Filosofía y teología del Mas Allá: La muerte
Experiencia de la muerte[1]
El hecho de la muerte es patente en todos los seres vivos. Por su evidencia inmediata, no requiere demostración. Además, precede necesariamente a todo lo que está «más allá» de nuestra vida terrenal. Es, por ello, el punto de partida de la Escatología, el estudio de lo que le ocurrirá al hombre cuando haya finalizado su vida en todo lo de «acá».
San Agustín es uno de los pensadores que se ocupó especialmente de la muerte y lo hizo a partir de dos experiencias, que además del sufrimiento que sintió le hicieron reflexionar de una manera parecida a la filosofía existencialista. La primera la tuvo en su juventud, en su época de estudiante, cuando todavía no era cristiano, por la muerte de un compañero y amigo.




Después de ocuparse del poder judicial que tiene Cristo, Santo Tomás examina en el siguiente artículo de esta cuestión de la Suma, si le corresponde por sus merecimientos. Sostiene que lo tuvo por varios títulos, porque: «nada se opone a que una misma cosa le sea debida a alguien por diversos motivos; como la gloria del cuerpo resucitado le fue debida a Cristo no sólo por la congruencia con la divinidad y por la gloria del alma, sino también «por los méritos del abatimiento de la pasión». Igualmente se debe decir que el poder judicial le compete a Cristo hombre por razón por su persona divina y por la dignidad de cabeza, y por la plenitud de su gracia habitual»





