4.03.15

Sea "Jesús" mi último aliento

Si a mis 25 años alguno me hubiese anunciado que a mis 55 estaría limpiando, lavando ropa y cocinando para extraños en mi propia casa, le hubiese estampado en su cara una carcajada.

Y no es que ahora reniegue de ello, muy al contrario, con sobrada alegría y gratitud lo hago ya que el Señor alimenta mi cuerpo y mi alma a través de este trabajito que tengo.

En fin, que nunca nada termina siendo –ni de lejos- como uno lo espera ya que sobre nada tenemos control. 

Claro! Luego de escuchar los propios reproches se vienen a la cabeza los 21 mártires de Siria y, de sopetón, baja uno la cabeza avergonzado. 

Aquellos hombres ante el verdugo, amar, creer, perdonar y esperar fue lo único sobre lo que, por gracia, tuvieron control; fue su única posesión antes de que les arrancaran de un tajo la cabeza.

Cosa que no consideraron los monstruos de ISIS es que, de esa forma, les permitieron tenerlo todo. ¡Absolutamente todo! Tanto así que les sobró aliento para exhalar: -“¡Jesús!”

Cuentan las noticias que entre ellos había un no cristiano originario de Chad que se convirtió al ver la gran fe de sus compañeros. A su verdugo dijo: - “Su Dios es mi Dios”

Así concluyó su vida.

No tiene mayor importancia cómo se conduzca la vida con nosotros. No importa si a veces nos parece ingrata o absurda o si, por la misma razón, nos enfadamos con el Señor para luego pedir perdón bañados en lágrimas. ¡No importa!

Lo que de verdad importa -ya que es lo único que a la vida le da sentido- es que sea el Señor la razón por la que respiro y que, por lo mismo, sea “Jesús” mi último aliento.

15.02.15

¡Cómprate un frasquito de perfume!

Alrededor del milagro de la multiplicación de los panes ronda el reclamo del Señor ya que, habiendo visto los discípulos sin número de hechos prodigiosos, todavía dudaban; por eso, cuando hallaba fe en los extranjeros, les regalaba con lo que pedían no sin destacar públicamente la gran fe de aquellas personas. 

Recuerdo tantas discusiones acerca de la veracidad de los milagros de Jesús. Recuerdo que yo misma dudé. Sé que muchísimos dudan de sus milagros. 

Este año mi hermana perdió su trabajo. Un día se hallaba con fiebre en cama. Llorando me decía que se sentía muy mal porque, además, solo teníamos $4 en la cartera.

Preocupada por su salud y abrumada por la noticia, debí dejarla desconsolada mientras cruzaba la calle para traer sus medicinas del Seguro Social ya que estaban a punto de cerrar

Lo recuerdo vívidamente. Justo al poner el pie en la acera opuesta miré al suelo y había un rollo de billetes al que le puse el zapato para evitar que se lo llevara el viento.

Miré a un lado y a otro para ver si había alguno a quien se le hubiera caído pero, no, nadie había. Ni un alma. Así que lo tomé y lo eché en la bolsa del pantalón sin mirar. ¡Total!  Era solo dinero. Lo mismo pude haberme inclinado si hubiera sido basura tirada. 

Llegué a la ventanilla, retiré las medicinas y de regreso las coloqué junto con el dinero al lado de mi hermana.

-“Qué es esto?”, preguntó.

- “Plata que encontré!”.

Después de contar el dinero dijo: - “Ay, Crucita! Esta plata le debe estar haciendo falta a alguien!”

- “Cierto!”, dije asustada mientras me llevaba la mano a la boca. “Tenés razón! Voy a regresar y le diré al secretario que si alguien llegara diciendo que se le perdió un dinero que me busque para devolverlo”

Esperamos hasta el día siguiente a la misma hora y como nadie presentó reclamo lo utilizamos para la comida, pero –además- pedí a un sacerdote que ofreciera misa por quienes lo perdieron ya que, mi hermana y yo, de solo pensar que fueran niños o algún anciano que se quedaran sin comer, nos estremecíamos.

Aquél rollito eran $80. Cuando se terminaban me gané $40 en una de esas rifas que uno compra tan solo por colaborar. 

Cuando éstos llegaban a su fin, yendo a comprar el pan con las últimas monedas, pedí al Señor me regalara tan solo un poquito más para estar un poquito más holgada.  

En ese momento me di perfecta cuenta de mi audacia pero, dado el resultado, me parece que al Señor le pareció bien ya que, mientras caminaba, miré al suelo y había $12.

