15.04.16

"Pedro, ¿acaso, nos amas?"

Dos noches consecutivas dos zarigüeyas diminutas, interrumpiendo la quietud de la noche, han llegado a meterse dentro la casa buscando frutas o verduras para alimentarse.

Las hemos sacado entre gritos y sobre saltos, por lo que esta tarde me di a la tarea de guardar frutas y verduras pero también a buscar el lugar por dónde ingresan, tras lo que descubrí que lo hacen por el armario de las herramientas.

Cavilando sobre cómo evitar que abrieran de un ligero empujón esa puerta que no tiene cerrojo, miré hacia arriba y observé un pequeño pero eficiente picaporte.  

“El picaporte de papá!”.

Recordé que mi padre lo había puesto ahí años y años atrás por la misma razón que hoy lo necesitamos!  

Hablando de auxilios que se prolongan en el tiempo, cuando me despierto de madrugada, al rezar el cántico de Zacarías, muchas veces me sobrecoge el hecho de que no solo esté pronunciando palabras que fueran recitadas muchos siglos atrás sino que el propio Moisés, David y Abrahán estén presentes mientras las digo, que lo esté María y que Jesús lo esté así como mis amados papá y mamá.

Muy pocas cosas parecen tener importancia ante el hecho de que este cántico nos revela que somos objeto de la misma devota protección que el eterno Padre ofreciera, por ejemplo, a los Patriarcas. Si lo piensan, la sola idea es sobrecogedora. Cuánto más que es un hecho! 

Pues bien, ha sido quizá por los sobresaltos provocados por las zarigüeyas que la otra noche no podía conciliar el sueño pensando en la brutal inseguridad a la que he estado sometida desde la agonía de papá durante la cual perdí también a papa Benedicto XVI.

Es cierto, gané a papa Francisco, sin embargo, cotidianamente, el querido papa ha sido para mi motivo de intranquilidad, al punto de que su ambiguedad en aspectos fundamentales potencia mi sensación de orfandad y su vacilación al resguardar ciertos límites amplifica la incertidumbre que poseo sobre el futuro de la Iglesia, lo que es infinitamente más duro que haberme visto de improviso sin mi padre al mismo tiempo que sin papa Benedicto.

Anoche, quizá debido a la conmoción, vino a mí el recuerdo de Pedro (con esa fe suya tan particular de cuyos límites ni alcance era todavía consciente antes de Pentecostés) desafiando al Señor al pedirle que le mandara caminar sobre las aguas, andando con firmeza, primero, de seguido, dudando y luego, naturalmente, hundiéndose con probabilidad de ahogarse.

Ante la escena, quienes permanecían en la barca, han de haberse puesto frenéticos.No solo indignados por el pueril desafío de Pedro sino por haber puesto en peligro la vida al tiempo que la de sus compañeros y la de toda la comunidad. 

Las posteriores discusiones han de haber sido del tipo de quien reclama a un hermano: -“Has sido atrevido!”, “Tienes claro que en ti han delegado la máxima autoridad?”, “Acaso, no eres también padre?. Pedro, ¿acaso, nos amas?”

De este modo reflexionaba cuando sollozando angustiada me dormí empuñando el Rosario solo para descubrir al final del día siguiente que, en lo que de cuidados y amor entraña, existe el picaporte de papá del que su familia hasta el día de hoy recibe protección de las alimañas; la que, desde mi experiencia, es solo comparable con la robustez que cada mañana la gracia le infunde a la Iglesia cuando en la Liturgia de las Horas los hijos de Dios entonamos el cántico de Zacarías:

“Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, suscitando una fuerza de salvación en la casa de David su siervo, tal como lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de todos nuestros enemigos y de la mano de aquellos que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de nuestros enemigos,le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días….[ ] “

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo… 

10.04.16

Declaro solemnemente tajante oposición...

Les confieso que no tengo explicación para que diversas advertencias que he presentado tanto en público como en privado acerca de la posición de diferentes personas respecto a aspectos teológico-doctrinales hayan resultado positivas tal como lo anuncié.

Una de las primeras ocasiones fue cuando advertí a un grupo de jóvenes y al arzobispo que, de seguir por el camino que llevaban, los jóvenes tomarían el camino del filo-lefebvrismo y también del sedevacantismo y así sucedió. Ahora el arzobispo batalla con la presencia de estas personas en la arquidiócesis.

