«Casamos parejas heterosexuales»
Boletín parroquial de la capilla “Santo Cristo de la expulsión de los mercaderes del templo”
“Querida comunidad parroquial: deseo deciros que en nuestro templo estamos dispuestos a bendecir en unión matrimonial, con Misa de Esponsales y bendiciones en latín, a relación retrógrada, heterosexual, anticuada, heteropatriarcal, basada en valores y virtudes tradicionales como la custodia de la pureza hasta el matrimonio y todo eso. Como requisitos indispensables deberán tener, el varón, cromosomas XY y la mujer XX, identificándose ambos tanto psicológica como espiritualmente con el sexo asignado por Dios al nacer, sin re-significación de este concepto.
La ceremonia, cargada de inciensos y cánticos medievales, estará rodeada de una simbología machista donde la novia se llevará todas las miradas al ataviar, con pudorosa belleza, su hermoso vestido blanco gracias a los cánones provenientes de una sociedad hetero-normativa.
El futuro esposo oprimirá a su mujer trabajando de sol a sol para llevar los ingresos al hogar, de modo tal que toda la actividad de su esposa se centre en la de parir, cuidar y educar a los niños que Dios les envíe en los principios machistas heteropatriarcales de la caballerosidad para los niños como, por ejemplo, permitir primero el paso a las damas, pagarles las invitaciones o decirles lo bien que se ven, demostrando así la admiración y protección debido a su condición de sexo débil, esperando a cambio una sonrisa, un guiño de ojos, o nada.
A las niñas, bajo los mismos principios, deberán educarlas bajo los mismos planteos retrógrados y cavernícolas del “uno con una para siempre”, haciendo especial hincapié en la femineidad, delicadeza y dulzura de una madre cristiana.
Dios los guarde. El párroco".
Que no te la cuenten…



«A tres tiros de ballesta de la taba indígena y en despejado otero que dominaba la cinta brillante del río, Don Juan de Salazar y Espinoza, con la espada desnuda, la cabeza destocada y el amarillo pendón de Castilla desplegado ante la hueste, cumplía el rito impuesto por la pragmática castellana tomando solemnemente posesión de la tierra nueva en nombre de la católica y cesárea magestad de Carlos V. Nacía Asunción bajo un vuelo jubiloso de pájaros y el escribano Amador de Montoya labraba el acta de fundación. A pocos pasos, los carios estupefactos contemplaban el espectáculo con sus ojos oscuros»[1].





