Una entrevista en la prensa
Me han entrevistado. Profesionalmente y de buena fe. Pero no han dicho todo lo que he dicho…, será por razones de espacio. Sólo matizo entre paréntesis cuadrados una respuesta. Saludos.
Guillermo de Juan Morado - Dtor. del Instituto Teológico San José
´Nuestra herramienta contra el aborto son los argumentos; no acudimos a manifestaciones´
“El reto es dar mayor proyección al instituto y abrirlo a la ciudad”
Guillermo de Juan Morado, en la parroquia de San Pablo. R, Grobas
A. MÉNDEZ
Párroco en San Pablo, Guillermo de Juan Morado es el nuevo director del Instituto Teológico San José, responsable de la formación académica de los alumnos del Seminario Mayor. Aborto y células madre forman parte del programa docente y en ambos temas asegura Guillermo que “nuestra única herramienta es la palabra y los argumentos; como institución no acudimos a manifestaciones”, asevera.
–¿Qué objetivos se ha fijado para los próximos tres años?
–Queremos lograr una mayor proyección del instituto y eso implica realizar más actividades abiertas al público en general. La intención es que el centro contribuya no sólo a la vida religiosa, sino también a la vida cultural de la ciudad. Será necesario colaborar con otras entidades y promocionar nuestra revista Telmus, ahora anual.
–¿Cuál es el cometido exacto del instituto teológico de Vigo?
–Se ocupa de la formación académica de los 13 alumnos del Seminario Mayor. Cursan estudios de teología durante dos años y cuatro de filosofía. Al finalizar, después de un examen, obtienen la Licenciatura en Estudios Eclesiásticos, titulación universitaria reconocida como licenciatura por el ministerio.
–¿En qué se diferencian de la formación que reciben dentro del propio Seminario Mayor?
–En el instituto hay docentes que imparten un determinado tipo de formación, mientras que en el seminario se centran en aspectos espirituales y personales.
–¿Pueden acceder alumnos de fuera del Seminario Mayor?
–En Santiago es posible pero aquí no se ha planteado porque existe un Instituto de Ciencias Religiosas dentro de la Diócesis Tui-Vigo a donde acuden profesores de religión, entre otros.

El reciente libro de Hans Küng, “Verdad controvertida. Memorias” (Ed. Trotta, Madrid 2009, 764 páginas, 42 euros), constituye la segunda entrega – y posiblemente no la última – de las memorias del conocido teólogo suizo. Hay acontecimientos que marcan una vida, que imprimen en ella una impronta tan honda que nada de lo que vendrá después y, de alguna forma, nada de lo que ha habido antes, resulta inteligible prescindiendo de ese hecho significativo. En este sentido se ha señalado – aunque algunos historiadores relativicen su importancia - la decisiva trascendencia de la llamada “experiencia de la Torre” en la biografía y en el pensamiento de Martín Lutero. Si buscásemos un “acontecimiento central” que unifique el período que abarca estas memorias (comprendido entre 1968 y 1980) habría que destacar la resolución de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 15 de diciembre de 1979 según la cual “el profesor Küng, en sus escritos, ha faltado a la integridad de la verdad de la fe católica, y por tanto […] no puede ser considerado como teólogo católico” ni puede enseñar como tal (p. 629-630). En torno a ese eje central gira todo el contenido del libro. Razón y pasión se entrelazan, porque, obviamente, el pensamiento no puede separarse de la vida. Dice Küng que ha querido “evitar ataques personales y vengativos ajustes de cuentas” (p. 695), pero resulta patente que el juicio sobre situaciones, personas y actuaciones está mediatizado por la respectiva incidencia en “el hecho” de su vida.
El Señor Resucitado se encuentra con los suyos “el día primero de la semana”. Son estos encuentros, estas apariciones, las que, bajo la acción de la gracia, hacen nacer la fe de los discípulos en la Resurrección.
San Pablo, en la Carta a los Colosenses (3,1-4), expone las consecuencias que tiene para nuestra vida la Resurrección de Jesús: “Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba”.
En la Carta a los Romanos, San Pablo considera el carácter definitivo de la Resurrección: “Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más” (cf Rm 6,3-11). Su muerte fue un morir al pecado “de una vez para siempre” y su vivir “es un vivir para Dios”.






