
Duras declaraciones las de Monseñor Asenjo, respecto a la negativa de la Hermandad de la Esperanza de Triana a mandar a su Titular a Madrid.
Duras y dolorosas, porque quizás no hayan sido del todo justas.
La determinación tomada por la Hermandad de la Esperanza de Triana, representada en su Cabildo de hermanos, negándose a trasladar a su Titular a Madrid, haya sido una decisión cabal. Las imágenes devocionales no están para montar un espectáculo sacro en forma de Via Crucis. Para un Vía Crucis, basta una cruz, como la que porta el Papa el Viernes de Parasceve. Nada más, pero nada menos.
Las hermandades de penitencia sevillanas y andaluzas, con siglos de historia a sus espaldas, tienen otra misión. Y sus imágenes titulares tienen que estar o en sus Iglesias, para sus devotos, o en el paso, en Semana Santa. Otra cosa sería descontextualizarlas, desnaturalizarlas, cosificarlas, reducirlas a meras obras de arte que se pueden trasladar.
Es comprensible que Monseñor Asenjo se haya sentido molesto con la decisión tomada por la Hermandad, pero de ahí a tildar el hecho como una falta de eclesialidad, va un gran trecho, nunca mejor dicho. Primero, porque la Hermandad no tiene obligación de enviar a su Titular a Madrid; segundo, porque la participación en las JMJ no es obligatoria; y tercero, porque no se puede confundir al Cardenal Rouco, ni a la organización con toda la Iglesia. Además, ¿lo ha pedido el Santo Padre? Parece que no. Igualmente, que no haya una imagen sevillana en Madrid, no quiere decir que la ciudad no esté representada: supongo que habrá sevillanos en Madrid que representarán perfectamente a la ciudad.
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