Mateo 17, 26

Tuvo necesidad en un momento de su vida Jesucristo de pagar un impuesto. Aun cuando no se consideraba obligado a ello, por no escandalizar, decidió hacer le pago y de manera curiosa optó por conseguir la moneda de manera milagrosa. Pedro pescaría un pez y en su boca hallaría la moneda exigida.
Vemos cómo incluso Jesucristo, verdadero hombre, tiene necesidades mundanas. Ni él se libraba de las ataduras que la vida humana nos rodean. El dinero, la más útil manera de lograr el intercambio de riquezas, es una presencia constante en la vida del humano civilizado. Y quien esto escribe y quien lo lee vive esta realidad a diario.

Vivimos en unos días que pasarán a la historia, no sé si como los de la pandemia COVID o la histeria COVID; el tiempo nos lo dirá. Lo que está claro es que no es la primera vez que la humanidad se enfrenta a situaciones como la que nos ha tocado vivir. Es un lugar común que en las conversaciones salga el recuerdo de la peste (negra) tal es el trauma que supuso a los europeos. Pero lo asociamos a algo medieval y superado y es más un ejemplo, como la fiebre española, de lo que fue y no volverá (quizá seamos unos ilusos).

