Unas frases demoledoras
En este blog, hablábamos ayer de tres dominicos que, con la aprobación de su superior, se apartaban de la doctrina católica en puntos esenciales y animaban a las parroquias holandesas a avanzar por el camino del cisma y de la desobediencia a sus obispos. Parece ser que, ante esta situación, fueron los propios fieles los que se quejaron en un número significativo a los obispos, hasta que estos acudieron a la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Por desgracia, si bien se trata de un caso de especial gravedad, no es algo aislado. En este blog, hemos comentado múltiples casos similares: sacerdotes que consideran que el cristianismo y otras religiones son equivalentes, supuestos expertos en moral que defienden las mayores inmoralidades, párrocos que sustituyen la fe de la Iglesia por sus propias ideas confusas y políticamente correctas o catequistas que reducen el cristianismo al compromiso social o a la moral. Muchas veces son los propios laicos los que se rebelan contra estas situaciones y presentan sus quejas a sacerdotes y obispos.

Como todo el mundo sabe, por razones de audiencia, es habitual que los medios resalten con titulares las noticias escandalosas relacionadas con la Iglesia y, en cambio, releguen al olvido la solución que se ofrece a las mismas, que generalmente se produce al modo pausado y tranquilo propio de la Iglesia.
Como traductor, paso mucho tiempo buscando la palabra exacta (le mot juste, como dicen los franceses) para una frase o para definir un concepto. Precisamente por ello, me alegro cuando encuentro, en un artículo o en un libro, un término que expresa con precisión algo difícil de definir.
Me ha llamado la atención un blog de Periodista Digital, de contenido filosófico, que afirmaba:
No es fácil decidir sobre el peor argumento que he encontrado en mi vida en la defensa de una postura o de una idea, porque hay muchos candidatos para el puesto. Mejor dicho, hasta hoy no me resultaba fácil tomar una decisión, pero, después de leer el recogido hoy por el blog 21RS, la cosa ha quedado meridianamente clara. Se acabaron las dudas.









