(53) Dionisio Borobio –eucaristía

–¿Al menos respetará la presencia real eucarística, no?
–No, hijo, no. La explica de modo inconciliable con la doctrina de la Iglesia.

Comento ahora el libro de Dionisio Borobio, Eucaristía, publicado en la BAC, en la colección de manuales de teología Sapientia Fidei, nº 23, Madrid 2000, 425 páginas, promovida por la Conferencia Episcopal Española. Yo denuncié esta obra –y creo que también otros antes y después–, en la Comisión Episcopal de la Doctrina de la Fe primero, en la Congregación romana correspondiente después, y finalmente en el Arzobispado de Madrid, pero sin resultado alguno.

El profesor Dionisio Borobio nace en Soria el año 1938. Formado en el Seminario de Bilbao, es sacerdote diocesano de Bilbao desde su ordenación en 1965.

Estudia en la Universidad Gregoriana, se doctora en liturgia en el Pontificio Ateneo San Anselmo, y es licenciado en filosofía por la Universidad Complutense. Ha sido profesor de la Universidad de Deusto, Bilbao, y hasta noviembre de 2009, catedrático de Liturgia y Sacramentos en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca. Es autor de una abundante bibliografía.

El manual Eucaristía del profesor Borobio contiene no pocas páginas que son valiosas en la consideración bíblica, litúrgica y teológica de algunos temas. Pero también contiene errores graves. En forma alguna, pues, debe difundirse, y menos ofrecerse como un manual de teología católica.

La transubstanciación. Para el profesor Borobio la explicación de la presencia sacramental de Cristo «per modum substantiæ» es un concepto que, aunque contribuyó sin duda a clarificar el misterio de la presencia del Señor en la eucaristía, «condujo a una interpretación cosista y poco personalista de esta presencia» (286).

En la «concepción actual» de sustancia [¿cuántas concepciones actuales habrá de substancia?], en aquella que, al parecer, Borobio estima verdadera, «pan y vino no son sustancias, puesto que les falta homogeneidad e inmutablidad. Son aglomerados de moléculas y unidades accidentales. Sin embargo, pan y vino sí tienen una sustancia en cuanto compuestos de factores naturales y materiales, y del sentido y finalidad que el hombre les atribuye: “Hay que considerar como factores de la esencia tanto el elemento material dado como el destino y la finalidad que les da el mismo hombre” (J. Betz)» (285).

Paupérrima filosofía. Si se parte de una filosofía de la substancia tan errónea y precaria, parece evidente que un cambio que afecte al destino y a la finalidad del pan y del vino en la Eucaristía (transfinalización-transignificación) equivale a una transubstanciación.

«Para los autores que defienden esta postura (v. gr. Schillebeeckx) es preciso admitir un cambio ontológico en el pan y el vino. Pero este cambio no tiene por qué explicarse en categorías aristotélico-tomistas (sustancia-accidente), sometidas a crisis por las aportaciones de la física moderna, y reinterpretables desde la fenomenología existencial con su concepción sobre el símbolo. Según esta concepción, la realidad material debe entenderse no como realidad objetiva independiente de la percepción del sujeto, sino como una realidad antropológica y relacional, estrechamente vinculada a la percepción humana. Pan y vino deben ser considerados no tanto en su ser-en-sí cuanto en su perspectiva relacional. El determinante de la esencia de los seres no es otra cosa que su contexto relacional. La relacionalidad constituye el núcleo de la realidad material, el en-sí de las cosas» (307).

Con qué razón decía San Pablo de ciertos falsos doctores: «en realidad no saben lo que dicen, ni entienden lo que dogmatizan» (1Tim 1,7). Apoyándose, pues, el autor en esta pésima metafísica, explica de muy mala manera la transubstanciación del pan y del vino, y la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Intenta convencernos de que en la transubstanciación «las cosas de la tierra, sin perder su consistencia y su autonomía, devienen signo de esa presencia permanente», sin perder «nada de su riqueza creatural y humana» (266). O sea que el pan y el vino siguen siendo pan y vino, no pierden su realidad creatural, pero puede hablarse de transubstanciación, porque en la Eucaristía han cambiado decisivamente su finalidad y significado.

