Filosofía y teología del Mas Allá: Los sacramentos de la antigua ley
Los sacramentos antiguos[1]
En la cuestión de la Suma teológica sobre la necesidad de los sacramentos, después de dedicar el artículo segundo a mostrar que no eran necesarios en el estado precedente al pecado original, se ocupa en el siguiente a averiguar si lo fueron en el estado posterior al pecado y anterior a la venida de Cristo
Como se probó en el artículo anterior, en el estado de inocencia, cuando el pecado no existía, el hombre necesitaba la gracia, que le infundía directamente Dios, para que se santificara, fuera puro y confirmado en el bien, y así alcanzara la gloria. En cambio: «después del pecado nadie puede santificarse a no ser por Cristo, «a quien Dios ha puesto como sacrificio de propiciación, mediante la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, pues Él es justo y justifica a todo el que cree en Jesucristo» (Rm 3, 25)».

En los tres primeros artículos de la primera cuestión del Tratado de los Novísimos, el último de la Suma teológica, santo Tomás se ocupa del lugar de las almas después de la muerte de una manera general, en el cuarto comienza a precisarlos. El primero es el denominado «seno de Abraham»
En su escrito sobre El mundo invisible, Newman, después de indicar que las almas de los difuntos se encuentran en otro mundo, el mundo que no captamos, en el que se encuentran los ángeles y el mismo Dios, se dice: «El mundo espiritual, a pesar de no ser visto, se halla presente; es un mundo presente, no futuro ni distante. No está sobre el cielo ni más allá del sepulcro. Se encuentra aquí y ahora»
