16.03.26

Filosofía y teología del Mas Allá: El mundo de espíritus

La realidad invisible[1]

En su escrito sobre El mundo invisible, Newman, después de indicar que las almas de los difuntos se encuentran en otro mundo, el mundo que no captamos, en el que se encuentran los ángeles y el mismo Dios, se dice: «El mundo espiritual, a pesar de no ser visto, se halla presente; es un mundo presente, no futuro ni distante. No está sobre el cielo ni más allá del sepulcro. Se encuentra aquí y ahora»[2].

Este mundo de espíritus: «ahora se encuentra oculto, pero será revelado en el momento oportuno. Los hombres se creen señores del mundo y hacer lo que les plazca. Piensan que esta tierra les pertenece y que controlan todos sus movimientos, cuando la verdad es que hay otros señores aparte de ellos»[3].

De manera que: «hay mucho más de lo que vemos. El señor ha escondido en lo visible todo un mundo de santos y de ángeles, un mundo glorioso, la morada divina, la montaña del Dios de los ejércitos, la Jerusalén celestial, el trono de Dios y de Cristo; ha escondido allí todas estas maravillas presentes, preciosas, misteriosas e incomprensibles. Lo que vemos es la cubierta exterior de un reino eterno en el que fijamos los ojos de nuestra fe». Por ella: «sabemos que lo que contemplamos es como un telón que nos oculta a Dios, a Cristo, a sus santos y ángeles»[4].

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4.03.26

Filosofía y teología del Mas Allá: Salida de las almas separadas de sus lugares

Doctrina de Santo Tomás[1]

Después de ocuparse, en los dos artículos anteriores del lugar de las almas de los difuntos, en el siguiente se pregunta santo Tomás, si pueden salir del mismo. Para responder indica que: «De dos maneras puede entenderse que uno salga del infierno o del paraíso. De una que salga de allí definitivamente y, en consecuencia, que su propio lugar ya no sea el paraíso o el infierno. Y así nadie que haya sido definitivamente destinado al infierno o al paraíso puede salir de allí».

Por tanto, con una salida definitiva, ninguna alma puede irse de estos dos lugares que se le haya terminantemente asignado de modo firme. Sin embargo, de la segunda manera de concebirse el salir el alma separada del cuerpo de estos lugares: «puede entenderse que salga temporalmente. Y en este caso hay que determinar que les corresponde según el orden natural y qué según el orden de la divina providencia, porque como dice San Agustín: «Unos son los límites de las cosas humanas y otros muy distintos los signos de los poderes divinos; una cosa es lo que se hace naturalmente y otra lo que se hace milagrosamente» (La piedad con los difuntos, c. 16)».

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17.02.26

Filosofía y teología del Mas Allá: El juicio particular

Doctrina de la Iglesia[1]

A la muerte de cada hombre, como se ha dicho más arriba, le sigue de inmediato el juicio particular, y, por tanto, es juzgado sin intervalo por Cristo. En la Escritura, a diferencia del juicio universal, no hay referencias explícitas al juicio particular.

Pero, sí implícitamente, porque como indica Royo Marín: «En multitud de pasajes bíblicos, se nos dice que el justo y el pecador reciben inmediatamente después de la muerte, el premio o castigo por sus buenas o malas obras»[2]. Así, se lee en el Evangelio de San Lucas, en el relato del rico avariento y Lázaro el mendigo, que: «Cuando murió aquel pobre, los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado en el infierno»[3]. Y más adelante, ante la confesión de uno de los ladrones, Cristo, crucificado en medio de ellos, le dice: «En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso»[4].

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2.02.26

Filosofía y teología del Mas Allá: Los lugares después de la muerte

La inmortalidad del alma humana[1]

La primera cuestión del Tratado de los Novísimos, que se encuentra en el llamado Suplemento de la Suma Teológica versa sobre a donde van las almas después de la muerte.

El artículo primero se ocupa de averiguar si son llevadas a algún lugar.

Se da por supuesto que el alma o espíritu del hombre es inmortal. Santo Tomás, en muchas de sus obras, da varias demostraciones de la inmortalidad del alma.Son de tipo metafísico, filosófico, psicológico y moral.

La de mayor certeza es la prueba metafísica. Se basa en composición metafísica fundamental de esencia y ser. Se argumenta: «Toda corrupción es por separación de la forma de la materia», que son los dos constitutivos de la esencia o naturaleza de las substancias o cosas materiales. De manera que están compuestas de materia, sujeto o soporte, y una forma, que explica todas sus características y propiedades. Cuando se separa la forma de su sujeto, se da una corrupción, la desaparición de una forma y el advenimiento de otra distinta.

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16.01.26

Filosofía y teología del Mas Allá: La muerte

Experiencia de la muerte[1]

El hecho de la muerte es patente en todos los seres vivos. Por su evidencia inmediata, no requiere demostración. Además, precede necesariamente a todo lo que está «más allá» de nuestra vida terrenal. Es, por ello, el punto de partida de la Escatología, el estudio de lo que le ocurrirá al hombre cuando haya finalizado su vida en todo lo de «acá».

San Agustín es uno de los pensadores que se ocupó especialmente de la muerte y lo hizo a partir de dos experiencias, que además del sufrimiento que sintió le hicieron reflexionar de una manera parecida a la filosofía existencialista. La primera la tuvo en su juventud, en su época de estudiante, cuando todavía no era cristiano, por la muerte de un compañero y amigo.

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