En defensa del lince
Lo copio de “Terra”, y juzguen ustedes mismos:
Hiraldo (CSIC): ‘La campaña es poco ética, de mal gusto y de poca decencia’
El director de la Estación Biológica de Doñana (EBD), Fernando Hiraldo, ha dicho hoy a EFE que la campaña de la Iglesia contra el aborto en la que sostiene que el lince ibérico tienen una mayor protección jurídica que el feto humano es ‘poco ética, de mal gusto y de poca decencia’.
El máximo responsable de la EBD, centro adscrito al CSIC que impulsa y asesora desde hace décadas políticas para la conservación del lince ibérico, ha añadido que la campaña -’de la jerarquía eclesiástica, que no de la Iglesia Católica’, ha matizado’- supone, en su opinión, ‘un gran desprecio, innecesario además, hacia los esfuerzos que toda la sociedad está haciendo para defender la biodiversidad’.
Para este científico, cuya labor ha sido premiada con galardones nacionales e internacionales y a quien recientemente se le ha concedido la Medalla de Andalucía, la jerarquía eclesiástica ha actuado en este caso ‘de forma absolutamente desafortunada, con falta de ética y con un mal gusto insoportable’.
‘Cada cual puede defender sus ideas, pero en este caso, más que con un componente ético, la jerarquía católica no sólo no ha sido ética sino que ha mostrado muy mal gusto y poca decencia; se pueden defender las ideas de cada uno con argumentos sólidos y sin necesidad de menospreciar lo que se hace en otros campos’, ha añadido.

El lunes, 16 de marzo, comienza la novena de oración por la vida, en preparación de la solemnidad de la Anunciación del Señor, que se celebra – como es sabido – el 25 de marzo. Siempre es necesario rezar por la vida, pero este año esta necesidad reviste un carácter de urgencia. Se está “gestando” una nueva ley que, lamentablemente, no apuesta por la vida, sino por la muerte; no apuesta por el amor, sino por la destrucción del otro; no apuesta, tampoco, por la justicia, sino por la injusticia máxima de privar, con pretextos de diversa índole, al no nacido del derecho fundamental a vivir.
El templo de Jerusalén contaba con un edificio sagrado, el santuario, y con grandes atrios. En los atrios se realizaban diferentes actividades; no así en el santuario, que era un espacio sagrado al que no todos tenían acceso. El santuario incluía dos partes: el Santo y el Santo de los Santos. En el Santo sólo podían entrar los sacerdotes, y en el Santo de los Santos sólo podía entrar el sumo sacerdote una vez al año.
Hoy me comentaba un párroco que, en la próxima reunión de arciprestes, tratarían sobre “las celebraciones en ausencia de presbítero”. Mi respuesta fue inmediata: “Deben ir pensando en las celebraciones en ausencia de fieles”. Creo que ése es el problema, la ausencia de fieles. Un problema difícil de reconocer, pero real. Algo similar sucede cuando se habla, ahora que nos acercamos al día del Seminario, de la crisis de vocaciones al sacerdocio. No hay crisis de vocaciones sacerdotales; hay crisis de fe. Posiblemente nos encontremos en una etapa de la historia con uno de los mejores porcentajes de vocacionados al ministerio pastoral en relación al número total de jóvenes practicantes. Cada seminarista es un milagro, porque surge, literalmente, de la nada. Quien no quiera creerme que cuente el número de jóvenes, de menores de sesenta años, pongamos por caso, que acuden a la Misa dominical.






