La juventud
Una lectora, Manoletina, me pide que dedique un artículo a la juventud, con ocasión del Sínodo sobre ese tema. Como no tengo tiempo estos días para hacerlo, he pensado publicar este viejo poema, que aparece en Carmina catholica.
La juventud es como el perfume de nardos con el que María Magdalena ungió los pies de su Señor: está hecha para derramarse y derrocharse sin medida en búsqueda de la belleza, la verdad, la alegría y, sobre todo, ad maiorem Dei gloriam. Por eso los antiguos decían que los elegidos de los dioses morían jóvenes. Y también por eso nuestra época, que no tiene apenas jóvenes que quieran derramar su juventud para Gloria de Dios, se muere de vieja y agoniza miserablemente.
Esa misma malsana obsesión con la juventud que caracteriza a nuestro tiempo no es más que una señal de que hemos perdido la verdadera juventud, intentando cerrar herméticamente el frasco de perfume y atesorarlo en una caja fuerte para no perderlo. Y así, el Único que podría darnos la juventud eterna pasa de largo sin que cubramos de lágrimas sus pies y los sequemos con nuestros cabellos. Y nos morimos, nos morimos. Quien guarda su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mi causa, la encontrará.
Dónde quedó mi juventud perdida
¿Dónde quedó mi juventud perdida?
¿O mi infancia, bendita y añorada,
el fácil sonreír por todo y nada
y el tiempo generoso y sin medida?
¿Dónde están tantos años de mi vida,
huidos como agua derramada?
¿Y dónde aquella luz recién creada
que revivió la tierra envejecida?
En tus manos están, Señor Dios mío,
con lo bueno, lo malo, lo olvidado
y mil rostros queridos, un gentío.
Yo sé que, un día, encontraré a tu lado,
en un presente eterno y sin hastío,
todo lo que perdí, centuplicado.
84 comentarios
Cuando yo era adolescente una de las cosas que más aborrecía era que los mayores hablaran de la experiencia y, con los años no he variado de opinión.
La experiencia siempre era positiva, como si la vida enseñara el camino recto por si misma, pero lo cierto es que no es así. Para los gauchos ser baqueano era una garantía porque el baqueano conocía cada trampa del camino por haber caído en ella o por haberla sorteado mil veces; en la experiencia vital es fácil que eso no ocurra y también que tropecemos una y otra vez en el mismo escollo. En mi juventud yo tenía mucho contacto con personas mayores: abuelos, tíos-abuelos, vecinos...y de algunos aprendí mucho y de otros aprendí lo que no tenía que hacer porque habían sacado conclusiones erradas de sus propias vidas.
Recuerdo a la madre de una amiga mía, cuya obsesión era que su hija se casara, así que un día le dije que no la presionara tanto porque iba a caer en los brazos del primero que pasara. "¡Ay, qué graciosa!" me dijo. Y todo era porque tenía una hermana soltera que, según ella era rarísima, cuando lo cierto es que ella también lo era (veía la paja en el ojo ajeno y se lo achacaba a una causa que no era). Tenía una costumbre de hacer de cualquier problema insignificante un mundo porque era irresoluta y, la verdad su "experiencia" me ayudó mucho... en el sentido contrario.
Sin Dios sólo queda la tristeza y melancolía ante lo pasado que no volverá.
Un joven entusiasta puede, por múltiples razones, devenir en un viejo apático, pero un joven apático nunca será un viejo entusiasta.
Y la sociedad será lo que sean sus jóvenes. Por puro pasar del tiempo, si la Iglesia consigue evangelizarles, la fe se mantendrá (con la Gracia de Dios, claro está) y viceversa. Por desgracia, no existe un gran aprecio por la experiencia y la vejez en nuestros ambientes, luego un joven casi siempre es más proclive a escuchar un testimonio del Señor de otro joven o causa más impacto. Lo que no quiere decir que los mayores no tengan mucho que aportar. Pero hay que llamar a las cosas por su nombre. Tienen un lenguaje propio y unas heridas propias de la etapa en la que viven y de los grupos sociales en los que viven, que ni se parecen a los de hace veinte o diez años
Me gusta mucho lo que la juventud está hecha para derramarse y derrocharse.
Yo que aún me considero joven.....(😌)....cuando alguna señora me dice: uuyyy, nena, tanto crío, con lo joven que eres! Les contesto que si quieren que me espere a estar cascá para tener hijos....
La juventud a veces nos puede parecer se nos ha escapado porque nos explicaron mal cual era su esencia.
Parece que ser joven, en el caso de los más sensatos, sea tener estudios, sacar una oposicion, ahorrar para un piso, y si eso ya a los 40 pensar en tener un crío. Que la vida está muy mal! Que a ver como salen adelante!
