18.04.08

La perversión del sacerdocio


Tal como ha publicado nuestra web en el día de hoy, un sacerdote – alter Christus – reconoce haber pagado abortos.

La noticia no es sorprendente porque un sacerdote haya colaborado activamente en el asesinato de seres humanos. Desde Judas, apóstol, hasta los casos de curas pederastas, la Iglesia ha sufrido mucho por los pecados de sus miembros. Lo que llama al escándalo en este caso, no es sólamente el hecho de que un sacerdote haya participado en abortos, sino el cinismo y la desvergüenza que muestra a la hora de justificar sus actos, queriendo convertir en definitiva el mal en bien.

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17.04.08

El camarada Torrijos y sus recomendaciones a los católicos.

En la edición sevillana del diario La Razón, pudimos leer ayer unas declaraciones del Teniente Alcalde de Sevilla, concernientes al fajín que posee la Virgen de la Esperanza Macarena y que fue regalo de Queipo de Llano:

«Sería bueno que no se identificara a una cofradía de tanto seguimiento con el fajín de un señor con una vida y unas actuaciones poco cristianas».

Si no fuera algo tan siniestro, las declaraciones las podríamos enmarcar dentro del género bufo, propio del personaje en cuestión. El señor Rodrígo Torrijos se declara marxista – leninista, aunque desconozco si realmente alguna vez se ha acercado a la obra de Marx, y en el caso de haberlo hecho, si ha pasado de las dos primeras páginas.

No deja de sorprender que alguien que pertenece a IU se dedique a dar consejos a los católicos sevillanos, sobre todo teniendo en cuenta que la ideología que profesa el Teniente Alcalde carga a sus espaldas con más de cien millones de muertos.

Un cargo público dedicado a dar consejos a las cofradías sobre lo que deben llevar o no las imágenes: pasmoso.

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¿Busca la ciencia la verdad?


En la Suma contra los gentiles escribe Santo Tomás que:

«El último fin del universo es, pues, el bien del entendimiento, que es la verdad. Es razonable, en consecuencia, que la verdad sea el último fin del universo y que la sabiduría tenga como deber principal su estudio».

Hace mucho tiempo que la ciencia se alejó de la búsqueda de la verdad en sentido fuerte. Ahora se conforma con pequeñas verdades, débiles, variables.

Para el cristiano, la ciencia, en sentido pleno, ha sido muy importante. Dice la sabiduría: «Veritatem meditatibur guttur meam, et labia mea detestabuntur impium» (Mi boca pronuncia la verdad y mis labios aborrecerán lo impío). El que busca la verdad no puede dejar nada atrás, por eso cultiva la ciencia. Pero no la ciencia como la concebimos hoy en día –prácticamente reducida a la Física y lo físico –sino la Ciencia, con mayúsculas; de ahí que figuras como San Alberto Magno lo investigaran y escudriñaran todo: sabían hasta de jardinería.

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15.04.08

Crónica de un viaje a Roma (y V)


Al día siguiente, miércoles, volví de nuevo a misa a San Francesco a Ripa. A pesar de la hora, siete y media de la mañana, dos sacerdotes concelebraban. No éramos mucho, sin embargo, cinco hermanas dedicaron sus cantos al Señor: fue un verdadero regalo del cielo escuchar esas voces.

Por la tarde me encaminé a la zona del Aventino, donde pude contemplar San Giorgio in Velabro - Iglesia castigada por un atentado terrorista en 1.993 que le destrozó el pórtico y el frontón, hoy se encuentra felizmente restaurada -, el arco de Jano, y los templos del Forum Boarium. Hay dos templos, uno dedicado a Portuno, con forma rectangular (se está restaurando) y otro circular dedicado a Hércules. Son los mejores conservados de la Roma Republicana, quizás a que ambos se convirtieron en Iglesias cristianas.

Rápidamente me dirigí al Foro, pero ya estaba cerrado. Sin embargo pude contemplar la belleza del Coliseo, y la de los arcos de Tito y Constantino. También entré en la Iglesia de San Cosme y Damián, que se encuentra pared con pared con el Templo de Rómulo. En el interior un bellísimo mosaico bizantino nos muestra a Cristo sobre nubes naranjas.

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14.04.08

Crónica de un viaje a Roma (IV)


Al día siguiente, martes, antes de entrar en las conferencias, me acerco a escuchar misa a una Iglesia que se encuentra muy cerca del hotel donde me alojo: San Francisco a Ripa.

Erigida sobre el antiguo Hospicio de San Blas donde, según cuentan, «el poverello» vivió cuando visitó Roma en 1.219.

La bella fachada de la Iglesia no delata, desde luego, el aún más hermoso interior. En el altar mayor, el titular de la Iglesia, San Francisco. En una capilla lateral, muy cerca del presbiterio se encuentra la poderosa escultura de la beata Ludovica Albertoni, obra del gran Bernini. La beata, en éxtasis, se tienta la ropa, en un escorzo que mezcla el dolor – Bernini la quiso representar en el momento de su muerte – y de placer: las manos cerca de los senos, el estertor que nos intenta mostrar la salida del alma hacia el Amado.

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