8.02.14

La gracia es lo que marca la diferencia

Los últimos versículos del capítulo 5 de la epístola de San Pablo a los gálatas son una descripción de la diferencia entre ser de Cristo y ser del mundo. El apóstol acababa de arremeter contra aquellos que insistían en hacer cumplir a los cristianos, incluidos los de origen gentil, todos los preceptos de la ley mosaica. No porque la ley fuera mala, que no lo es, sino por la manifiesta incapacidad del hombre de justificarse solo mediante su esfuerzo personal en cumplir dicha ley. Como luego dijo san Pedro para zanjar la polémica en el concilio de Jerusalén:

¿por qué tentáis a Dios queriendo imponer sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros fuimos capaces de soportar? Pero por la gracia del Señor Jesucristo creemos ser salvos nosotros, lo mismo que ellos. (Hch 15,10-11)

San Pablo habla de una libertad que solo puede venir dada por la gracia y que, desde luego, no puede ser utilizada como herramienta para pecar:

Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; pero cuidado con tomar la libertad por pretexto para servir a la carne, antes servios unos a otros por la caridad. Porque toda la Ley se resume en este solo precepto: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Pero si mutuamente os mordéis y os devoráis, mirad que acabaréis por consumiros unos a otros.

Hay quienes piensan que la gracia es una especie de salvoconducto para seguir viviendo como si no estuviéramos llamados a la santidad, como si fuera una “barra libre” a todo tipo de pecados. Nada más lejos de la realidad:

Os digo, pues: Andad en el Espíritu y no deis satisfacción a la concupiscencia de la carne. Porque la carne tiene tendencias contrarias a las del espíritu, y el espíritu tendencias contrarias a las de la carne, pues uno y otro se oponen de manera que no hagáis lo que queréis. Pero si os guiáis por el Espíritu, no estáis bajo la Ley.

El cristiano que quiere andar en las cosas del Espíritu de Dios sabe bien cuál es la tendencia de su carne, de sus deseos personales. Casi siempre, y lo mismo sobra el “casi", se opone a la voluntad divina para su vida. Por eso es esencial aprender a conducirse bajo la dirección del Espíritu Santo, que es quien obra en nosotros la santificación. Somos una especie de contradicción andante en la que por una parte queremos ser fieles a Dios y por otra no cedemos en aquello que nos aleja de Él: “No sé lo que hago, pues no pongo por obra lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” (Rm 7,15).

Pero si Cristo ha dado su vida por nosotros no es para que vivamos derrotados sino, muy al contrario, para concedernos el tiempo necesario para alcanzar la dicha de poder seguir los pasos de aquella mujer que dijo “Fiat” a las palabras del ángel que le anunciaba la Encarnación del Verbo de Dios en su seno.

Lo que tenemos ante nosotros no es ni más ni menos que dos caminos: el de la vida y el de la muerte:

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7.02.14

Lo que el mundo (ONU) quiere que aceptemos y nunca aceptaremos

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, la ONU le ha mandado un recado a la Iglesia Católica para que cambie sus enseñanzas y se adapte a las premisas de una moral mundial que la organización quiere imponer a todos los países. Es decir, con motivo del informe sobre la cuestión de los abusos sexuales contra menores cometidos por miembros del clero católico en décadas pasadas y la, esto no admite duda, nefasta gestión que se hizo desde la propia Iglesia en ese asunto, se pretende que el catolicismo acepte:

- El aborto. Como siempre, se ponen ejemplos extremos, como es el caso de una niña brasileña embarazada tras ser violada por su padrastro. La ONU se queja de que se excomulgara a los médicos que practicaron el aborto. Y pide a la Iglesia que revise su postura sobre el aborto.

- Homosexualidad. Más de lo mismo. La ONU pretende que la Iglesia asuma las tesis del lobyy gay. No hace falta que las explique. Llama la atención que pretendan apoyar su petición en las famosas palabras del papa Francisco sobre el juicio a las personas homosexuales que quieren seguir a Dios. Habrá que explicarles que una cosa es el juicio final de las personas -que queda en manos de Dios- y otra la consideración como pecado de determinados comportamientos, que la Iglesia no puede dejar de señalar.

- Educación de los niños y adolescentes. La ONU quiere que la Iglesia admita que los jóvenes sean educados en las “bondades” de la contracepción, que es prima hermana del abortismo y parte de la cultura de la muerte. Pero también pide que se excluya el castigo físico en la educación. El informe llega a solicitar que el magisterio de la Iglesia no interprete la Biblia de manera que se pueda admitir ese tipo de castigos. Es evidente que la Iglesia no está a favor de que se peguen palizas tremendas a los pequeños, pero de ahí a excluir por sistema cualquier tipo de castigo corporal -p,e, un cachete o un tirón de orejas- media un mundo.