Basura!
La juventud esta para hacer "promesas temerarias", como decía el tito Gilberto, que solo te atreves a hacer cuando eres joven. Como "prometo amarte para siempre" o " me consagro a Ti para la eternidad". Y hacerlo ademas, con una cierta inconsciencia de lo que significa, que si te pones a pensar mucho no se hace.
Por eso nuestra sociedad promueve que ese comportamiento impulsivo del joven, que deberia tener como fin lanzarse a la realización de lo eterno, utópico, fantasioso, idealista....es decir, divino, lo canaliza y sistituye por la impulsividad inmediata de lo desesperanzado. Que no ve futuro porque todo es dificil. Que se repliega en el placer inmediato precisamente porque le han quitado su esencia: ser un inconsciente que confia en el futuro y tiene esperanza.
.......
Por otro lado, señor Haddock, no se crea, no , que se va a escapar de rositas sin deleitarnos com su poesía.... Puedo cansina in extremis.
- La obsesión más bien parece ser contra nuestro tiempo. Que ni lo hemos escogido nosotros, ni es más antiejemplar que ninguno otro.
La obsesión por la (escurridiza) juventud es tan de todos los tiempos como el antiquísimo Carpe Diem. Es algo congénito, y además por la cuenta que nos trae.
"La obsesión más bien parece ser contra nuestro tiempo. Que ni lo hemos escogido nosotros, ni es más antiejemplar que ninguno otro"
Bueno, obviamente nuestro tiempo tiene cosas buenas y cosas malas, cualidades y defectos, como todas las épocas.
Pero también obviamente vivimos en una época de apostasía generalizada, lo que quiere decir que los defectos se agudizan y las virtudes se desprecian hasta extremos nunca antes alcanzados, porque en el mundo ha habido épocas paganas y épocas de lucha contra la fe, pero es la primera época de apostasía general.
Y la tercera obviedad: los que se encuentran a gusto en la apostasía ni siquiera la perciben; es como el agua para los peces.
"La obsesión por la (escurridiza) juventud es tan de todos los tiempos como el antiquísimo Carpe Diem. Es algo congénito, y además por la cuenta que nos trae"
En realidad, no. Lo que es de todos los tiempos es la conciencia de que el tiempo pasa (y la consiguiente melancolía), el natural rechazo a la muerte y, por lo tanto, al envejecimiento, etc.
En cambio, lo propio de nuestra época es la idolatría de la juventud, la idea absurda de que somos mejores que las generaciones anteriores, el complejo de los padres que no se atreven a educar a sus hijos porque "ellos saben más que nosotros", la adolescencia perpetua en que vive la mayor parte de la gente y el rechazo adolescente de cualquier responsabilidad, el empeño de algunos eclesiásticos de adular a los jóvenes como si la juventud fuera la nueva virtud fundamental, el desprecio por los ancianos (y su ocultamiento) en lugar de la veneración a los mayores, la abominación de la eutanasia... Todo eso es la obsesión por la juventud, que es algo que ha tomado un cariz muy diferente en nuestra época.
"Sin Dios sólo queda la tristeza y melancolía ante lo pasado que no volverá"
Sí. Los paganos tenían esa melancolía (como se puede ver en toda la literatura clásica), pero no sabían lo que les faltaba, aunque lo sentían intensamente. Deseaban algo pero no consideraban que tuvieran derecho a ello. La juventud eterna no era algo propio de los hombres, sino de los dioses.
El problema es que nuestra época apóstata sí sabe lo que le falta: la vida eterna. Lo tuvo y lo perdió. El resultado es una inmensa desesperanza y el intento infructuoso de fingir que todo va bien, que tienen derecho a disfrutar sin fin, que el mundo gira a su alrededor, que el envejecimiento y la muerte no existen. Es el hijo pródigo que solo puede desear saciar su hambre con las bellotas de los cerdos, porque ha olvidado el camino de vuelta a casa.
"Un joven entusiasta puede, por múltiples razones, devenir en un viejo apático, pero un joven apático nunca será un viejo entusiasta"
De acuerdo. Pero solo naturalmente. Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.
Y ahí está el quid de la cuestión. La juventud, una vez pasada, no volverá. Pero el cielo siempre está a nuestra disposición, porque no hemos sido creados para la juventud pasajera, sino para la vida eterna del cielo.
"Pesas el pesar de tu pesada vida,
mas no pesas la vida que tu pesar descuida.
