El Seminario de Dublín: ¿Hasta dónde vamos a llegar?

He leído en Infocatólica: “Plaga de homosexualidad promiscua en el seminario de Dublín”. Obviamente, Infocatólica no se ha inventado la noticia, sino que se remite a la agencia Efe.Y leo la noticia y me entran muchísimas dudas. Dice, la noticia, que la Archidiócesis suspenderá temporalmente el ingreso de nuevos estudiantes, ante la sospecha de que se ha extendido, en ese Seminario, una cultura “gay”.
Y yo me pregunto: ¿Qué es eso de suspender temporalmente el ingreso de nuevos estudiantes? ¿Es una cuarentena? ¿Merece el honor de los nuevos estudiantes el que se pase por encima de los actuales estudiantes?
Que manden a los nuevos estudiantes a Roma, está muy bien. ¿Pero, los que ya están en el Seminario de Irlanda, merecen ser señalados públicamente como personas “dudosas” en el ámbito moral?
Yo me imagino que, los alumnos del Seminario de Irlanda, puestos bajo sospecha, se irán. Vamos, no les queda otra opción. Por mucha vocación que tengan, no les cabe otra opción. Se irán.
Tendrán que irse. Son, hagan lo que hagan, sospechosos.

Los valientes “soldados” del Daesh han llevado a cabo una acción “heroica”: asesinar, arrodillado, a un sacerdote de 84 años. Con el morbo añadido de filmar ese crimen.
Experimentar la amargura, la pena, la aflicción y el disgusto, es compatible con la fe. Vivir amargados, resentidos, frustrados, creo que no lo es.
Los responsables de las campañas anti-tabaco, que, a la hora de cobrar impuestos por el consumo del mismo, no hacen ascos a nada, han diseñado unas cajetillas trágicas. Me hacían pensar, esos diseños, en las antiguas “tablas de ánimas”: Las pobres almas del purgatorio padeciendo entre llamas purificadoras. Es verdad que el aviso era certero: “Si pecas, ya sabes a lo que, en el mejor de los casos, te expones. A purgar graves penas”. ¿Habrán evitado los pecados esas tablas? Quizá sí, al menos en parte. Quizá no del todo.
Hoy se exalta el orgullo, la vanidad y el exceso de estimación propia. Y, yendo a las raíces, no hallo la causa de tanto arrebato. No es bueno, en líneas generales, envanecerse de nada. El que es más listo, si presume de ello, parece más tonto. El que es más alto, si presume de ello, igual.






