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19.03.16

Ecumenismo: Pelillos a la mar...

El P. Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, cree llegado el momento de dar un paso de calidad en el ecumenismo. Le parece que el V Aniversario de la Reforma supone una gran oportunidad para ahondar en ese camino hacia la unidad. Y en su quinta de predicación de Cuaresma, afirma dos cosas:

las cuestiones que provocaron la separación entre la Iglesia de Roma y la Reforma en el siglo XVI fueron sobre todo las indulgencias y la forma mediante la cual se produce la justificación del pecador.

Y:

Las formulaciones doctrinales y dogmáticas, que en sus inicios fueron el resultado de procesos vitales y reflejaban el camino coral de la comunidad y la verdad alcanzada con fatiga, con el paso del tiempo tienden a endurecerse para convertirse en ‘consignas’, etiquetas que indican una pertenencia.

No negaré que el asunto de las indulgencias -más bien su mal uso- y la justificación fueron fundamentales para que se produjera la separación. Y no negaré que a veces el dogma puede ser usado como una consigna y no como reflejo de la verdad revelada. Ahora bien, permítanme ustedes que reformule las palabras del religioso capuchino desde otra perspectica histórica:

… las cuestiones que provocaron la separación entre la Iglesia de Roma y de buena parte de las iglesias orientales fueron la divinidad y humanidad de Cristo.

Y:

Las formulaciones trinitarias y cristológicas, que en sus inicios fueron el resultado de procesos vitales y reflejaban el camino coral de la comunidad y la verdad alcanzada con fatiga, con el paso del tiempo tienden a endurecerse para convertirse en ‘consignas’, etiquetas que indican una pertenencia.

Para el P. Cantalamessa “en el diálogo ecuménico con las Iglesias protestantes pesa mucho el papel de frenado de las fórmulas". Conclusión. Dejemos las fórmulas a un lado y unámonos todos en Cristo. Pero si eso lo decimos de los protestantes, ¿por qué no decirlo de los Testigos de Jehová? ¿por qué no de los adventistas? ¿por que no…? Por ejemplo, los Testigos de Jehová creen que Cristo no es Dios pero sí nuestro Salvador. ¿No habrá que centrarse en lo que nos une con ellos en vez de lo que nos separa?

Por otra parte, hasta donde yo sé, los protestantes siguen aceptando como principios fundamentales de su fe los lemas Sola Fide y Sola Scriptura -acompañado del libre examen-. Eso significa, entre otras cosas, que su doctrina de la justificación sigue siendo solafideísta y que desechan el papel de la Tradición y la idea de que hay un Magisterio eclesial que marca la verdadera interpretación de la Revelación. Por supuesto, niegan que el Obispo de Roma sea Sucesor de Pedro e infalible. No es una cuestión de cómo se formulan esas doctrinas. Es cuestión de lo que esas doctinas implican en la vida cristiana.

En realidad, lo que subyace de las palabras del predicador de la Casa Pontificia es la idea de que el dogma, aunque pudo ser de utilidad en su momento, hoy es un lastre para la unidad. Y si es un lastre para la unidad y la unidad es algo querido por Dios, entonces es un lastre para el cristianismo en general, sea cual sea su configuración. Eso, señores míos, ni siquiera es una tesis protestante clásica. Es la tesis del protestantismo liberal y su hermano de sangre el modernismo católico.

En ese camino ecuménico al que quieren llevarnos con consignas emotivas -¿cómo no querer la unidad?, ¿cómo no querer la igualdad y la fraternidad entre hermanos separados?- los conversos son un problema. Tanto los que han dejado el catolicismo para hacerse protestantes como los que dejamos el protestantismo para hacernos católicos, somos un estorbo. Igual con los conversos desde o hacia el cristianismo ortodoxo.

El P. Cantalemessa alaba  "las muchas iniciativas mediante las cuales los creyentes de distintas Iglesias se encuentran para rezar y proclamar juntos el Evangelio, sin intenciones de proselitismo y en plena fidelidad cada uno a su propia Iglesia“. Conmovedor. 

A Dios gracias, yo no regresé a la Iglesia por la acción proselitista de ningún católico. De hecho, si hubiera tenido que esperar a que algún católico hicera tal cosa, hoy seguiría siendo protestante o quizás ortodoxo. La Iglesia Católica lleva décadas renunciando, de hecho, a considerarse como la Iglesia de Cristo. Sí, en la letra del Magisterio todavía figura esa doctrina, pero la realidad es que a la inmensa mayoría de los católicos se les ha inculcado la idea de que para salvarse da igual ser católico, que protestante, que ortodoxo. Es más, como acaba de recordar Benedicto XVI, escribiendo como teólogo privado, esa idea va más allá incluso de la propia fe cristiana:

Si es verdad que los grandes misioneros del siglo XVI estaban convencidos de que quien no estaba bautizado estaba perdido para siempre –y esto explica su compromiso misionero–, después del concilio Vaticano II dicha convicción ha sido abandonada definitivamente en la Iglesia católica.