Esta explicación filosófica-teológica no es conciliable con la fe de la Iglesia tal como la expresa, por ejemplo, Pablo VI en la encíclica Mysterium fidei (1965). El Papa dedica precisamente su encíclica a rechazar éstos y otros errores:

«Cristo se hace presente en este Sacramento por la conversión de toda la substancia del pan en su cuerpo, y de toda la substancia del vino en su sangre; conversión admirable y singular, que la Iglesia católica justamente y con propiedad llama transubstanciación […] Realizada la transubstanciación, las especies de pan y de vino adquieren sin duda un nuevo significado y un nuevo fin, puesto que ya no son el pan ordinario y la ordinaria bebida, sino el signo de una cosa sagrada. Pero adquieren un nuevo significado y un nuevo fin en tanto en cuanto contienen una “realidad” que con razón denominamos ontológica. Porque bajo dichas especies ya no existe lo que había antes, sino una cosa completamente diversa, y esto no únicamente por el juicio de fe de la Iglesia, sino por la realidad objetiva, puesto que, convertida la substancia o naturaleza del pan y del vino en el cuerpo y en la sangre de Cristo, no queda ya nada del pan y del vino, sino las solas especies. Bajo ellas, Cristo, todo entero, está presente en su “realidad” física, aun corporalmente, aunque no del mismo modo como los cuerpos están en un lugar» (nn. 26-27).

¿Cómo conciliar la explicación de Borobio sobre la transubstanciación con la fe de la Iglesia católica? No se esfuercen: es imposible, no hay modo. O aceptan ustedes en la fe la doctrina eucarística de la Iglesia, o siguen la del doctor Borobio y la de algunos otros «teólogos» compañeros suyos: hay muchos. La especulación filosófica-teológica que propone el autor sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía no prescinde sólamente de la explicación aristotélico-tomista de ese misterio, como él dice, sino que contradice abiertamente la doctrina católica, la de siempre, la que han vuelto a exponer la Mysterium fidei y el Catecismo de la Iglesia Católica (nn.1373-1377); la misma que, por ejemplo, ya en el siglo IV exponía, casi con iguales términos, San Cirilo de Jerusalén, que no empleaba las categorías aristotélico-tomistas.

La Eucaristía como sacrificio de expiación. Reconoce Borobio «el sentido sacrificial de la vida y muerte de Cristo», un sentido que viene afirmado «en el Nuevo Testamento, al menos en Pablo y Hebreos» (245). Y enseña, por tanto, el carácter sacrificial de la Eucaristía. Pero

«en todo caso, hay que entender este carácter sacrificial de la cena a la luz del sentido sacrificial salvífico que Jesús dio a toda su vida, es decir, como un acto de servicio último y de entrega total en favor de la humanidad, y no tanto en sentido expiatorio» (244-245). «La tendencia más amplia hoy es a reconocer un cierto carácter expiatorio en la muerte de Cristo, pero superando una interpretación victimista, como castigo o venganza de un Dios cruel, como pena impuesta por un Dios justiciero capaz de castigar a su propio Hijo con la muerte…, lo que correspondería más bien a una imagen arcaica y megalómana de Dios» (268).

Ya estamos otra vez con el terrorismo verbal y el lenguaje deliberadamente ambiguo: «la concepción actual de sustancia», «no tanto», «un cierto», «superando»… Aquí habría de denunciar, como ya lo hice en el artículo anterior (52), la perversión del lenguaje teológico, la calidad conceptual y verbal sumamente precaria de estas exposiciones pseudoteológicas, la inutilización del lenguaje de la fe católica, suscitando contra él en sacerdotes y pueblo alergias que nunca antes se habían sufrido. ¿Cómo puede hablarse de «un cierto carácter expiatorio» en la muerte de Cristo, siempre, claro está, que no implique considerarle como «víctima» ofrecida para nuestra salvación? ¿A qué viene hablar de «un Dios cruel, capaz de castigar a su propio Hijo con la muerte», cuando se está hablando de un Padre infinitamente bondadoso, que tanto amó al mundo que nos entregó a su Hijo único, primero en Belén y finalmente en el Calvario?…

La Iglesia Católica, sencillamente, cree y confiesa con un lenguaje secular bien claro que la pasión de Cristo, y por tanto la Eucaristía que la actualiza, es esun sacrificio de expiación por el pecado, y que Cristo es en él la víctima pascual sagrada, entregada por el Padre con un amor infinito. Y que ésta ha sido la admirable economía de la gracia que ha querido la santísima Providencia divina, revelada y anunciada desde antiguo.