Si te paras a contemplar tu estado,
pesas el pesar de tu pesada vida;
si te paras a revivir lo pasado,
pesas el pesar de tu pesada vida;
si te paras a rememorar lo olvidado,
pesas el pesar de tu pesada vida.
Pues deja a un lado tus tristes pesares,
y pesa la vida que tu pesar descuida.
Si te paras a contemplar lo bello,
pesas la vida que tu pesar descuida;
si te paras a revivir lo bueno,
pesas la vida que tu pesar descuida;
si te paras a rememorar lo verdadero,
pesas la vida que tu pesar descuida.
Conque no peses el pesar de tu pesada vida
y pesa la vida que tu pesar descuida".
Y que la proximidad de los tropos (!), no te impida ver el horizonte del mensaje, que no por nada yo titularía TERA-PIA-PARA-TACI-TURNO (préstame uno de tus hemoticones, Meditador).
Yo soy viejo y tan viejo soy que nadie otro puede ser tan viejo como yo soy.
Yo soy el Hombre o aquel quien, por la gracia de Dios, soy directamente proporcional en grado de inteligencia y evolución alcanzada, igual, al tiempo que le separa del principio de la Creación y el fin de la misma.
Ya me falta poco para que a ésta trite vida, siendo, el morir sea mi nuevo vivir. Cuando yo muera, nadie otro podrá más vivir y morir.
Y no obstante, mi caduca vejez, nadie en este mundo es más optimista que lo que yo soy.
Conmigo, de mi vejez colmado, se acaba la evolución, termina la historia responsable.
Manoletina, bien cierto es que algunos consagrados, con todo el ardor del primer amor adolescente y generosidad de la juventud, decidimos entregar nuestra vida a Dios y a los hermanos; también es cierto que al igual que Doña Palas, algunos en algún momento "nos fuimos por los Cerros de Úbeda", 'inquietos en nuestro interior porque algo no cuadraba'; pero esa es una característica del espíritu joven, para reafirmar la locura del amor primero. Amor que no cambio por nada, pues volvería a repetir la loca decisión del amor, que en el corazón, nunca envejece, Dios, solo Dios y basta.
Así que no sé si me fui por los Cerros de Úbeda o por los Cedros del Líbano, pero por alguna parte me fui una temporada.
Es una anécdota real, no un chascarrillo.
Hace un tiempo Palas nos preguntó qué pensabamos que era el katejon. Yo, alegremente, contesté que la tesis de Newman. Pero, luego me acordé de lo que decía santa Faustina, la de la Misericordia, que "el mundo acabará cuando desaparezca el último contemplativo".
La verdad, es mas profundo esto. Lo del imperio Romano tiene su aquel. Pero me convence más la idea de que personas como tu estais, literalmente, sosteniendo el mundo.
Gracias por tu promesa temeraria de juventud!
Y por otra parte, la Juventud Inédita, la Juventud Católica Francesa, poner en el Google, hay un link, con la Periodista Macguire, jovén, que manifiesta, que heredaron el infierno en la tierra, me impresionó. El Postconcilio. Que no vivi, me converti después.
Que Dios te bendiga, y seguimos sumisos!!
¡Voto a bríos!
¿Qué es eso de hacer "promesas temerarias?
Me apuesto un maravedí a que usted ha leído esa joya de libro de ensayos del tío Gilbert titulado "El amor o la fuerza del sino" editado por Rialp.
No un poema, no un artículo, una enciclopedia me haría falta para cantar la rosa frescura de la niñez; el triunfo de la adolescencia y juventud que sobrevivió a la perversión ambiente; la silenciosa madurez que calla porque está centrada en su descendencia; el canto del cisne de una vejez que quiere testimoniar su experiencia vital. El explicar, que Dios providente no es que nos marque el camino, sino que nos mece en su pedagogía ahora incomprensible pero que nos hará falta toda su eternidad para agradecérselo.
¡A mí no me venga con lirismos!
Si la has leído, ¿podrías decir algo de la novela? (lo hago extensivo a cualesquiera de los comentaristas).
"vivimos en una época de apostasía generalizada, lo que quiere decir que los defectos se agudizan y las virtudes se desprecian hasta extremos nunca antes alcanzados, porque en el mundo ha habido épocas paganas y épocas de lucha contra la fe, pero es la primera época de apostasía general".
- Se limita a dar por hecho, a certificar, una especie de plan cuidadosamente orquestado, siendo algo completamente subjetivo y etéreo. No se para a considerar si una gran parte de esos abandonos (individuales) de la fe no sean meramente alejamientos en mayor o menor grado (suponiendo que se trate de gente que alguna vez estuvo ni remotamente cerca de la religión), o tal vez escuetamente agnosticismo de cuna, nada semejante por tanto a un abandono expreso de una creencia religiosa que se rechaza abiertamente (apostasía) o que con sinceridad ha dejado de experimentarse interiormente, por insignificancia en una vida, sin matiz alguno de rebelión.