De esto deriva una doble y profunda crisis. Por una parte, esto parece eliminar cualquier tipo de motivación por un futuro compromiso misionero. ¿Por qué se debería intentar convencer a las personas de que acepten la fe cristiana cuando pueden salvarse también sin ella?

Si ni siquiera creemos que es necesaria la fe cristiana para salvarse, ¿cómo va a tener importancia que dicha fe sea la católica, la protestante o la ortodoxa?

Comprenderán ustedes que empiece a preguntarme a qué me convertí hace quince años cuando regresé a la Iglesia. Porque la fe católica a la que creí convertirme, la fe de los padres de la Iglesia, de los santos y doctores de la Iglesia, hoy existe apenas en el papel. Ni se predica desde nuestros púlpitos, ni apenas se defiende activamente en la arena pública, ni parece que para muchos sea otra cosa que un estorbo para la unidad de los cristianos y, quién sabe, si de todos los hombres. Esa fe todavía existe -cuesta sepultar en medio siglo algo levantado por Dios en veinte-, pero estamos en pleno proceso de enterramiento

Tras leer lo que acabo de escribir, ¿creen ustedes que estoy en contra del ecumenismo? Ni por un casual. Por ejemplo, me siento mucho más en comunión con John Piper, protagonista del siguiente vídeo, que con la multitud de “predicadores” católicos que jamás predicarán lo que predica ese pastor bautista:

La musiquita del vídeo es innecesaria, pero el contenido merece la pena. Y difícilmente escucharán ustedes, hermanos católicos, lo que predica Matt Chandler, discípulo de Piper, en este vídeo. No lo escucharán ni con gritos ni sin gritos:

Como ven ustedes, no es cuestión de formulaciones. Es cuestión de cristianismo auténtico o cristianismo aguado, mundano

Santidad o muerte.

Luis Fernando Pérez Bustamante

De los pocos católicos que sí predica la necesidad de la conversión.

 

30.06.15

Estoy de acuerdo con el obispo Hilarión: debemos volver al entendimiento del primer milenio

Hilarión Alfeyev es sin duda una de las figuras más destacadas de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Hombre sabio, multifacético y con gran capacidad de comunicación, lo cual le ha llevado a ser responsable de las relaciones externas del patriarcado de Moscú. Es autor de más de 300 publicaciones, incluidos numerosos libros en ruso, inglés, francés, alemán, italiano y finés. Y además es compositor. Su Pasión según San Mateo es sencilla y llanamante una maravilla. Valga como ejemplo el vídeo del principio de esa obra.

En la entrevista concedida al Corriere della Sera y que Infocatólica ha traducido para los católicos de lengua española, suelta perlas magníficas. Por ejemplo:

Como bien sabe, habitualmente el análisis y el entenimiento del cristianismo está basado en categorías y hechos europeos. Y por lo tanto, puede llevar al error. Nos enteramos de que en Holanda han cerrado miles de parroquias, mientras que se desconoce que, al contrario, se han abierto veintisiete mil iglesias ortodoxas en el mundo en los últimos 27 años, unas tres al día. Y continuamos construyendo más.

En otras palabras. Mientras que buena parte de la Europa católica y protestante muere miserablemente, los ortodoxos gozan de muy buena salud. A decir verdad, hay una Europa católica que no tiene mucho que “envidiar” a los ortodoxos. Ahí está Polonia, con un catolicismo pujante y único país del mundo donde el descenso de abortos ha sido brutal, cosa que no se puede decir de Rusia, aunque también están mejorando las cosas en la nación de Hilarión.

Especialmente acertada es esta declaración del metropolita ortodoxo sobre la Unión Europea:

Creo que es un modelo positivo su capacidad de unir diferentes países en una unión geopolíticoa. Pero veo una desviación de la trayectoria de los fundadores como el alemán Konrad Adenauer y el francés Frenchman Robert Schumann. Ellos fundaron una asociación de países cristianos con raíces cristianas. Ahora esas raíces han sido no solo ignoradas sino rechazadas en el nombre de valores secularistas y humanistas. La secularización es un fenómenos que vemos un por todas partes en Occidente. No es necesariamente algo malo. Lo es cuando muestra su forma anti-religiosa, como ocurre en gran parte de Europa. Ante la creciente presencia islámica, me parece que la Unión Europea no están posición de responder de forma efectiva. Si ustedes abandonan los valores cristianos, ¿qué pueden oponer al Islam? Piense en la familia. Si queremos una Europa fuerte, necesitamos una familia fuerte, que enfrente la desfavorable tendencia demográfica. No podemos responder a eso con matrimonios del mismo sexo, con familias donde no hay una madre y un padre.

No se puede decir más y mejor en menos palabras. Mayor Oreja, dicho sea de paso, afirmó ayer en Yuste algo parecido.

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30.11.14

¿Quién consideraría legítima una reconciliación lograda a costa de la verdad?

