28.08.17

En la santidad de los hijos triunfa la gracia de Dios

Fácilmente uno lo puede ver en las familias. Me refiero a que, por ejemplo, de unos padres impecables, resultan hijos aborrecibles sin que nadie encuentre explicación más que el pecado de soberbia.

Hijos santos e hijos necios, es el resultado en la mayoría de las familias.

Lo mismo sucede con la Santa Madre Iglesia católica en la que encontramos hijos que honran la santidad de la Madre tanto como quienes la deshonran dando a conocer a la Madre desde la perspectiva de su particular subjetividad.   

Santa y pecadora, si, pero santa debido a los hijos que honran a la Madre y, pecadora, por quienes, incluso con autoridad, la deshonran toda vez que la lanzan en brazos del mundo; tal como cuando promueven el matrimonio igualitario, la homosexualidad, la anti-concepción, la comunión a los adúlteros o como cuando, flagrantemente, permiten abusos en la liturgia o, disimuladamente, impiden celebraciones de quienes se acogen a lo estipulado en Summorum pontificum.

Cientos, por miles, se cuentan sus pecados! Algunos de los cuales no tienen nombre.

Uno tras otro van sumando sin que podamos hacer nada debido a que –a diferencia de ellos- tenemos respecto por el Misterio que la ha engendrado y la constituye.

Misterio que produce respeto ya que, si existe la Santa Madre Iglesia católica, es porque ha sido fundada sobre el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor hacia quien, con la vida pagamos lo que de adoración y obediencia merece.

En resumidas cuentas, respeto hacia la acción de la gracia que suple hasta en las aborrecibles acciones de sus hijos más despreciables.

Cuánta gracia, Dios mío, y cuánto es su poder, Dios Creador nuestro, para que, pese al sinnúmero de innombrables pecados, ella funda y renueva todas las cosas.

Oh, Jesús mío! Cuánta razón tiene Santa María al pedir que oremos por el perdón de nuestros pecados y para que lleves al cielo, especialmente, a aquellos que más lo necesitan.

Ciegos! Ciegos y necios para no ver que, sobre sus pecados, el Señor, no ellos, produce excelsos frutos en los miembros que la gracia multiplica y conserva en fidelidad sometidos con todo amor a la humillación, a la persecución y el martirio.

Hijos necios, incapaces de admirar que, por sobre su pecado y justo por él, es que vemos al Señor triunfar en la santidad de los hijos.

Hijos santos, en quien triunfa la gracia de Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

9.08.17

29.07.17

María lo pensó primero

Saben? Siempre me ha causado cierto infantil regocijo el relato de las bodas en Caná al ver a la Madre tomando la iniciativa en el anuncio del Reino. 

Es que ella, parece siempre pensarlo todo primero; antes que los demás.

Conmigo, que me haya dado cuenta, lo hizo el día en que –súbitamente- mi madre enfermó y que, no sé quién, puso un rosario en mis manos, el que me acompañó desde ese día hasta el final del duelo.

Dejé el rosario por mucho tiempo y siempre me he preguntado por què.

No sé bien, quizá porque estuve pagada de mi misma; porque –probablemente- todo me iba bien.

Tampoco es que, cuando –de nuevo- empezaron a ir mal las cosas, fue que lo retomé.

No. Todavía mi cabezota no fue capaz de entender lo que se me estaba diciendo aun cuando todo indicaba que era necesario rezar.

Lo tomaba un día y a la tercera Avemaría quedaba dormida. Otro día, y era roncando al tercer misterio. Dos semanas después y, lo mismo.

No se entiende, en realidad, la falta de perseverancia y, antes que eso, esa falta de amor.

Pues, bien, de poco tiempo para acá he mejorado notablemente y no por mérito propio sino porque, quizá debido a la urgencia, la propia Madre se me ha vuelto a adelantar al alcanzarme del cielo aquello que aprovechara a mi alma y a la de aquellos para quienes pido su intercesión.

Me parece que el asunto se aceleró cuando un día le abrí mi corazón para pedirle perdón.

Si, pedí perdón a la Madre en un par de temas pendientes entre nosotras.

Una vez reconciliada, advertí notable mejoría; tras lo que, con gran entusiasmo, en el momento en que me enteré, me uní a la iniciativa del cardenal Burke en el rezo del rosario el primero de cada mes, entre cuyas intenciones se encuentra pedir al Señor que suprima de manera completa y definitiva la reinante confusión en de la Iglesia.