Pero admitiendo que la masa en general, así a bulto, ya no vive la práctica religiosa, ¿qué defectos concretos, que virtudes concretas son esos que se agudizan y desprecian, respectivamente, por culpa de esa apostasía general pero además con una virulencia hoy, en nuestro tiempo, hasta ahora inusitada? Dos ejemplos, solo eso. En qué barbaridad estamos fallando nosotros que los de antes fuesen sin embargo celestiales modelos, gracias a que ellos creían y nosotros no, o a que Dios los hizo a ellos sociedad creyente y a la nuestra descreída.
"los que se encuentran a gusto en la apostasía ni siquiera la perciben; es como el agua para los peces".
- Pues unos estarán a gusto porque se hayan quedado a gusto, quitándose de encima un peso que les agobiaba (cosa muy respetable y, en todo caso, digna de lástima y oración) o efectivamente, como usted bien ilustra, por qué había de inquietarles algo extrínseco, de lo que no tienen conciencia ni quien se la muestre, máxime si es que no han apostatado sino ¡nacido! en la increencia.
En ambos casos insisto: ¿cabe la posiblilidad, o la concibe usted, de que aun terminando por prescindir de la fe, por rebelión o por absoluta indiferencia, se mantengan como bellísimas personas? Qué defecto en concreto te persigue ineludiblemente si la fe ya no te acompaña. Como creyente me gustaría valorar esa virtud que como tal me adorna y a lo mejor no estoy agradeciendo.
"Lo propio de nuestra época es la idolatría de la juventud".
- A lo que indudablemente coadyuva la creciente esperanza de vida, inapreciable don de Dios a nuestra época. Por eso y con razón se idolatra lo que se echa de menos, lo que queda cada vez más lejos. Lo que se recuerda con infinita nostalgia. Lo que durante siglos (es decir siempre) era en muchos casos incierta edad de continuidad o fin, hoy incertidumbre sin embargo mínima.
Leí hace justo unos días una frase (cito de memoria) muy ilustrativa: "Lo que me da rabia no son las tonterías que cometí de joven; lo que me da rabia es el no poder volver a cometerlas". (De buena gana la habría escrito en mayúsculas, pero como sé que no le gusta, pues ya está, la digo sin megáfono pero proclamo mi adhesión).
"la idea absurda de que somos mejores que las generaciones anteriores"
- O la no menos inconsistente de que los mejores eran ellos. De nuevo, en qué concretamente. En qué no, concretamente. En acceso a la información, ya hubieran querido ellos ahorrarse las horas y años de biblioteca, que ahora tenemos pulsando un botón en casa. En garantías de libertad y convivencia, ya hubieran querido ellos las conquistas sociales que hemos ido alcanzando y que ya eran ellos los primeros en buscar o al menos anhelar. En calidad de vida, mejor ni hablar. En esperanza de vida, me repito con lo de antes. En méritos propios, cada cual con los suyos, antes y ahora.
"la adolescencia perpetua en que vive la mayor parte de la gente"
- Otra generalización sin gana de separar el grano de la paja. Cuándo la gente tonta (y mala) no ha sido el común de la vecindad. Cuándo la excelsa literatura que se publicaba era para el común de bípedos implumes, y no para los tres o cuatro iniciados; sin contar a lo mejor la moda de ir al teatro, donde puede que se reflejasen virtudes y antiejemplos que también hoy podamos extraer del cine. Cuándo el ocio ocasional no buscaba diversión y desinhibición, tal y como en cualquier otra época y con idénticas, o análogas, o diferentes consecuencias.
"el desprecio por los ancianos"
- De nuevo la insólita esperanza de vida tiene algo que ver.
Enésima generalización. Mira que le tiene usted tirria a la casuística, a los ejemplos concretos que le hagan reconocer que en realidad de todo hay. ¿Qué época, y como sociedad, ha apostado nunca por los débiles prioritariamente? ¿En qué año fue cuando promulgamos la ley de la selva porque ya estábamos hartos de la del Sermón de la Montaña que hasta entonces veníamos observando piadosamente?
Lo inútil para el mundo es ambrosía para el cielo que luego lo llueve en abundantes gracias. Ojalá los contemplativos estemos a la altura, siempre con las lámpara encendidas. Dios lo quiera.
