La Madre Teresa no vaciló en su fe
La sensación que ha causado la publicación de las cartas de la Madre Teresa, en las que hablaba de la oscuridad en la que tuvo que vivir durante años y que han dado pie a las interpretaciones más peculiares, son una muestra de que en muchos cristianos y en la sociedad en general se ha perdido totalmente la comprensión de lo que es la fe. Incluso he leído a un articulista bienintencionado que esperaba que lo contenido en las cartas no perjudicara a la canonización de la Madre Teresa, mostrando así claramente su desconocimiento de lo que es la fe para los católicos.
Desgraciadamente, nuestra época tiende a confundir la fe con un opinión o, peor aún, con un sentimiento. Se ha olvidado así lo que la Iglesia enseña sobre la fe y se ha sustituido por un sentimentalismo que está a merced de las modas y del estado de ánimo.

Hace unos días, en los comentarios de este blog se hablaba de la importancia de que los sacerdotes sean buenos predicadores y yo puse como ejemplo de buen predicador actual al P. Raniero Cantalamessa.
Como dijo Benedicto XVI, la gran herencia del Concilio Vaticano II, no es un “espíritu” reconstruido detrás de los textos, sino precisamente los grandes textos conciliares. Por desgracia, resulta muy común que se apele a un etéreo “espíritu del Concilio” para defender posturas contrarias a lo que el propio Concilio verdaderamente dijo y defendió.
Ayer me hicieron notar que algunos de mis artículos en este blog se habían comentado en un . Como siempre es interesante ver no sólo las reacciones que tienen los comentaristas que escriben aquí, sino también los que pueden hacer referencias en otras páginas, me decidí a echar un vistazo a los comentarios.
Como ya habrán supuesto los lectores, el título de este artículo hace referencia a la conocida novela de José María Gironella, “Un millón de muertos”. En ella, Gironella escribe sobre la última guerra civil española y da la mencionada cifra de víctimas mortales del conflicto, que se ha convertido en un número mítico. Esta cifra, según creen los historiadores, es muy exagerada y el número real de caídos en la guerra, de ambos bandos y tanto civiles como militares, debió acercarse más a los doscientos cincuenta mil.