En otra ocasión advertí a una autoridad universitaria que el camino teológico-doctrinal que llevaba tendría consecuencias nefastas y, efectivamente, por esa razón perdió su trabajo.

A un sacerdote con autoridad, liderazgo y presencia en televisión le estuve advirtiendo acerca de que el camino que había tomado presentaba graves peligros y no quiso atenderme. Ahora fue encontrado en declarado acto homosexual por lo que lo han separado de su responsabilidad.

Estos son solo algunos ejemplos de tantas ocasiones en que, al final, mis advertencias –muy a mi pesar- resultan positivas.

Con dichos ejemplos solo deseo enmarcar el hecho de que he seguido la instrucción de mi conciencia acerca de advertir del error y sus consecuencias.

Les confieso que desconozco otro camino para enfrentar la mentira, porque la persistencia en el error, es una mentira injustificable. Y a la mentira, al demonio, hay que combatirlo colocando por delante la Verdad, que es Cristo, ya que Suya es la batalla y también la victoria.

Así es como, de aquí en más, declaro que me uno a las palabras del Cardenal Sarah.

“Declaro solemnemente que me opondré tajantemente a toda rebelión contra la enseñanzas de Cristo y del Magisterio”

De tal manera que, cuenten con bellas y delicadas entradas al blog pero también con algunas, también bellas y delicadas pero a la vez contundentes, ya que contendrán advertencias que lanzaré a algunas almas.

El Señor los bendiga.

Feliz domingo de Pascua.

(Sin duda) El Señor ha Resucitado! Aleluya! Aleluya!

NOTA: Se que esto me colocará en una posición marginal pero, igual, ya lo estoy. 
Quienes hayan confiado en mi lo seguirán haciendo. Los que no, pues no y que sea de mi lo que Dios tenga en sus planes.

 

9.04.16

Carteles católicos (en facebook)

Tengo un grupito en facebook que contiene sacerdotes y laicos muy bien instruidos en la fe quienes me han inspirado a crear una página que he titulado Carteles católicos en la que divulgaré aquellos que he venido elaborando, otros que haré próximamente y, además, los que encuentre en la web y que apoyen la finalidad con la que he creado la página.  

La he creado para que, con imágenes y texto, ustedes se sirvan de los carteles para divulgar breves reflexiones doctrinales, teológicas, la Palabra de Dios, citas de los Santos Padres así como de grandes santos, etc. que contribuyan a cimentar la propia fe y la de los conocidos que consigan entrar en contacto con sus publicaciones en sitios web, blogs y redes sociales.

Espero que sea una herramienta tan útil como lo ha sido la otra página que abrí hace algún tiempo que titulé Carteles y videos provida la cual ha obtenido en ocasiones un alcance de hasta 140.000 mil personas a través de una sola publicación.

Pues bien, haré todos los carteles que pueda con información vital para el tiempo que corre pero de ustedes dependerá que fluya como el viento a lo largo y ancho de la web.

Quienes tengan facebook, den ME GUSTA a la página y COMPARTAN.

Si tienen imágenes, carteles o texto que desean convertir en cartel, háganmelos llegar. Con tiempo, haré lo que esté de mi parte para hacerlos realidad. 

En las negritas de arriba coloqué los enlaces y, para dar un ejemplo de las publicaciones que estaré realizando les dejo aquí el más reciente cartel.

Muchas gracias,

 

 

7.04.16

Hallar gracia en una antena de telefonía celular

No solo mi vida está actualmente llena de obstáculos y vericuetos sino también la vida de la Iglesia; por momentos, duda uno si es que las circunstancias lo que pretenden es obligarnos a movernos de lo que aparenta ser una cómoda posición o, por el contrario, probar la firmeza de nuestras convicciones. 

El que, por ejemplo, hayan colocado dos esperpénticas antenas para telefonía celular, una al Este y otra al Oeste de mi casa, justo en la posición por donde en verano sale y se oculta el sol, me ha servido para reflexionar sobre el tema.

Por un lado, uno podría dejar fluir libremente la indignación por ver arruinado el paisaje maravilloso del que por medio siglo ha disfrutado o, podría –quizá- moverse tan solo unos cuantos pasos para continuar gozándose en el Sol.

Con la primera opción podría quizá uno resignarse a que se le “atraviesen” antenas en su vida; con la segunda, pues nada, que resulta una opción insegura, riesgosa y, hasta en algunos casos, imposible.