El salto generacional se agranda en la medida que la generación anterior queda obsoleta y, aunque no fuera por el Sermón de la Montaña, yo puedo dar fe que mis mayores tenían mucho que transmitir mientras que yo ya no puedo hacerlo. La obsolescencia es algo con lo que tenemos que vivir a cada paso que damos, cuando antes era cosa de una o dos generaciones. Yo cuidé a mis abuelos y a mis padres, pero nadie va a cuidar de mi; en mi caso podría estar justificado porque no tengo hijos, pero los que los tienen están en la misma situación que yo. No ver eso es absurdo.
Como te gusta tanto la casuistica y los ejemplitos personales la evidencia es que los que dejaron de ocuparse de sus padres son de una generación más atrás que la mía, salvo casos de excepcionalidad. Yo te puedo hablar de todo el siglo XX, porque me remonto a lo que vivieron mis antepasados, pero es evidente que mis sobrinas ni siquiera pueden entender la juventud de sus padres. Puedo recitar de pe a pa los títulos de la reducida biblioteca de mis padres, que dejé atrás con diez años por mudanza; en cambio mis sobrinas no podrían decir ni un sólo título de la amplísima biblioteca de su padre porque nunca les interesó.
Sé que mi abuelo tenía libros de Vázquez de Mella y de Donoso Cortés, aunque no tenía edad para leerlos; mis sobrinas no saben ni quién es Heidegger, aunque mi hermano tenga más de cien libros de él o sobre él. No me digas que estamos en las mismas.
"Me he enterado de que estás abandonando tus estudios y dedicándote al baile.
Vas de una taberna a otra movido por tu ansia de cerveza".
Esto se encontró escrito en un papiro egipcio.
Por otro lado: todos los jóvenes esperaban encontrar un trabajo estable en la década de 1960 y ahora ya no es así; tampoco el coste de la crianza de los hijos es el mismo que en esa década.
Ninguna viuda joven en 1920 esperaba ningún tipo de protección social ni cobro de viudedad, ahora sí lo esperan; ningún niño que enfermara esperaba encontrar más hospital que el de la beneficencia; ahora sus enfermedades están cubiertas por la SS.
Durante los siglos XIX y principios del XX la utopía de la frontera, América o África, mantenía una ilusión en muchos jóvenes, ahora no es posible la utopía lo que puede producirles la impresión de compartimento cerrado; en los mismos siglos nadie esperaba nada del estado lo que llevaba a muchos a asumir riesgo personal; ahora se espera que le paguen el paro, la SS social o otro tipo de asistencias sociales lo que hace que no se pueda asumir tantos riesgos.
La idea de morir a cualquier edad estaba asumida hasta hace dos generaciones; ahora no se asume tal cosa ni con 85 años.
Todo este tipo de diferencias genera distintas expectativas y, por lo tanto, distintas mentalidades en todas las fases de la vida. Las generaciones anteriores fueron mucho más ingenuas, más fatalistas o más vitales que las actuales; las generación actual es hipercrítica, confía ciegamente en la ciencia y tiene menos sentido de la responsabilidad personal porque en parte depende de sus progenitores o del estado.
Naturalmente todo esto puede ir matizado por la psicología de cada uno, pero hay rasgos generales.
Mi abuela perdió tres hijos, no por aborto natural, sino por alguna extraña razón que le hacía dar a luz antes de tiempo y, como no había ninguna unidad hospitalaria que pudiera asistirlos o nacieron muertos o murieron al poco tiempo. ¿Cuál fue su reacción? Como era católica veía a sus hijos en el Cielo y, por dolorida que estuviera, no se traumatizó; ahora hace falta mucho menos para que una persona se traumatice.
La dureza que se necesitaba para vivir se ha paliado mucho y, en parte, como consecuencia de eso, la gente ha cambiado la Patria Celestial por la terrenal. Y hasta hay algún millonario loco que se congela esperando la inmortalidad.
Tenía yo un maestro cura que a menudo soltaba en clase que "los niños cada vez son más tontos". Un tío mío se reía porque recordaba que en sus años mozos el cura ya también lo decía. Lo peor es que solía tener razón en las situaciones que ocasionaban dicho exabrupto. Hoy peligraría su cátedra porque no hay niños más sobreprotegidos que los de hoy en día por sus papás-helicóptero, que paren poco pero paren concentrado y ellos por su hija matan. Pero es patente que los niños que conozco infartarían ya directamente al cura al que nosotros solo desesperábamos.
"Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. No se ponen de pie cuando entran sus padres, les responden, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros. Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros".
Sócrates.
"¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres. Ignoran las leyes. Hacen disturbios en las calles inflamadas con pensamientos salvajes. Su moralidad decae. ¿Qué será de ellos?"
Platón.