Hoy la Iglesia, concretamente en su nuevo Catecismo, enseña como siempre, sin reticencias ni concesiones diminutivas, el carácter expiatorio de la pasión de Cristo y de la Eucaristía. Toda la Escritura –mucho más que «Pablo y Hebreos»–, así lo revela y así los expresa. Y los mismos Evangelios sobre la Cena afirman de modo patente ese sentido expiatorio –«el cuerpo que se entrega, la sangre que se derrama por muchos, para remisión de los pecados» (cf. Catecismo n. 610). En efecto,

«Jesús, por su obediencia hasta la muerte, llevó a cabo la sustitución del Siervo doliente, que “se dio a sí mismo en expiación”, “cuando llevó el pecado de muchos”, a quienes “justificará y cuyas culpas soportará” (Is 53,10-12). Jesús repara por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados (cf. Trento: Denzinger 1529)» (Catecismo 615; cf. 616).

Eucaristía y penitencia. Otros temas del libro Eucaristía del profesor Borobio son discutibles, como el que dedica al perdón de los pecados en La Eucaristía, gracia de reconciliación (356-374). Pero, obviamente, no conviene enseñar opiniones discutibles en un manual de teología. No discutiré aquí las autoridades aducidas en este tema por el autor –Santo Tomás, Trento, Vaticano II, etc.–, lo que obligaría a análisis muy prolijos; pero sí señalo la notable inoportunidad de estas páginas. Cuando es sabido que en tantas Iglesias locales los fieles hace ya años comulgan, pero no confiesan, poner hoy en un manual de teología el énfasis en el poder de la Eucaristía para perdonar los pecados, y no insistir en la necesidad del sacramento de la Penitencia, es una grave imprudencia.

En conclusión. Las ambigüedades y errores de esta obra la distancian de la doctrina católica, y hacen que sea inaceptable como manual de teología católica sobre el Misterio eucarístico.

Ahí tienen ustedes la doctrina eucarística que se pretende, o se pretendía, inculcar en seminaristas, sacerdotes, religiosos, catequistas y pueblo cristiano de habla hispana. Y que ha sido asimilada y difundida por muchos…

«Quousque tandem abutere, N. N., patientia nostra?»… Reforma o apostasía.

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

25 comentarios

  
asrone
Se agradecería una breve bibliografía alternativa a los textos que comenta (como le pidió otro comentarista en el post anterior). Gracias.

Alguien podría preguntarle: si ni la Comisión Episcopal de la Doctrina de la Fe, ni la Congregación romana correspondiente, ni el Arzobispado de Madrid han dicho nada, ¿con qué autoridad desautoriza usted esta obra?

30/12/09 2:45 PM
  
Juan Jose
Lleva usted,toda la razon,esto se ha llenado de impostores y gualtrapas,de falsos sacerdotes y de servidores de Satanas,el soberbio.

Limmpieza a fondo,es lo que hace falta,y vuelta a la tradicion catolica secular y de los padres de la Iglesia.
30/12/09 4:06 PM
  
Lopez Quintana
Con todo el respeto, creo que sería más fácil que nos dijera qué teólogo no es hereje a sus ojos y sería más rápido, al menos que lo que le interese sea seguir escribiendo contra todos. Por cierto, ¿usted ha sido consultor o consultado por la Cong. de la Doctrina de la Fe o de la Comisión Episcopal para misma de la Conferencia Episcopal española? Porque algunos de éstos sí... Hace mucho que ya pasó el Modernismo y el Antimodernismo
30/12/09 5:05 PM
  
Paloma
Madre mìa! Padre Iraburu, lo que me alucina o quizá mejor, me reafirma que el Espíritu Santo está entre nosotros todo el día, es ver que a pesar de todo hay sacerdotes en España que conocen la doctrina verdadera. Es un milagro, después de leer los tres últimos artículos. Yo pensaba que la BAC era de fiar...
Me hace "gracia" descubrir cómo el pueblo fiel tenemos recursos infalibles para resolver nuestras tentaciones contra la fe. Yo acudo con frecuencia el rezo pensado y pausado del Credo cuando me surgen y salgo reforzada del embate.
Gracias de nuevo por lo que escribe.
30/12/09 6:31 PM
  
