Si según Goligorsky la protección de la dignidad y de los derechos de la persona ha de depender no del amparo de las leyes sino de voluntarios dispuestos a hacerse cargo de las víctimas, entonces no defiende una sociedad civilizada, sino la más pura y salvaje ley de la selva.
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Ayer Libertad Digital publicó un lamentable artículo de Eduardo Goligorsky, con una argumentación tan patética y tan afín a las tesis progres en lo relativo al aborto que El País podría reproducirlo sin tocar ni una coma.
En dicho artículo Goligorsky dice coincidir «en un ciento por ciento con los aspectos más polémicos» de la Ley del Aborto de 2010, una ley totalitaria -como bien señalaba anteayer Javier Mª. Pérez Roldán en La Razón- que tiene, entre otras características polémicas, las siguientes:
El columnista de LD elude referirse a la víctima del aborto: el no nacido
Goligorsky no comenta ninguno de estos puntos. Es costumbre entre los abortistas evitar referirse a la víctima del aborto, porque cualquier mención a la misma echa por tierra toda su falaz argumentación. El columnista de Libertad Digital no es una excepción. Se refiere de pasada en un par de ocasiones a «fetos», y en el último párrafo les llama «criaturas».Goligorsky no dedica ni una frase a hablar de la vida del no nacido, de su condición humana ni de sus derechos: parece que esos detalles le traen sin cuidado. En cambio, echa mano de falacias muy burdas para evitar referirse al centro de la cuestión, que es la muerte cruel y violenta de un ser humano inocente.
Goligorsky propone excluir ciertas opiniones del debate sobre el aborto
Es más: el columnista de LD sugiere vetar determinadas opiniones en relación con el aborto: según él han de ser excluidos «los argumentos dogmáticos de la Conferencia Episcopal y la cacofonía visceral de las valquirias feministas», y acto seguido sugiere que el debate se ciña«a los cánones de la racionalidad». Todo un gran demócrata, este señor… Eso sí, da la casaualidad de que la Ley Aído que Goligorsky dice apoyar al 100% recoge al completo las irracionales tesis ideologógicas de esas feministas. Por el contrario, lo que ha estado defendiendo la Conferencia Episcopal es el respeto por la vida humana desde la concepción, no sólo con argumentos éticos, morales o religiosos, sino sobre todo racionales y científicos, que son los que faltan en el artículo del columnista de Libertad Digital. Frente a ellos, Goligorsky no aporta racionalidad, sino mera propaganda y falacias relativistas:
«El ministro de Justicia, lo mismo que sus colegas y el resto de los ciudadanos pueden sustentar las creencias que más les plazcan… siempre que no empleen su autoridad, cuando la tienen, para imponerlas como norma de vida a toda la sociedad. Con el añadido de que en este caso no se trata de una creencia religiosa, sino de una filosofía tenebrosa de la vida que comparten corrientes de pensamiento de muy diversa filiación.»
¿El respeto por el derecho a la vida es una «creencia» propia de una «filosofía tenebrosa de la vida»? En fin, leer esto en un medio que se dice liberal me deja perplejo. Pero si esto resulta chocante más aún lo es, a continuación, la idea que sugiere Goligorsky: que la matanza de no nacidos con minusvalías o malformaciones es lo propio del mundo civilizado, una matanza que se da en ciertas naciones, según dicho autor, sino en «todas las de nuestra Europa civilizada, con la significativa exclusión de Irlanda y Malta». Es más: según Goligorsky, «el proyecto que desvirtúa la Ley de Aborto no tiene parangón en nuestro Occidente civilizado, pero sí lo tiene en las monarquías absolutas del mundo islámico».
