Un regalo de lo alto
El otro día, me llamó la atención una frase del Papa. No es ninguna novedad, pero, por alguna razón, despertó mi interés. En un discurso para un Centro Juvenil, Benedicto XVI afirmó:
el hombre es siempre hombre con toda su dignidad, aunque esté en estado de coma, aunque sea un embrión
Lo primero que pensé al leer esta frase fue: cuánto me alegro de ser católico. Es una alegría saber que la Iglesia me ha considerado valioso desde el primer momento de mi existencia, cuando fui concebido. Más aún, antes de la creación del mundo, Dios ya pensó en mí y me amó. Dios nos eligió, antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.
Además, por muy inútil que llegue a ser a los ojos del mundo, la Iglesia seguirá considerándome valioso.

A pesar de su timbre marcial, el título de este blog, que comenzó su andadura en otro lugar, es una cita bíblica de Heb 4,12: La Palabra de Dios es viva y eficaz, más afilada que espada de doble filo.
Me gustó mucho un comentario realizado ayer por un lector, Juan Antonio, en mi artículo del día. El artículo trataba sobre cómo los evangelios y los demás libros del Nuevo Testamento narran la Resurrección del Señor como un hecho que, a la vez, es físico y trasciende el espacio y el tiempo, es histórico y constituye el centro y el fin de la Historia. Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin.
Leo en el blog del P. Masiá sus opiniones sobre la resurrección de Cristo y, para ser sincero, no reconozco en ellas mi fe ni la fe de la Iglesia. Todo su afán es afirmar que las apariciones del Resucitado son una experiencia interna de los discípulos, que Cristo no se les aparecía, sino que por la fe veían que siempre estaba presente entre ellos. Por lo tanto, tampoco tendría sentido hablar de que resucitó al tercer día, ya que, en cuanto murió, ya estaba presente espiritualmente dentro de ellos.