José María Iraburu
Asrone y Lopez Quintana
Cuando yo cito unos textos concretos del profesor Borobio, en los que dice justamente lo contrario de lo que dicen otros textos concretos que cito de Encíclicas, Catecismo de la Iglesia, etc., no necesito para rechazar esos errores ser miembro de una Congregación Romana o de una Comisión episcopal o haber recibido una autorización especial para hacerlo. Al hacer mía la enseñanza de la Iglesia, limitándome a exponerla tal cual es, hablo con la autoridad docente de la santa Iglesia Católica, Mater et Magistra de todos los católicos, incluidos los profesores de teología.
Se han equivocado completamente en su reclamación. No es a mí a quien tienen que preguntar con qué autoridad enseño y defiendo la doctrina de la Iglesia Católica. Es el prof. Borobio y a otros a quienes tienen que preguntar con qué autoridad se atreven en algunos temas graves a enseñar lo contrario de lo que la Iglesia enseña.
Por otra parte, hay muchos cientos, miles, de profesores de teología en la Iglesia. Si yo señalo los errores de algunos, de una docena, los que sean, es ridículo sugerir que, ya que voy contra todos, señale “qué teólogo no es hereje”. No tiene sentido.
30/12/09 8:28 PM
  
susi
Cuando mi madre me preparó para hacer la Comunión, con apenas seis añitos, me explicó que tras la COnsagración, los sentidos seguían viendo pan y vino, pero ahora eran el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Me explicó que era un milagro que se hacía cuando el sacerdote decía las palabras de la consagración.
Desde entonces, no he tenido la menor duda de eso, como la mayoría de los fieles más o menos bien formados.Gracias a Dios, no me hizo falta leer a este señor para saber qué es lo que comulgo cada día.
Mi mamá también me explicó claramente que, antes de comulgar, hay que confesar los pecados mortales.
Y me enseñó que, para tener el alma limpia relimpia, mejor pasarse a menudo por el confesonario a pedir perdón también por los veniales.
He procurado seguir sus maternales consejos, e, incluso,para acabar bien el año, he ido hoy mismo por la tarde a recibir ambos Sacramentos.

Yo también creía que la BAC era trigo limpio, pero ya se ve que hay alguna cosilla de cizaña por el medio.

Disiento del comentario de López Quintana: creo que usted debe seguir explicando qué dicen estos "teólogos"(?) para que sepamos a lo que atenernos.

Muchas gracias por sus post. Primero, porque me hace mucha gracia como empieza con esos pequeños diálogos, que me haen sonreir de verdad.
Luego, por todo lo que puedo aprender.
Feliz año y que Dios le bendiga.
30/12/09 8:36 PM
  
Luis López
En el fondo es, como dijo Pablo, no aceptar el lenguaje de la cruz. Esa es la gran herejía del cristianismo del siglo XX y del XXI: no admitir el Cristo "triturado por nuestras culpas" (Is. 53)

O sea, que la muerte de Jesús, tuvo "un cierto carácter expiatorio". Sólo "un cierto". ¿Cómo conciliar este acomplejado y vergonzoso juicio no sólo con Pablo y Hebreos, sino con Pedro o Juan (vamos, con el NT completo)?

"Él, que EXPIÓ en su propio cuerpo nuestros pecados sobre la cruz, para que muertos para el pecado viviésemos para la justicia" (1 Ped.2,24)

¿Y cómo que hay que "superar una interpretación victimista", si la propia carta de Juan habla de Cristo como víctima propiciatoria?

"Él (Jesucristo el justo) es VÍCTIMA PROPICIATORIA por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo" (1 Jn. 2,2)

¿O es que hay que censurar Hb.5,8 por admitir dramáticamente que "Él, que en los días de su vida mortal, habiendo presentado con violento clamor y lágrimas oraciones y súplicas al que podía salvarle de la muerte (...)" ¿Hay que olvidar las lágrimas y el sudor de sangre de Jesús cuando vio delante de Él la monstruosidad del pecado humano que debía expiar?