Este asunto de las antenas, de cierto modo sintetiza lo  que, en general, podría estarse presentando en nuestra vida y en la vida de la Iglesia que evita que nos gocemos en las promesas del Señor lanzadas desde antiguo con la idea de que nos permitieran vivir en Gracia y Libertad.  

El caso es que, me pregunto, existe algo que podamos hacer para cambiar el hecho de la existencia de la antena? Pues no. Nada podemos. Y, debido a que nada podemos, es que la existencia de la dichosa antena adquiere sentido.

Lo tiene en cuanto a que me obliga convivir con ella y, en ese acto, decir a todos Quién es Cristo para una vecina cualquiera que convive con una antena aborrecible.

San Pablo convivió, por gracia, con la espina en su carne, yo, convivo con mi antena.

Tú, quizá, podrías estar conviviendo con una enfermedad o, tal vez, con un enfermo en casa.

Tú, por otro lado, podrías haber recibido la noticia de un embarazo inesperado o, quizá riesgoso para tu salud o la de tu hijo; en cambio, tú, podrías estar padeciendo el escándalo de un sacerdote amigo encontrado en un acto homosexual o el dolor de la aparición de un pederasta en tu movimiento.

Tú, más allá, podrías estar agobiado por la conducta de tu obispo y, tú, sufriendo por lo desconcertante que es tu párroco.

Algún otro podría estar sufriendo lo innombrable debido a que, por todo lo anterior, el celo por la casa del Señor lo consume.

Y así con todos. Cualquiera podría tener cualquier cosa que ha sido permitida por el Señor quien, sin duda, tiene más de una buena razón para haberla puesto ahí.

Así es como he hallado gracia en mi antena de telefonía celular.  

11.03.16

No existe desperdicio en ser débil o hueco

Al apartar hoy las cortinas de mi ventana antes del amanecer me encontré con la multitud de luces de la ciudad que parecían elevarse ya que, sin límite visible, el cielo estrellado parecía ser uno con la tierra.

Lo que me recordó la experiencia de Forrest Gump, el joven “cabeza hueca”, durante aquella parte de la película en que purgó su dolor corriendo día y noche.

De aquella su incesante carrera consiguió reconocer y valorar su finitud debido al innegable contraste entre su oquedad y la grandiosa infinitud del paisaje.

Esta película ha llegado a ser un clásico y no creo que muchos hayan descubierto la razón.

Me atrevo a afirmar que su fascinación radica que en Forrest nos reconocemos seres inacabados; unos auténticos “cabeza hueca” con infinita necesidad de perfección la que, efectivamente, puede ser colmada pero no eludiendo el inevitable itinerario de dolor.

Dolor que, cubierto con miles de capas de ideas falsas, oculta la realidad nosotros mismos tal como sería la avidez por alcanzar perfección sobre lo que, tarde o temprano, nos damos cuenta va unido al hecho de que nada ni nadie sobre esta tierra jamás podrá ofrecerla.   

Es que, acaso, alguno no ha gemido al reconocerse tosco, fraccionado, rudimentario, tal como si el suyo fuese un estado embrionario respecto a lo que su mente se figura es la perfección humana? Quién sobre esta tierra no ha llorado al verse imposibilitado de alcanzar por sus propias fuerzas el Bien, la Verdad y la Belleza a las que su corazón aspira?

Acaso todavía no has gemido o llorado por este motivo?

Si no lo has hecho es porque te han mentido acerca de en qué consiste la plenitud humana.

Te lo explico:

“Aquello que los mentirosos señalan en ti como “debilidad” no es imperfección sino lo previsto por el Creador para ayudarte a reconocer en tu interior la impronta divina”.

Dentro, muy dentro somos como el paisaje previo al amanecer:

“En nuestro interior no existe límite entre el cielo y la tierra ya que, como las luces de la ciudad, aquello que de nosotros brilla es porque aspira al cielo debido a que le pertenece; por otro lado, aquello que de nosotros todavía no tiene parte en la Luz es la porción que gime por participar de Ella”.

Te das cuenta por qué no existe desperdicio tener en  el interior un espacio sin materia muy grande en relación con nuestro volumen o tener poca fuerza anímica o moral para soportar o afrontar desgracias o situaciones difíciles?

 «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad»
2 Corintios 9

Que el Señor, como al apóstol Pablo, nos regale la gracia para gloriarnos en ella. 

Amen