- Ideología de género. Se pide que la Iglesia retire de los libros de texto católicos los estereotipos que impiden la igualdad entre niños y niñas. Como no se dan ejemplos concretos, no sé exactamente a qué pueden referirse, pero conociendo el percal de los que mandan en la ONU, cabe imaginarse por dónde va la cosa.

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4.02.14

Si yo fuera el Abad de Montserrat, tomaría nota

La diplomacia vaticana suele ser siempre bastante moderada tanto en las formas como en el fondo. Cuando se trata de cuestiones “ad intra” de la Iglesia, también. Por eso es sumamente llamativa la contundencia de la nota que la Nunciatura Apostólica ha publicado hoy, en la que se asegura que las declaraciones del Abad de Montserrat, Dom Josep Maria Soler, osb, acerca de un posible reconocimiento por parte del Vaticano de un futuro estado catalánson opiniones de su exclusiva responsabilidad personal y no reflejan en absoluto la posición de la Santa Sede”.

En otras palabras, el señor abad puede opinar lo que le venga en gana -ya sabemos lo que opina- sobre la secesión de Cataluña, pero que haga el favor de no meter por medio al resto de la Iglesia, y más concretamente a la Santa Sede.

Es bastante probable que el religioso benedictino estuviera manifestando simplemente su opinión personal acerca de lo que haría el Vaticano si se produce una declaración de independencia unilateral por parte de esa región española. Es decir, no creo que pretendiera presentar el asunto como si él hubiera consultado a Roma sobre cuál sería la postura de la Santa Sede ante una situación así. Pero por si quedaba alguna duda, ahí está el comunicado de Nunciatura.

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3.02.14

Aborto. De oponerse frontalmente a oponerse un poco

Antes de aprobarse la primera ley del aborto en España, en 1985, buena parte del catolicismo de este país salió a la calle para oponerse. Antes de aprobarse la segunda ley del aborto, en el 2010, los movimientos cívicos salieron conjuntamente a la calle para oponerse. Ahora que un gobierno de “centro-derecha” amaga con reformar la ley, para dejarla peor que en 1985 -se podrá abortar por supuestos hasta la semana 22 y no solo hasta la 12-, gran parte de los que se opusieron a las dos primeras leyes aplauden. Sí, mantienen el discurso de que todo aborto es malo, pero la sensación que dan es que les va bien con lo que nos ha ofrecido ese “titán” del derecho a la vida llamado Alberto Ruiz-Gallardón.

¿Y la Iglesia qué? Pues, quedando claro que la enseñanza ha sido siempre la misma -todo aborto es malo-, las actitudes también han variado. Si tomamos como partida la Transición, momento histórico en el que el papel del catolicismo en España todavía tenía un peso considerable, basta recordar que el cardenal Tarancón, en un libro-entrevista autobiográfico, afirmó que los obispos eran conscientes de que el cambio político traería, entre otros males, la aprobación del aborto, pero que no les quedaba otra opción que apoyar tal cambio por respeto al pluralismo político. Dos millones de abortados legalmente llevamos desde entonces. Ustedes dirán si ha merecido la pena. Y con esto no digo que la Iglesia debiera haberse opuesto a la llegada de la democracia, pero sí que pudo haber presionado mucho más para que el derecho a la vida en la Constitución incluyera una simple cláusula que dijera “desde la concepción hasta la muerte natural”. No digo lo mismo respecto al matrimonio como unión entre un hombre y una mujer, porque hace 40 años muy pocas mentes depravadas habrían creído en la posibilidad de que se aprobara ese engendro antinatura del “matrimonio” homosexual.

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1.02.14

El cardenal Eijk, Trento y el sentido común

La secularizada Holanda, la liberal Holanda, la paganizada Holanda, la Holanda del “Catecismo” heterodoxo, ha “parido” un cardenal de esos que no se arrodillan ante el ídolo de lo político y eclesialmente correcto. Se trata de S.E.R Willem Jacobus Eijk, arzobispo de Utrech.

En plena Semana de Oración por la unidad de los cristianos, el prelado ha concedido una entrevista a una revista calvinista de su país. ¿Y qué creen que ha dicho? Pues que Trento, con sus dogmas y anatemas, sigue plenamente vigente. Y que eso de rehabilitar al heresiarca Lutero es implanteable.

Estamos ante unas declaraciones que indican dos cosas:

1- Que hay gente que cree que Trento es una rémora del pasado y conviene que sepan que sigue siendo un concilio ecuménico fundamental para la Iglesia Católica.

2- Que hay gente que opina que lo de Lutero tiene solución. Y como bien dice el arzobispo de Utrech, “él se desvió de la doctrina de la Iglesia. Y esa doctrina permanece tal cual. Por esta razón, las diferencias permanecen sin cambio y la rehabilitación es imposible“.

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