sobre-humana.

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19.04.15

(317) La Eucaristía y la comunión en el año 155

Sta. Constanza, Roma 350

San Justino (100?-168?), nació en Samaría, de familia pagana de habla griega. Filósofo, pasa del platonismo a la fe cristiana, hace escuela en Roma, y muere mártir. A él le debemos la descripción más valiosa de la Eucaristía antigua, escrita en su I Apología en defensa de los cristianos (66-67), dirigida en 155 al emperador Antonino Pío (138-161).

A nadie es lícito participar de la Eucaristía si no cree que son verdad las cosas que enseñamos, y no se ha purificado en aquel baño que da la remisión de los pecados y la regeneración, y no vive como Cristo nos enseñó.

[Es decir, para participar en la Misa, y «a fortiori» para comulgar, la Iglesia antigua exige 1) fe ortodoxa, no estar en la herejía, 2) bautismo sacramental, haberse incorporado a Cristo y a la Iglesia, y 3) vida ortopráctica, no vivir en el pecado, como, por ejemplo, los adúlteros, que no «viven como Cristo nos enseñó»].

Porque no tomamos estos alimentos como si fueran un pan común o una bebida ordinaria sino que, así como Cristo, nuestro salvador, se hizo carne por la Palabra de Dios y tuvo carne y sangre a causa de nuestra salvación [encarnación], de la misma manera hemos aprendido que el alimento sobre el que fue recitada la acción de gracias que contiene las palabras de Jesús, y con que se alimenta y transforma nuestra sangre y nuestra carne, es precisamente [trans-substanciación] la carne y la sangre de aquel mismo Jesús que se encarnó.

Los apóstoles, en efecto, en sus tratados, llamados Evangelios, nos cuentan que así les fue mandado, cuando Jesús, tomando pan y dando gracias, dijo: Haced esto en conmemoración mía. Esto es mi cuerpo; y luego, tomando del mismo modo en sus manos el cáliz, dio gracias, y dijo: Esta es mi sangre, dándoselo a ellos solos. Desde entonces seguimos recordándonos siempre unos a otros estas cosas; y los que tenemos bienes acudimos en ayuda de los que no los tienen, y permanecemos unidos. Y siempre que presentamos nuestras ofrendas alabamos al Creador de todo por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo.

El día llamado del sol [sun-day] se reúnen todos en un lugar, lo mismo los que habitan en la ciudad que los que viven en el campo, y, según conviene, se leen los tratados de los apóstoles y los escritos de los profetas, según el tiempo lo permita [liturgia de la Palabra].

Luego, cuando el lector termina, el que preside se encarga de amonestar, con palabras de exhortación, a la imitación de cosas tan admirables [homilía].  

Después nos levantamos todos a la vez y recitamos preces [oración de los fieles]; y a continuación, como ya dijimos, una vez que concluyen las plegarias, se trae pan, vino y agua: y el que preside pronuncia con todas sus fuerzas preces y acciones de gracias [liturgia sacrificial: plegaria eucarística y consagración], y el pueblo responde «Amén». Tras de lo cual se distribuyen los dones sobre los que se ha pronunciado la acción de gracias, comulgan todos [comunión eucarística], y los diáconos se encargan de llevárselo a los ausentes.

Los que poseen bienes de fortuna y quieren, cada uno da, a su arbitrio [colecta de limosnas], lo que bien le parece, y lo que se recoge se deposita ante el que preside, que es quien se ocupa de repartirlo entre los huérfanos y las viudas, los que por enfermedad u otra causa cualquiera pasan necesidad, así como a los presos y a los que se hallan de paso como huéspedes; en una palabra, él es quien se encarga de todos los necesitados.

Y nos reunimos todos el día del sol [Misa dominical, norma apostólica primordial], primero porque este día, es el primero de la creación, cuando Dios empezó a obrar sobre las tinieblas y la materia; y también porque es el día en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos. Le crucificaron, en efecto, la víspera del día de Saturno [satur-day], y al día siguiente del de Saturno, o sea el día del sol, se dejó ver de sus apóstoles y discípulos y les enseñó todo lo que hemos expuesto a vuestra consideración.

Post-post. -Añado aquí [actualización de 21/04/15, 06:42 AM], la respuesta que he dado al comentario recibido de Juan Argento [20/04/15, 11:29 AM], pues estimo que puede interesar a todos los lectores.     

Se dice en el comentario que es confortadora «la constatación de que, 125 años después de la Última Cena, los cristianos entendían las palabras de Jesús Esto es mi cuerpo” y Esta es mi sangre, en sentido real y no simbólico» , etc. 
Efectivamente, todos los católicos hemos creído siempre en la veracidad objetiva de la palabra de Cristo: «mi cuerpo es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida» (Jn 6,53-56). Antes y después de S. Justino los SS. Padres entienden siempre así la Eucaristía. Pondré  algunos ejemplos de textos antiguos:

San Ignacio de Antioquía (+107): los docetas «no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, la que padeció por nuestros pecados, la que por bondad resucitó el Padre. Por eso los que contradicen al don de Dios litigando, se van muriendo» (Cta. Esmirna 7,1). Alude a: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros» (Jn 6,53).  

San Ireneo (+200): «¿Cómo les constará [a los herejes] que ese pan, en el que han sido dadas las gracias [consagración], es el cuerpo del su Señor, y que ése es el cáliz de su sangre, si no reconocen que él es Hijo del Creador del mundo, esto es, su Verbo?» (Contra las herejías l.4, c.18,4).

Traditio apostolica (Roma, 220). «Todos eviten con cuidado que el infiel coma la Eucaristía… Es el cuerpo de Cristo, del cual todos los fieles se alimentan» (Funk, 115).

Orígenes (+253): En el AT «el maná era alimento en enigma, ahora claramente la carne del Verbo de Dios es verdadero alimento» (Homilía 7,2).

Clemente de Alejandría (+320): dice el Salvador, «yo soy tu sustentador, que me he dado a mí mismo como pan» (¿Qué rico se salvará? 23).

San Hilario (+367): «No hay lugar a dudas sobre la verdad de la carne y de la sangre [en la encarnación del Verbo]. Ahora [en la Eucaristía], según palabras del Señor y según nuestra fe, es verdaderamente carne y verdaderamente sangre» (Trat. sobre la Trinidad, lib.8, 14).

San Dámaso, papa (+384): Acosado San Tarsicio por los profanos cuando llevaba la Eucaristía, la defendió con todo empeño, y «prefirió dar la vida [herido por las piedras] antes que traicionar los miembros celestiales en favor de perros rabiosos» (Epigrama).

San Cirilo de Jerusalén (+386): «Habiendo dicho Él del pan, Éste es mi cuerpo, ¿quién se atreverá a dudar en adelante? Y habiendo dicho Él, Ésta es mi sangre, ¿quién podrá dudar jamás y decir que no es la sangre de Él?» (Catequesis IV,1).

Sobre esa base del Evangelio y de los SS.PP. va el Magisterio apostólico de la Iglesia definiendo en veinte siglos la realidad de la conversión eucarística del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Jesús en cientos de documentos, concilios, encíclicas, etc.

Pues bien, pondré para terminar sólo un ejemplo de lo que algunos teólogos «católicos» enseñan hoy sobre la realidad de la Eucaristía. Puede verse  en este mismo blog (53) cómo explica la transubstanciación el profesor Dionisio Borobio. Y considere el lector si su explicación es compatible con la fe católica.

José María Iraburu, sacerdote

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