La unidad de los cristianos es tan deseable, que Cristo pidió al Padre por ella. Por tanto, toda iniciativa dirigida a lograr dicha unidad es loable, siempre que tengamos en cuenta que no habrá unidad verdadera posible renunciando a la verdad. Esto no lo digo yo. Lo dijo San Juan Pablo II en su encíclica Ut unum sint:

18. Basándose en una idea que el mismo Papa Juan XXIII había expresado en la apertura del Concilio, 31 el Decreto sobre el ecumenismo menciona el modo de exponer la doctrina entre los elementos de la continua reforma. No se trata en este contexto de modificar el depósito de la fe, de cambiar el significado de los dogmas, de suprimir en ellos palabras esenciales, de adaptar la verdad a los gustos de una época, de quitar ciertos artículos del Credo con el falso pretexto de que ya no son comprensibles hoy. La unidad querida por Dios sólo se puede realizar en la adhesión común al contenido íntegro de la fe revelada. En materia de fe, una solución de compromiso está en contradicción con Dios que es la Verdad. En el Cuerpo de Cristo que es « camino, verdad y vida » (Jn 14, 6), ¿quién consideraría legítima una reconciliación lograda a costa de la verdad? La Declaración conciliar sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae atribuye a la dignidad humana la búsqueda de la verdad, « sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia », y la adhesión a sus exigencias. Por tanto, un « estar juntos » que traicionase la verdad estaría en oposición con la naturaleza de Dios que ofrece su comunión, y con la exigencia de verdad que está en lo más profundo de cada corazón humano.

Dicho lo cual, el papa Francisco ha afirmado lo siguiente en Estambul (antigua Constantinopla) ante el Patriarca Bartolomé I:

La plena comunión no significa si sumisión ni absorción, sino acogida de todos los dones que Dios nos ha dado a cada uno… Para llegar a la meta deseada de la plena unidad, la Iglesia católica no pretende imponer condición alguna.

Ciertamente la fe católica no se puede imponer. El hombre es libre para aceptarla por gracia o puede rechazarla por su condición pecaminosa o por algún tipo de ignorancia invencible que puede disminuir e incluso anular su culpabilidad. Pero la verdad completa está y seguirá estando en el mismo lugar que siempre. Es decir, en el depósito de la fe que únicamente es guardado de forma completa por la Iglesia Católica. El resto de iglesias y comunidades eclesiales cristianas no lo custodian de forma íntegra. Es más, rechazan de forma abierta no pocos de sus puntos. En algunos casos, muchos.

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9.03.14

Primeras reflexiones sobre el concilio pan-ortodoxo del 2016

A falta de saber muchos datos sobre el anunciado concilio pan-ortodoxo del 2016, del que InfoCatólica informa hoy en primicia para los lectores de lengua española, quiero señalar algunos puntos que creo necesarios para comprender no solo la importancia del evento sino para aventurar posibles consecuencias desde el punto de vista de la relación entre católicos y ortodoxos.

Que estamos ante un hito histórico lo demuestra el hecho de que en más de mil años los ortodoxos han sido “incapaces” de organizar un concilio que, para ellos, será ecuménico. Es decir, desde que se separaron del Sucesor de Pedro, no han podido reunirse todos. Primera consecuencia, pues, de esta convocatoria: aludirán a la misma como prueba de que no necesitan ni Papa ni emperador -como pasaba en el primer mileno- para convocarlo y/o legitimarlo. Saquen ustedes sus propias conclusiones de lo que significa eso.

El principal problema interno de los ortodoxos hoy es el conflicto existente entre el patriarcado de Constantinopla y el de Moscú a cuenta de la aplicación del canon 28 de Calcedonia, que el patriarca ecuménico interpreta como que le da legítima autoridad sobre diócesis ortodoxas fuera de su ámbito geográfico (en un principio el Imperio bizantino), algo que Moscú niega. El asunto tiene mucha importancia para ver de qué manera se configura la situación de los ortodoxos en el continente americano y en algunas de las antiguas repúblicas socialistas soviéticas que hoy son naciones independientes. En Ucrania, por ejemplo, hay tres iglesia ortodoxas separadas por esta cuestión. Tengo muchas dudas de que se logre un acuerdo definitivo, dada la primacía REAL de Moscú sobre la primacía histórica de Constantinopla. No se olvide que los ortodoxos rusos consideran Moscú como la “tercera Roma”.

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25.09.13

¿Por qué a los ortodoxos no se les pasa por la cabeza la ordenación de mujeres?

Elena Zhosul, directora de la Cátedra de Periodismo y Relaciones Públicas de la Universidad Ortodoxa Rusa de Moscú, ha escrito uno de los artículos más interesantes que he leído últimamente. Explica cómo se ve entre los ortodoxos rusos la cuestión del papel de la mujer en la Iglesia. Y, a decir verdad, me confirma en una idea que tengo desde que tuve la oportunidad de adentrarme por los caminos de los cristianos ortodoxos al mismo tiempo que dejaba atrás el protestantismo. A saber, que el liberalismo teológico, el modernismo, no les ha afectado prácticamente en nada. No sé si son del todo conscientes de la bendición que supone tal circunstancia, pero he de reconocer que siento una sana envidia, si es que la envidia puede ser alguna vez sana.

Cito algunas frases de Elena:

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