Goligorsky se olvida de las políticas abortistas de nazis y comunistas
Ya puesto a atribuir a la matanza de inocentes un carácter civilizador, Goligorsky pudo incluir entre esos países civilizados a dictaduras comunistas como la desaparecida URSS (en 1988 la cuarta parte de los abortos mundiales se perpetraban allí),China, Vietnam, la Cuba de los hermanos Castro (donde esa práctica tan horrenda se lleva a cabo con absoluta impunidad durante los primeros meses de embarazo) o Corea del Norte (que tiene una de las legislaciones que más desprotege el derecho a la vida de los no nacidos). De hecho, en Polonia se pasó de una política estatal abortista iniciada durante la ocupación nazi y continuada durante la dictadura comunista, a promover políticas provida con la llegada de la democracia. ¿Cuál entiende Goligorsky que es la Polonia más civilizada de las tres?
Otro ejemplo más: en Ucrania una de las campañas abortistas más radicales se llevó a cabo bajo el lema «auswahl-freiheit» (libertad de elección»). El argumento defendido por el estadista de turno fue el siguiente: «En vista de las grandes familias de la población nativa, sólo nos puede satisfacer que las niñas y las mujeres tengan tantos abortos como sea posible.»Lo escribió Adolfo Hitler en el verano de 1942… Vamos, la repanocha de la civilización, como el siguiente texto escrito en 1943:
«Todos los medios de propaganda, especialmente prensa, radio y películas, así como panfletos, folletos y conferencias, se deben utilizar para inculcar en la población rusa de la idea que es perjudicial tener varios hijos. Debemos hacer hincapié en los gastos que provocan los niños, las cosas buenas que la gente podría haber tenido con el dinero gastado en ellos. También podrían hacer alusión a los efectos peligrosos de dar a luz en la salud de la mujer. (…) Incluso será necesario abrir instituciones especiales para el aborto, y para formar a comadronas y enfermeras para este propósito. La población practicará el aborto de muy de buen grado si estas instituciones son operadas de manera competente.»
Texto recogido en el Memorándum escrito el 27 de abril de 1943 por Erhard Wetzel, administrador racial del régimen nazi en la Europa oriental ocupada.
Goligorsky, a favor de la más brutal ley de la selva
Pero siguiendo con su penosa argumentación, Goligorsky sugiere a los defensores de la vida que se encarguen ellos de cuidar a los seres humanos cuyos derechos reivindican:
«Puesto que soy pluralista, entiendo que algunas, o muchas, personas, incluido el ministro de Justicia, estén convencidas de que esas criaturas deben nacer. Pero si es así, estas personas, incluido el ministro de Justicia, deberían involucrarse en las consecuencias sobrehumanas de sus convicciones, aunque ello implicara abandonar todas sus tareas y consagrarse al cuidado de los niños hidrocéfalos o con espina bífida cuyos padres no están en condiciones físicas, psíquicas o económicas de afrontar tamaño sacrificio.»
En sentido opuesto, y estirando su misma cínica argumentación, si Goligorsky defiende el aborto, ¿por qué no se encarga él de matar y descuartizar a las víctimas de esa horrenda práctica? Si la defensa del más primario de los derechos de la persona ha de implicar, según él, que quieres reivindicamos ese derecho asumamos el cuidado de sus titulares,¿no es lógico también que sea él quien asuma el trabajo sucio que supone ejecutar un aborto?
El problema de las falacias abortistas es cuando se trasladan a otros ámbitos. Con la misma cínica argumentación se podría sugerir, por ejemplo, que todos los que nos oponemos al abandono de niños nos dediquemos a asumir el cuidado y manutención de los niños abandonados. Y lo mismo con enfermos y discapacitados ya nacidos, ancianos y cualquier persona que dependa de otras para poder sobrevivir. Si según Goligorsky la protección de la dignidad y de los derechos de la persona ha de depender no del amparo de las leyes sino de voluntarios dispuestos a hacerse cargo de las víctimas, entonces no defiende una sociedad civilizada, sino la más pura y salvaje ley de la selva, el dominio de los fuertes y la liquidación, para más señas, de los más débiles cuando su nacimiento resulte molesto.
Elentir
Publicado originalmente en Contando estrellas
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