"No veo esperanza para el futuro de nuestra gente si dependen de la frívola juventud de hoy en día, pues ciertamente todos los jóvenes son salvajes más allá de las palabras. Cuando yo era joven, nos enseñaban a ser discretos y respetar a los mayores, pero los jóvenes actuales son excesivamente ofensivos e impacientes a las restricciones".
Hesíodo
"Nuestra juventud tiene un deseo insaciable de riqueza; y atroces costumbres en lo que respecta a sus ropas y a su pelo".
Platón
No creo que los tiernos infantes de antes fueran mejores o peores que los de ahora, lo que si sé es que no existía el moving ni el acoso escolar, porque la virtud de la fortaleza era mucho más evidente. Los que tenían problemas lo superaban sin psicólogos y el número de suicidios no era mayor que el actual. No teníamos derechos y, si no los tienes te espabilas, como la famosa anécdota que cuenta en su autobiografía José de Vasconcelos del gringo fuerte y alto que le pegó una paliza en el colegio de El Paso, lo solucionó desafiándole a cuchillo, aunque no sabía su manejo, pero los mexicanos eran buenos con arma blanca y el gringo, que no conocía su pericia, desapareció del mapa rápidamente.
El grupo de chiquillos que me seguía gritando mi nombre porque es rarito se aburrió de hacerlo porque no había reacción y así no tiene chiste.
La astucia, como defensa, ya no existe porque lloriqueamos.
La culpa de la notable variación de mis notas, entre sobresalientes y aprobados, no la tenían los maestros sino yo que estudiaba más unas asignaturas que otras y cada vez que se reunían acababa peleándose, unos a mi favor y otros en mi contra. Y todos tenían razón.
Y algunas cosas de las que dices, Palas, no han sido siempre asi, por ejemplo, lo de cuidar a los padres. Mi padre cuidó a su madre enferma, y yo cuide a mi padre en su lecho de muerte, aunque murió relativamente joven y de improviso. Y asi ha sido costumbre en las ultimas decadas. Pero sin embargo, congregaciones como las hermanitas de l9s pobres surgieron por la ingente cantidad de ancianos abandonados por sus propios hijos. Es decir, son costumbres que no han seguido un curso continuo a lo largo de la historia.
Sí, efectivamente, hay épocas de más dureza que otras: como el cambio que dio la Roma republicana, de costumbres muy morigeradas, a la Roma imperial. Es famosa la anécdota de la madre de los Graco que, ante el joyerío de las matronas romanas, tomó a sus hijos diciendo: "Estos son mis tesoros". Pero, en general, en la antigüedad los mismos disolutos solían admirar costumbres más recias, como se aprecia en la "Germania" de Tácito.
Es posible que lo que dices sobre los ancianos recogidos por las Hermanitas de los Pobres sea verdad, pero por lo que yo recuerdo la mayoría de los ancianos que conocí en mi niñez, y tenían hijos, murieron en su casa. También es verdad que entonces la sociedad sí juzgaba y las conductas procuraban ser adecuadas a esos juicios, pero también es verdad que el cristianismo incentivaba esas conductas. Al menos en mi caso fue eso, y no otra cosa, la que me hizo comportarme de esa manera porque los consejos que recibía iban en dirección contraria: que si ellos ya han vivido y no te dejan vivir; que si tú también tienes derechos; que si para eso están las residencias..., repito: a palabras necias, oídos sordos.
Y eso empieza a partir de 1973, hasta entonces el cociente intelectual subía constantemente, desde esa fecha decrece.
No saben el motivo, hay quien lo achaca a las pantallas electrónicas, otros al Estado de Bienestar -hoy tienen más hijos precisamente los menos formados, con las excepciones religiosas que sabemos-, o vaya usted a saber.
En mi opinión, los dos elementos esenciales de la inteligencia son el factor genético y la práctica de la lectura, así que es posible que vayan por ahí los tiros.
Pero la caída que están recogiendo es gigantesca, nada menos que 5 puntos cada quince años. Salvo que haya algo en la sociedad noruega que lo explique, y que los investigadores no mencionen por el freno mental del progresismo -algo del tipo de inmigración masiva en los últimos años- vamos a tener problemas.
Es sabido de sobra que los niños de altas capacidades cuando no encuentran un ambiente estimulativo adecuado, suelen volverse macarras anti sociales. De entre el 70 % de superdotados que fracasa escolarmente (apubullantemente enorme el porcentaje) muchos de ellos son los más listos de la panda de granujas.