Desde entonces, me ha quedado muy claro que la Madre, ha ido siempre por delante:

- en alcanzarme la gracia para pedirle perdón

- en un mayor amor a Dios y, lo que no deja de maravillarme, un párroco como Dios manda

- en poner en mis manos un librito titulado “José, el esposo de María”

- en acercarme a personas con gran fidelidad a Cristo, devoción a la Madre así como al Sagrado Corazón de Jesús

- en rodearme de soledad, silencio y tiempo suficiente para reflexionar y orar

- en regalarme diversas incomodidades para que fije mi mirada en Quien es todo lo nuestro

- en desear unirme a Cristo en su sufrimiento redentor

- en  darme entender lo que se espera de mi durante un período desfavorable en la vida de la Iglesia

- en moverme a misa, hora santa y sacramentos frecuentes

- en alcanzarme del cielo amor por el papa para que, de esa manera, pueda a orar por él con caridad y, lo que constituye la cereza en el pastel,

- equiparme, a través de María Trinidad (una buena amiga linarense poseedora de un nombre extraordinario), con un rosario bendecido en Fátima para el centenario de las apariciones.

Una preciosidad, dicho sea de paso; tan bello y eficaz como podría ser la mejor espada de Juana de Arco, la más bella y delicada “florecilla” o la mejor epístola de Catalina de Siena.

Como he dicho, la Madre se adelanta en todo, incluso, a nuestra fragilidad; porque no es que haya alcanzado ningún grado de perfección en nada de lo anteriormente dicho. Soy un neófito, apenas.

Observen sus propias vidas; hagan un listado al igual que yo y, verán que es cierto lo que digo.

A la Madre, el Señor le ha dado la Gracia para –incluso- adelantarse al Hijo.

No iba a dársela para que se nos adelante, también?

San Alfonso Ma. de Ligorio, en su libro “Las glorias de María” cita a San Alberto Magno cuando aplica a MARÍA aquellas palabras de la Sabiduría (6, 14): Praeoccupat qui se concupiscunt, ut illis se prior ostendat. (Se anticipa y viene a buscar aun a los que no la buscan. Antes de llamarla ya està ahì.)

28.07.17

"Los cristianos no pueden regresar a las catacumbas" Card. Müller

Sin temor a equivocarme puedo decir que, Papa emérito Benedicto XVI eligió al Card. Müller para sucederle como Prefecto en la Congregación para la Doctrina de la Fe, porque deseaba darnos a quien sabría adelantarse al espíritu de los tiempos; sin embargo, recientemente han prescindido del servicio del cardenal, tras lo que ha ofrecido una entrevista muy clarificadora sobre el papel de un obispo, un cardenal y de quien le suceda como prefecto y, con ello, el papel de todo fiel católico. Dicha entrevista la encontraràn en Infocatólica. De allí cito textualmente:

“Los cristianos no pueden regresar a las catacumbas. La dimensión misionera es fundamental para la Iglesia católica. No podemos evitar las batallas actuales. Cristo dijo que Él no había venido al mundo para obtener una paz superficial, sino para desafiarnos, para que los cristianos obtengan la gracia para vivir siguiendo el camino que Él indicó. Y tenemos que hacerlo cuando las condiciones, como las de hoy, no son favorables”.
Card. Müller, para Il Foglio, julio 2017

Por estas latitudes, antes el invierno era que, hacía sol en la mañana y en la tarde llovía; sin embargo, ahora es que, amanece lloviendo y llega la noche para seguir en lo mismo. 

Aquí donde vivo llevamos cerca de dos meses a ese ritmo y, parece mentira, pero ya el cuerpo sufre las consecuencias de la poca luz, el frío y la humedad. 

El clima marca como una especie de ausencia de vida que va minando el ánimo hasta la próxima vez que el sol se deja ver. Quienes salen a trabajar no lo notan tanto como los que trabajamos aquí mismo.

Este invierno atípico mucho me dice sobre el actual clima eclesial. 

Cuando no hay suficiente luz solar, como ahora, quienes estamos atentos a los cambios en la naturaleza notamos que las plantas crecen muy altas y rápidamente. Hay que ver lo rápido y alto que crecen!

A nosotros la gracia nos desafía a que, cuando no hay suficiente luz, crezcamos alto y rápidamente hasta encontrarLa.

Nosotros, como las plantas, la luz que buscamos está en lo alto, en el cielo, en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. No hay otra luz fuera de Él.