En este momento no sabía si llorar o reír a carcajadas. 

Hoy, varios meses después de este y otros milagros, leí de Marisa Cuerda lo siguiente:

Cómprate un frasquito de perfume y si la alegría se ha escapado, aspira de ese perfume, pero que nunca te falte la alegría. El perfume puede ser cualquier cosa, cualquier milagro”

Ahora lo tengo claro, aquellos milagros de Jesús fueron reales como lo son los que realiza en el presente. Nos los ha venido regalando para que le reconozcamos como Hijo de Dios pero porque bien sabe desde siempre que podría faltarnos la alegría.  

Aquél día la muchedumbre caminó de regreso a casa a lo mismo de siempre pero alegres ya que ahora tienen un frasquito de perfume igual al mío.

Filipenses “4 Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. 5 Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca. 6 No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. 7 Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús”.

4.02.15

Mártires en la Iglesia y paramédicos en la Cruz Roja

Tuve una interesante conversación con un paramédico que tengo de inquilino en casa.

Mientras me relataba apasionadamente los pormenores de su trabajo me daba cuenta que lo suyo es una vocación.

Entusiasmada, narró lo que, a muy corta edad, fue su primer contacto con la Cruz Roja y el Cuerpo de Bomberos allá en su tierra natal. –“He ahí! Lo tuyo es vocación, es decir, un llamado de Dios!”.  

Se le iluminaron los ojos y, como es creyente por mera gracia de Dios (ya que ni siquiera ha recibido la Primera Comunión), pude ver en su rostro que, a través de mis palabras, había recibido confirmación del Señor a quien, dicho sea de paso, ama entrañablemente.

Fue muy interesante ya que, ese mismo día, tenía programada una entrevista para una vacante que solicitó en la Cruz Roja dentro de la ciudadela León XIII, un barrio de los más peligrosos de la capital.

No consigo ponerme en su lugar pero es claro que le apasiona colocar por sobre su propia seguridad la de quienes podrían necesitarla.  

Y, es que, me pregunto, estaría un paramédico atendiendo las exigencias de su vocación si privilegiara su plan para el día o la “eficaz  puesta en práctica de los planes estratégicos institucionales” por sobre lanzarse en medio de la balacera a salvar vidas humanas? Pues no, no estaría respondiendo a su vocación como podría no estar respondiendo un consagrado que privilegiara el “eficaz cumplimiento del plan pastoral diocesano” por sobre la gracia de haber recibido el encargo específico del Señor para llevar la Buena Nueva mediante el contacto personal.

Yo, que soy un simple laico, tan solo observo los frutos que producen acciones concretas como, por ejemplo, párrocos que por cumplir con el “plan” no tienen tiempo para ofrecer el perdón de los pecados o que, por para dar mayor “contenido pastoral” a la santa misa, improvisan.

Dichas acciones me dan mala pinta, tanta como me la dan las de otras denominaciones cristianas que, por ser “muy pastorales”, día a día y a grandes pasos se alejan de las enseñanzas del Maestro.  

Solución no le veo a corto plazo, sin embargo, la gracia podría ofrecer algunas pistas a quienes prestaran atención a lo que sucede en otras diócesis y parroquias del mundo en las que se ha privilegiado, por sobre el “plan pastoral”, la gracia del contacto personal.

Que es otra realidad la suya? Lo es, pero allá –lo mismo que aquí-  somos todos pecadores.

Cielo bendito! Es tan complejo comprender que el único “plan pastoral” que necesitamos es que los consagrados, arriesgando sus vidas a nuestro lado, allanen el camino del Señor para que, por gracia, seamos liberados de los estropicios que provoca el pecado?

Que así como los paramédicos, por gracia, arrebatan nuestros cuerpos de los brazos de la muerte, los sacerdotes, también por gracia, estén decididos a arrebatar nuestro ser del pecado.  

Es todo lo que necesitamos: mártires en la Iglesia y paramédicos en la Cruz Roja.

¡Eso es todo!. 

29.01.15

¡Me tiro al monte esperando todo de Ti!

Entre lo que me sucede, lo que sucede en la Iglesia y en el mundo no he venido siendo yo en los últimos meses; en ocasiones hasta pensé que jamás volvería a escribir. He pedido al cielo que me diera la gracia de tomármelo con calma y, ¡glorificado sea el nombre del Señor!, ha sido así.

Se puede decir que la experiencia de poco más de un año (en la que el nivel de mis ingresos ha llegado al mínimo imaginable) ha sido venturosa en cuanto que, debido a ello, ahora no existe forma que nadie me haga decir lo contrario: Tengo Padre.