Si este lenguaje es inadmisible, váyanse a casa como los discípulos de Jn. 6,66, pero no sigan contaminándolo con "un Evangelio distinto al que la Iglesia nos ha anunciado" (Gal. 1,8)
30/12/09 8:39 PM
  
José María Iraburu
Paloma
Muy bien está que cuando ciertas prédicas o escritos vienen a tentar su fe, se reafirme en ella por la oración y el rezo del Credo. Pero piense (bueno, ya lo piensa) que además de eso ayuda mucho acudir al Catecismo de la Iglesia o a otras fuentes seguras de la verdadera doctrina católica.
Si pincha usted en el Índice, en el post (40), verá que comienza con un titulillo que dice: "Nunca la Iglesia ha tenido tantas luces de verdad". Efectivamente, quien acepta hacerse discípulo de la santa Iglesia Católica encuentra una gran abundancia de textos preciosos, del Magisterio o de autores particulares católicos, que exponen las verdades católicas.
El problema está en que muchos católicos hoy no quieren hacerse como niños, dejándose enseñar por la Iglesia, y por eso no entran en el Reino, se extravían, se pierden. Y esto al Señor le duele mucho, porque son sus hijos. Y se lamenta: "Es un doble crimen el que ha cometido mi pueblo. Me ha dejado a mí, fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de contener el agua" (Jer 2,14).
30/12/09 8:42 PM
  
José María Iraburu
Paloma, susi
La BAC, la Biblioteca de Autores Cristianos, tiene un Catálogo amplísimo, en el que se contienen innumerables obras perfectamente católicas. El hecho de que en alguna ocasión se hayan colado ciertas obras más o menos averiadas en la fe no indica en absoluto que no sea de fiar.
Pero la realidad es que, tal como está el patio, no puede uno fiarse sin más de la calidad católica de una obra por el hecho de que esté publicado en una Editorial católica normalmente fiable.
No agrandemos, en todo caso, el problema del discernimiento: a poco espabilado que uno sea, y a poco que pueda asesorarse, si de verdad quiere hacerse discípulo de la Madre Iglesia, y alimentar su espíritu con buenos escritos verdaderamente católicos, no hay mayor problema para encontrar innumerables libros buenísimos. "El que busca, encuentra". "El que pide (al Señor buenos libros), recibe".
30/12/09 8:52 PM
  
Luis Fernando
O he entendido mal el artículo o lo que propone el padre Borobio es la doctrina luterana sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía, conocida como co-substanciación.

¿Me equivoco?
30/12/09 9:49 PM
  
José María Iraburu
Luis Fernando,
Estos días son bastante ajetreados y no tengo tiempo para ponerme a exponer el tema con calma. Tendré que conformarme con copiarte simplemente lo que en Wikipedia se dice de la consubstanciación. Y luego dejemos que los lectores, que son muy listos (al menos algunos), hagan sus discernimientos y saquen sus consecuencias. Todos saben leer y pueden enterarse de lo que dicen unos y de lo que enseña la Iglesia. Y vean si lo que enseñaba Berengario y más tarde Lutero coincide más o menos con lo que enseña el prof. Borobio. Examínenlo los lectores:

"CONSUSTANCIACIÓN. La consustanciación es una doctrina teológica que, por oposición a la transustanciación defendida por los católicos, sostiene que en la eucaristía coexisten las sustancias del cuerpo y la sangre de Cristo con las del pan y el vino. Uno de sus primeros defensores, Berengario de Tours (1000-1088), sostenía que el pan consagrado retenía su sustancia anterior, pero al mismo tiempo adquiría una nueva, el Cuerpo de Cristo; es decir que no perdía nada de su sustancia anterior, representando el cuerpo y sangre de Cristo de manera simbólica (panis sacratus in altari, salva sua substantia, est corpus Christi, non amittens quod erat sed assumens quod non erat). Las opiniones de este teólogo fueron condenadas en diversos concilios (Roma 1050, 1059, 1078, 1079; Vercelli 1050; Poitiers 1074)

"Más tarde, la idea de la consustanciación fue defendida por Martín Lutero y constituyó una de sus principales disidencias con la Iglesia Católica".

Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Consubstanciaci%C3%B3n"
30/12/09 11:26 PM
  
Borja
Pues este Sr. también goza de un cv mucho mejor que el suyo.
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JMI.- ¿Y?
(Se supone que cv = curriculum vitae)
30/12/09 11:58 PM
  
Juan 35
Le felicito por el artículo, me ha resultado esclarecedor.
31/12/09 12:16 AM
  
Miguel Antonio Barriola
Creo que la paciente labor del P. Iraburu (¿lo escribí bien?)ofrece un servicio inapreciable, dada la marea de autores, que propagan todo tipo de enredos doctrinales.
¿No servirá para seguir alertando a quienes han de ser vigías de la fe? "Custos quid de nocte?"
31/12/09 4:07 AM
  
Luis Fernando
En realidad mi pregunta era retórica. Parece obvio según las citas dadas por el padre Iraburu, que lo escribió el prof. Borobio está mucho más cerca de la doctrina luterana sobre la "presencia real" que de la católica.
Y por cierto, esa especie de repelús hacia la naturaleza sacrificial de la propia celebración eucarística es también propio de Lutero, que negó el carácter de sacrificio de la misa. Lo que ocurre es que él no negaba que el sacrificio de la cruz fue realmente expiatorio. Así que... vamos a dejarlo estar no vaya a ser que tengamos que concluir que el hereje Lutero estaba más cerca de la fe verdadera que algunos de los teólogos católicos "modernos".

Por cierto, he estado buscando en algún texto del magisterio, del catecismo, de su compendio, de los doctores y padres de la Iglesia y he sido incapaz de hallar una sola frase que afirme que el hecho de que alguien tenga un curriculum vitae importantísimo implica que nadie con un cv inferior le pueda refutar sus errores teológicos.
31/12/09 1:11 PM
  
Miguel Grosso
Como explicará este pseudo-teólogo los milagros eucarísticos? Porque que los hubo y los hay, no cabe duda. Aca en Argentina sucedió uno en la década del 90 en una Parroquia de Buenos Aires, que sigue siendo estudidado en silencio y oración. Las revelaciones de estos milagros son asombrosas. Frente a lo que se comprueba a traves de ellos, a saber: que el pan efectivamente se convirtió en carne, que dicha carne pertenece al corazón de un ser humano, que el vino se convirtió en sangre, que la sangre es de un ser humano, que pertenece al grupo B factor RH positivo en todos los casos, que ambas sustancias se conservan asombrosamente en perfecto estado pese al transcurso del tiempo, etc, etc, etc; frente a estas pruebas, repito, lo que diga este ///// es pura palabrería hueca. Invito a todos a conocer estos milagros y difundirlos.El más popular pero no el único es el de Lanciano.
31/12/09 1:33 PM
  
Hermenegildo
P. Iraburu: ¿no es descorazonador que estos textos fuesen oportunamente denunciado ante la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y ante el Arzobispado de Madrid y que no se haya obtenido resultado alguno? ¿Es normal que un "teólogo" como Borobio haya dejado su cátedra a los setenta y un años, cuando, probablemente le ha tocado jubilarse por la edad?
En cuanto al poder de la Eucaristía para perdonar los pecados, yo tenía entendido que sólo puede perdonar, sin confesión sacramental, los pecados veniales.
31/12/09 6:42 PM
  
José María
Lo de Dionisio Borobio es de órdago, pero es peor lo de la colección Sapientia fidei de la BAC, una editorial que siempre se ha manifestado con los mejores libros de la literatura católica y termina fraguando este desastre, con obras de Borobio, García Paredes, Rovira Belloso entre otros. Qué lástima. Esperemos que de nuevo vuelva a su sitio todo esto.
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JMI.- No se meta tan duro con la BAC. Mire en este mismo post mi comentario 30.12.09 hora 20:52
31/12/09 7:46 PM
  
cruz.de.burgos
Asrone, por referencias: cuando solicité bibliográfia era con ánimo de formarme, adquirir algún manual, etc. no como maniobra hartera para desacreditar o cuestionar al blogger.

Por otro lado, echar en cara el CV es el pataleo que queda cuando los argumentos racionales, apoyados en los textos de la Iglesia, no se pueden refutar por otra vía. A éstos, ni caso...