Lo de Noruega, desconozco las causas. Pero lo que sí sé es que la población con un CI más alto del mundo son los judíos askenazies, con 120 de media. Altisimo. Y ademas de observar el factor genetico de pertenecer a una etnia concreta, poniendo de relevancia el factor genético, está tambien los modelos educativos judíos. Para muchos judios, ha sido siempre muy importante que sus hijos estudiaran y wue recibieran además educacion personalizada, muchas veces impartida por los propios padres.
En el último siglo la educacion ha seguido más bien la linea de ser "para todos, los mismos contenidos, los mismos metodos" y eso ha ido aislando cada vez mas a los mas inteligentes, pues al final se adopta el metodo "general" para los que van mas por debajo.
Y eso es una paradoja de la educacion generalizada. Ahorq todos los niños estudian, lo cual es un gran avance, pero cuanto mayor se extiente la enseñanza universal, se rebaja la calidad metodologica y el nivel, para poder llegar a la mayoria. Y el superdotado es el gran excluido y marginado del sistema educativo actual.
Poco a poco se va tomando conciencia de q las AACC son una necesidad educativa especial, pero durante años se ha pendado, que no pasaba nada por bajar el nivel pues el superdotado es alguien que no necesita guia educativa. Asi que.... Es mas facil que acabes en el telepizza si eres listo de más que un mediocre.
Lo que dices de los superdotados es cierto, no son buenos alumnos porque el nivel obligado para que todos avancen les aburre soberanamente. Y fracasan.
No hay generación en la historia de la humanidad que no haya pensado que después de ellos viene el diluvio, y que la juventud está perdida.
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Es que en la historia ha habido muchos diluvios. Algunos hasta han borrado civilizaciones del mapa. Otros han amenazado con la patita y con ellos a punto ha estado el mundo de irse definitivamente a hacer gárgaras.
Se llama conflicto generacional, y lo trae de serie el ser humano como la lactancia en los niños o las arrugas en los viejos. Los jóvenes son rebeldes con los mayores y los mayores se desesperan con las tonterías de los jóvenes.
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No puedo traer ningún estudio estadístico pero tengo la sensación de que antes no era así. Se era rebelde con los padres, y eso precidsamente porque los padres te permitían no tener que trabajar, pero no se era rebelde con los abuelos. Aunque quizá en parte porque los abuelos ejercían de poli bueno y porque además el mundo era más rural y en el pueblo los viejos, mientras pudieran caminar, siempre estaban activos. Y ese conflicto intergeneracional lo rompía precisamente la vida familiar que estaba llena de historias intergeneracionales, de lejanos parientes, de anécdotas inverosímiles, de sufrimiento y de humor,
Y si tuviese que traer alguna estadística podría hablar de los niveles de consumo de drogas y prostitución. Que no es exclusivo de los jóvenes pero de joven se empieza. Recuerdo que en mis tiempos yo ya veía muchas de las actitudes que se utilizan hoy políticamente para la construcción del discurso revolucionario y . . . no, no era machismo: era simple y puro sentimiento nihilista.
Es obvio que los jóvenes tienen que ser educados y los poderes sobrevuelan sobre ellos como los buitres sobre la carne moribunda. Es difícil separa a la política de esto. No recuerdo quien fue que dijo que el mayo del 68 había sido la primera revolución que no había sido provocada por la miseria sino por la sobreabundancia. En esas estamos, que el mundo se ha infantilizado, que la juventud se ha convertido en un totem lo demuestra la cultura popular y la propaganda, pero sobre todo el nivel ínfimo de los discursos y de las conversaciones, en los mediods y en la calle, donde se oyen repetidos los mismos eslóganes y las mismas tonterías que los poderes quieren que digas.
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Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. No se ponen de pie cuando entran sus padres, les responden, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros. Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros".
Sócrates.
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No sabría decir, quizá algunos de esos jóvenes fuesen quienes le condenasen a brindar con la cicuta. En cualquier caso esas gneraciones de atenienses que han pasado a la historia precisamente pasarían a la historia. No se volvieron a repetir.
El cristiano, la sociedad, el sacerdote o el religioso que no se agarra a Cristo y su enseñanza, puede acabar igual sin necesidad de irse por los Cerros de Úbeda, pues a eso ya ni llegan. Como muestra, los desvarios de los últimos tiempos y el ejemplo bochornoso de los personajes actores del presente.
"El Niñito Jesús nació en un pesebre, dónde menos se espera salta la liebre". No habría adivinado ni en mil años que su paternidad conociera a Monsieur Chouchaní.