Lo tenemos. Un padre que ama entrañablemente y educa con máxima delicadeza y, dado que nos capacita con su gracia, espera de nosotros lo mejor.

Al principio, esa “capacitación” es desconcertante ya que, dentro del desvalimiento, nos damos cuenta que no es que nos auto-educamos, ni nos educa el mundo sino nuestro Padre a cuya pedagogía –por gracia- responderemos con amor o, simplemente, huyendo.

No he huido, me he quedado para ver de qué se trata esta nueva experiencia ya que nunca había debido dinero ni me lo han debido.

Como le decía a Alonso Gracián: tras el desconcierto, el temor y la furia río con sabrosura no solo por lo absurdo de la situación sino porque detrás de cada preocupación (de la que por gracia me despreocupo) el Padre me presenta algún hecho difícil de describir como lo es cada cada plato de comida que con insignificantes recursos preparo e ingiero con gratitud, satisfacción y gozo hasta ahora desconocidos. “Es como un milagro!”, me digo, “un verdadero milagro este bendito plato de comida tan sabrosa”.

Bajo el influjo de tanta bondad, verdad y belleza, de lo último que me ha inspirado el Señor ha sido tirarme al monte en busca de sustento. Hace unos días regresé de un paseo por los alrededores con una cesta conteniendo zanahorias, chayotes, romero, orégano, bananos, limones agrios y dulces, naranjas y elotes. ¡Cuánta abundancia!

Reflexionando en ello comprendí que ese “tirarme al monte” siguiendo su inspiración fue haberle dicho: - “Padre: con mis propios ojos observo que provees a las flores y las ardillitas del bosque. ¡Me proveerás de lo necesario!”

Ese fue el total abandono que el Padre había estado esperando de mí.

Aquella cesta colmada fue contundente certeza.

Estoy muy agradecida ya que, desde aquél día, ese ha sido el movimiento de mi alma en cada nueva situación de carencia:

¡Me tiro al monte esperando todo de Ti!

¡Opa!

Como les decía, no he venido siendo yo pero, tal parece, ha sido una situación temporal; volví a escribir y, definitivamente, sigo siendo yo.

NOTA: Cierto, muchas cosas que suceden en la Iglesia y en el mundo también capturan mi interés y aunque podría manifestar mi punto de vista en este blog la inspiración que sigo es la de compartir con ustedes mi experiencia con la gracia. ¡Sabrá el Señor para qué!

20.01.15

Remitíos a los frutos y mordeos la lengua

Pienso que no es casualidad que el domingo pasado, como mencioné en la entrada anterior, una madre del Camino neo-catecumenal de convivencia en casa compartiera conmigo su preocupación por la mayor de sus hijas, una mujer misionera del Camino y no mucho mayor de 30 años,  embarazada de su sexto hijo.

La madre, mi amiga, evidentemente preocupada por la salud de su hija y el bienestar de sus nietos, pudo haber utilizado respecto a su descendencia expresiones como la utilizada por el papa el día de ayer ante la prensa, la que -no solo se me habría clavado en el alma como un puñal- sino que habría sido un puñal en su corazón de madre de familia numerosa y abuela; pero el caso es que mi amiga no dijo una sola palabra que expresara su preocupación a la manera del papa. 

Es claro que cuando la prensa o cualquier otra persona lo ponen a uno entre la espada y la pared respecto a lo numeroso de las familias católicas se responda desde las emociones; es natural, pero no lo conveniente ya que las emociones no expresan lo que uno verdaderamente piensa por lo que, viniendo del papa, una frase suelta hace más daño que bien a las familias católicas de las que -de paso- se mofaran en sus barrios y en sus trabajos, pero también a la Iglesia.

Ninguno de nosotros, ni siquiera el papa, debería permitirse frases que maltratasen a nadie. Es mero ejercicio de virtud que se nos exige a todo hijo de vecino. Por qué no vendría bien que el papa se ejercitara?

A todo católico sobre esta tierra le será necesario reconocer que dichas expresiones responden no a la realidad sino a nuestra preocupación ya que la realidad es que las familias católicas numerosos y, particularmente las familias del Camino neo-catecumenal, son sobrenaturalmente responsables y que no hay quien los supere en gracia recibida para aprender a fiarse de la Divina Providencia.

Es que acaso para demostrar lo eficaz de la gracia no basta el que sus hijos lleguen a ser de adultos magníficos seres humanos?

“Por sus frutos los conoceréis” Mt 7, 20

¡Remitíos a los frutos y mordeos la lengua!