Creo que estamos ante un blog muy instructivo para el "cristiano de a pie", asequible y que es de ayuda cuando las obligaciones diarias impiden realizar ejercicios intelectuales más intensos, como coger un manual de Dogmática y ponerte capítulo tras capítulo a leerlo y reflexionarlo.

Esperemos un 2010 lleno de contribuciones como hasta la fecha.

Un saludo a todos.

PD: Efectivamente, por contraste, la posición del teólogo católico Borobio -en este caso- se me antoja protestante.
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JMI.- Varias veces me han pedido bibliografía buena sobre el tema que se trata. Ya me perdonarán, pero no me da el tiempo para ponerme a buscar esa información en cada post. Cuando acabo uno, ya tengo que ponerme a escribir el siguiente. Sobre cualquier tema que veamos, hay siempre un gran número de libros buenos y muy buenos publicados, antiguos y modernos.
01/01/10 5:37 PM
  
Luis Pedro Escacena Potes
Dice López Quintana: "Sería más fácil que nos dijera qué teólogo no es hereje a sus ojos y sería más rápido, al menos que lo que le interese sea seguir escribiendo contra todos".

Pues, al contrario que Vd, somos muchos los que estamos agradecidos al Padre Iraburu porque en vez de limitarse a citar autores heterodoxos nos explique qué es lo que, en los comentarios de un autor, contradice abiertamente a la doctrina católica. Y desde luego es una tarea más difícil.
02/01/10 12:02 PM
  
Tulkas
Lo que parece es que el autor no entiende ni lo que la tradición aristotélico-tomista entiende por sustancia y tampoco entiende nada de la física moderna.

La solución de que la esencia está determinada por lo relacional es, simplemente, una flaca solución a un problema que el autor no abarca: la comprensión de las nociones sustancia-accidente desligadas de la precaria física aristotélica.

De hecho el planteamiento de Borobio es francamente inferior a la consubstaciación de Lutero. Al menos Lutero asumia la coexistencia de dos realidades diferentes en el Sacramento, pero Borobio le niega, en última instancia, toda realidad objetiva.

Más me parece a mí calvinismo subjetivizado hasta la náusea.
02/01/10 1:02 PM
  
Joaquín
Por regla general, los grandes herejes han sido personas con un gran historial académico. Lutero era catedrático de universidad y se sabía la Biblia casi de memoria.

En cuanto a la transubstanciación, el problema que yo le veo al uso de ese término es la degradación que ha sufrido la palabra "sustancia" en el lenguaje de hoy: se habla de una comida muy "sustanciosa", de un asunto con mucha "sustancia" y cosas de ese tipo. Aunque lo cierto es que Borobio no arregla nada: sustituye términos vagos por términos aún más vagos y en vez de más claridad aporta menos claridad. Alguien dirá: "¿y qué solución tienes para eso?". No lo sé, no soy teólogo ni filósofo. Me limito a señalar una dificultad.
04/01/10 11:08 AM
  
Nadin
Cód. Der. Canón. 751: Herejía es la negación o duda pertinaz de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica.
Cód. Der. Canón. 1364: El apóstata, EL HEREJE, o el cismático incurren en excomunión latae sententiae (inmediatamente después de cometida la falta, y sin necesidad de resolución escrita)
Este hereje Borobio está excomulgado. ¿Cómo es que le permiten seguir ejerciendo como sacerdote?
Las normas no se prescribieron como adorno, por pasatiempo. Como debe cumplirse cualquier norma de cualquier código, las normas del Derecho Canónico deben cumplirse. No son una recomendación, sugerencia, consejo; son de obligatorio cumplimiento.

23/04/15 7:06 AM
  
Nadin
Desgraciadamente, la misma creencia de Borobio la tiene el prefecto de la Congr. Doctr. de la Fe, Gerhard Müller. Está consignada en su libro "La Misa, Fuente de la Vida Cristiana".
23/04/15 7:15 AM
  
Federica
Es fácil. A uno de estos filoprotestantes enmascarados en "trajes" católicos, en lugar de entrar en discusiones filosóficas, teológicas o pseudofiloteológicas, se le pregunta de plano: ¿crees que la Hostia Consagrada ES verdaderamente el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, sí o no? ¿Y que lo que contiene el cáliz, una vez consagrado, ES su Preciosísima Sangre? Y con lo que conteste, sobra.
26/04/15 12:56 AM

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