Nos podemos poner en plan nostálgico y O tempora o mores!, pero lo cierto es que ahora gracias a la tecnología es muchísimo más fácil aprender cualquier lengua, viva o muerta. Tenemos acceso a una cantidad infinita de textos, que ríanse de la biblioteca de Alejandría, ya no hace falta viajar físicamente a otra ciudad para conseguir un libro, te lo descargas en menos de un segundo. Y cualquier estudiante de primer curso de ciencias sabe más de astronomía que Galileo y más medicina que Galeno.
Que no, que no es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor, ni esta juventud está perdida.
Y desde luego prefiero esta juventud a sus abuelos, que arrasaron Europa con el fascismo y el estalinismo.
Esa competición es inútil porque tendría que darse en igualdad de condiciones y eso no es posible.
No es lo mismo Pitágoras que un matemático moderno y no será igual un matemático moderno que uno de dentro de dos siglos. Eso es una perogrullada.
Igual que no es no mismo el primero que inventó el fuego que un ingeniero de una central nuclear. Pero tampoco le quitemos mérito al ingeniero.
Lo dicho, alguien de la tercera edad usa GOOGLE o FACEBOOK y se queja de lo inútiles que son los jóvenes. Pues descubre tú el algoritmo.
Esto es tan así que las supuestas meditaciones trascendentales, las budistas y similares y la proliferación de sectas dedicadas a la meditación, no se notan en absoluto. Ya me gustaría saber que pensaba Buda, la absoluta calma, del frenesí moderno.
Vuestra merced no se asombre por tan poca cosa ya que en la vida monástica, conventual o solitaria "ad majorem Dei gloriam", el "ora et labora", como usted bien sabe, abarca un amplio campo de trabajo domestico y trabajo intelectual, no solo nos dedicamos a los licores, quesos y pasteles. Quiere decir, que cualquier persona mínimamente interesada que le agrade el discurso filosófico y el trasfondo de la filosofía judía, sobre todo en el campo de la ética y la mística, y se adentre en el pensamiento de Emmanuel Lévinas, verá que le remite a su mentor, Shoshani, o, Chouchani, cuyo nombre no se conoce a ciencia cierta. Coménteselo a su hermano. Por lo demás, algunos estudiamos por curiosidad, es decir: por saber y comprender. Dios la bendiga abundantemente.
De aquí a dos generaciones volvemos al mono.
Yo solo he leido "totalidad e infinito" y es la tira de dificil. Hay que leerlo en clave anti sartreana, antibubberniana y anti personalismo catolico. Hay cosas imposibles, como querer establecer la etica como filosofia primera por delante de la metafísica.
Pero si lo entiende mas en clave existencialista-ética que metafisica, es un libro con muy buenas ideas.
Y además las feministas no lo soportan, lo cual es un punto a favor.
Acuerdate de nosotros en tu oracion. Y de la chica de mi barrio que se ha suicidado hoy y ha asesinado a su hijo.
El glorioso general Zumalacárregui, además de enseñarnos cómo hacer debidamente la tortilla de patatas, nos enseñó a llevar la boina con elegancia: Mostrando frente y siempre ladeada. Mi balcón da a una calle que lleva su nombre, y vivo en el único pueblo de España que fabrica boinas y que desde 1858 ha cubierto las cabezas de medio mundo.
Por lealtad, este año me he comprado una, y no me la quito.
Yo me quedo con las Santos y las Almas del Purgatorio, que por cierto, sólo son propias del Catolicismo. Después de la Gran Guerra hubo un aumento enorme del espiritismo, la pansofía y otras "espiritualidades" orientales en Gran Bretaña, pero muchísimo menos en los países católicos. Los protestantes establecen una cesura entre la Iglesia Caminante y la Triunfante de manera que no hay comunicación ninguna entre ellas, lo que angustió sobremanera a las familias de los muertos de la IGM; nosotros, en cambio, celebramos misas por nuestros difuntos, rezamos por ellos y vivimos con ellos, por lo que no tenemos necesidad de ninguna vidente que nos comunique con el Más Allá.
Tenemos santos intercesores también a los que podemos rezar y, por lo tanto, no experimentamos con esa horrible frustración que el que se ha ido vaga por el éter. Eso pude comprobarlo yo cuando murió mi madre hace cinco años, es como si la muerte no tuviera ese poder de separación entre los vivos y los muertos que experimentan los protestantes. Cuando el saduceo, que no creía en la resurrección, dijo que ésta no estaba explícita en la Torá, Jesús le dijo que estaba implícita en el episodio de la Zarza Ardiendo porque Dios le dijo a Moisés: "Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob"-éstos habían muerto siglos antes-lo que daba a entender que estaban vivos en alguna parte, porque Dios no es Dios de los muertos sino de los vivos. Ese vivir diferente no es caer en un pozo insondable y disolverse.
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