XXI Aniversario de mi Ordenación Sacerdotal
La primera palabra
que asoma a mis labios
es siempre gracias.
Cuando veo el altar,
sus cirios encendidos,
y la hermosa asamblea,
hermosa por ser tuya, Jesús,
y pienso que también es mía,
y que tu altar es el mío,
y tus palabras mías también son,
¿qué quieres que diga?
¿Qué puedo yo pensar?
Antes que cualquier pensamiento
la primera palabra
que asoma a mis labios
es siempre gracias.
Cuando tomo asiento cerca
del pecador arrepentido,
y escucho que el miedo cede
y da paso a la confianza;
y veo que los ojos brillan
con lágrimas de un gozo de pascua;
y de sus guaridas huye el diablo
incapaz de la luz con que le hieres,
¿qué quieres que diga?
¿Qué puedo yo sentir?
Antes que cualquier sentimiento
la primera palabra
que asoma a mis labios
es siempre gracias.
Cuando recibo a aquellos dos,
que tanto se han amado y se aman:
ella, hermosa como princesa,
él, galante como un rey;
y les veo esperar de mi boca una voz
que enlace su amor con el de Dios;
y sé que la Iglesia me pide
que sea testigo cualificado
de ese fuego que les une
y que les funde en el Eterno,
¿qué quieres que diga?
¿Qué puedo yo cantar?
Antes que cualquier melodía
la primera palabra
que asoma a mis labios
es siempre gracias.
Cuando tomo en mis brazos
aquella pequeña criatura,
toda vestida de Pascua,
que tan a menudo duerme,
y que sólo sabe confiar.
Y los papás y los padrinos,
felices e impacientes,
aguardan que la Iglesia
reciba su hijo como propio,
y que, del agua y del Espíritu
renazca para ya nunca morir,
¿qué quieres que diga?
¿Qué puedo yo imaginar?
Antes que cualquier maravilla
la primera palabra
que asoma a mis labios
es siempre gracias.
Cuando me acerco al lecho
de uno que ya agoniza,
y en su mirada entreabierta
me dice, sin duda alguna,
que ya no ve tanto este mundo
sino aquel otro que se le acerca;
y con solemne gesto le unjo
bendiciendo sus manos y su frente,
por despertar aún más la fe en el alma
y en su rostro, una sonrisa,
¿qué quieres que diga?
¿Qué puedo yo recordar?
Antes que cualquier recuerdo
la primera palabra
que asoma a mis labios
es siempre gracias.
Sí, mi Señor y mi Dios:
Gracias, Gracias y Gracias.
Gracias que me has dado
para ser ministro tuyo,
y gracias que yo te doy,
por ser ministro tuyo.
Sí, mi bendito Salvador:
Gracias, Gracias y Gracias.
Lo bueno sea para tu honra;
lo malo para mi conversión.
Jesús: te amo.
Jesús: misericordia.
Jesús: alabado seas, y amado y obedecido.
Amén.
- Fr. Nelson Medina, O.P.
[Recibí la ordenación como presbítero el 21 de Marzo de 1992, de manos de Mons. Leonardo Gómez Serna, O.P.]
16 comentarios
Que Dios le siga bendiciendo.
en medio de la actividad diaria,
me siento un rato a descansar
mientras oigo a fray Nelson
... la primera palabra
que asoma a mis labios
es siempre gracias.
Cuando pienso en sus horas de estudio
y ante el ordenador,
o con la cámara de video
y el micrófono en mano,
...la primera palabra
que asoma a mis labios
es siempre gracias.
Cuando veo su generosidad y perseverancia
dia tras día y año tras año
viajando, predicando y compartiendo todo,
...la primera palabra
que asoma a mis labios
es siempre gracias.
Cuando pienso en el premio que le espera
cuando, despues de una apacible vejez
le reciba el Señor como siervo bueno y fiel,
a mí me da mucha envidia, pero aún así
...la primera palabra
que asoma a mis labios
es siempre gracias.
Gracias Señor por fray Nelson,
gracias por su sacerdocio.
Sostenlo y acompáñalo
cada uno de sus días.
¡¡¡Muchas felicidades!!!
Que nunca afloje usted, en esa vocación porque sin sacerdotes no hay Iglesia.
Mil felicidades.
Gracias a Dios por haberle llamado y gracias a usted por haberle escuchado y aceptado.
Gracias por su "si" comprometido desde el primer día, seguramente en el camino ha habido días no tan claros con ganas de colgar el hábito y demás pero su perseverancia, su fe y la gracia divina lo han mantenido.
Gracias por su estudio y dedicación, de la que sin lugar a dudad nos hemos nutrido tantos alrededor del mundo.
Gracias por su amor y obediencia a la Iglesia, gracias por sus ojos aguados el día que recibimos la noticia de la renuncia de S.S. Benedicto XVI y su alegría por el nuevo vicario.
Gracias por su amor a la madre santísima, por darle el lugar que merece en sus predicas y por mostrarnos su amor.
Dios le mantenga firme, le conceda las gracias necesarias para seguir caminando y predicando sin cesar.
Un abrazo y sepa que está en mis oraciones.
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