Unos, consideràndose luz, dicen que debemos seguirlos porque la luz está en lo que piensan y, otros, en lo que hacen, pero no, la Luz está de lo alto. Es allí donde hemos de volvernos para, como las plantas, crecer alto y rápido.

En todo caso, si siguiéramos a algunos, sigamos a quienes no muestren signos de luz artificial sino que, señalándonos la luz, nos hagan volvernos hacia ella; para lo cual hace falta la gracia del girasol. 

Pidamos ser como girasol que sabe de Quièn recibe la luz, la verdadera vida. Pidamos esa gracia. 

Somos como las plantas que necesitan la luz del sol. No luz artificial como la de que somos capaces sino la de Quien es el Sol por antonomasia.

A todo esto… y, si la Parusía fuera mañana? Podríamos decir como Simeón: - Señor, según tu promesa, ahora puedes dejar a tu siervo ir en paz porque mis ojos han visto a tu Salvador: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel?

“Los cristianos no deben regresar a las catacumbas” ha cicho el Card. Müller. Yo digo que no debemos hacerlo porque hasta allí no llega la luz del Sol. 

Hemos de salir a dar la batalla así la tierra se encuentre en penumbras.

Así, por gracia, creceremos alto y rápidamente. 

 

16.07.17

Ay! Si papa emérito hablara!

Me sucede como a papa Francisco que tengo una familia de zarigüeyas viviendo en el cielo raso.

Me pasa como al papa en el sentido de que no solo las he permitido sino que, siendo la administradora, no he sido lo eficiente que he podido ser para exterminarlas y, no es que las mataré porque –para empezar- en mi país es prohibido, pero, al menos me declaro culpable de no haber puesto mayor empeño en expulsarlas.

Tengo la ventaja sobre el papa Francisco de que al menos me doy cuenta de mi error ya que, si estuviera como el papa, verdaderamente convencida, acerca de que convivir con zarigüeyas que se mean sobre mis inquilinos es un desafío necesario a nuestra excesivamente acomodada forma de vivir, estaría en verdaderos problemas; tal como estamos. 

Como les digo, la única ventaja que tengo sobre el papa, es que mi amor por mi casa y el respeto que debo a mis inquilinos, pueden más que yo. 

Es la razón por la que prometo poner fin al asunto de las zarigüeyas.

Hablando de poner fin, se me antoja contar que anoche dormí muy mal por noticias relacionadas con el cardenal Schönborn y el papa emérito Benedicto, por lo que tomé el rosario para rogar, como es habitual, por el papa Francisco así como por las intenciones del cardenal Burke en su iniciativa Tormenta celestial, una de las cuales consiste en suplicar al Señor arroje la confusión fuera de la Iglesia.

Al despertar vino a mi memoria que algún exorcista dijo de Benedicto que el demonio le teme u odia como a nadie.

Por qué habría el demonio de hacerlo si ahora que, por convicción papa emérito, se mantiene al margen del inminente hundimiento de la barca de Pedro, poca cosa podría hacer en su contra?

Pues, justo por eso, porque viéndose el demonio, como las zarigüeyas, comiendo y meando cómodamente, papa emérito vendría a ser el hombre con autoridad para expulsarlas.

Pero, por qué lo haría si –convencido como está- sobre mantenerse al margen, podría ser que nunca hablara?

Lo haría porque su amor por Cristo supera el amor a sus convicciones (a menos que el derecho canónico, o cosa parecida, se lo impidiera)

- Ay! Si papa emérito hablara!

- Sí, pero, qué diría?

- Diría lo mismo que yo: - “Fuera de aquí, zarigüeyas del demonio!”

Sí, pero no se hagan ilusiones, si hablara no significaría que la vida nos sería más fácil, al contrario, podría ser que entráramos en un período de mayor inestabilidad en el que sufriríamos mucho pero lo haríamos con alegría ya que, con la intervención de papa emérito, habría quedado demostrado que el Señor ha estado siempre de nuestro lado y nosotros del suyo. Y no es que, por no hablar, no lo esté. De acuerdo?

- Ay! Si papa emérito hablara!

- Y, qué, si no lo hiciera?

- Pues, lo que queda: seguir pescando, remando y achicando hasta que el Señor despierte ya que somos personas de fe.

- Bien, Maricruz! Así se hace! Duro con las zarigüeyas!

 

Sea esta entrada una que los divierta y, aunque un poco sea producto de mis deseos y gran imaginación, renocozcamos que no es que carezca de reales probabilidades.

Ya Dios dirá. Nos baste su gracia.