¡Cuánta gritería!
Tengo más de dos semanas de estar preparando el invernadero para nuestro próximo cultivo de pepinos.
Han sido semanas muy intensas, de levantarme antes de las 4am y caer rendida a las 7:30 de la noche. Días muy intensos tocando agua, sustratos, tierra, plántulas; lidiando con problemas muy concretos como insectos, hojas dañadas, absorción de nutrientes, herramientas, calor y frío, lluvias y humedad, sudores y cansancios…

Empezaré por narrarles el embrollo que significa para mi cada viernes que es el día que debemos recolectar, lavar y empacar mil lechugas hidropónicas para una de las más, sino la más importante empresa que compra y distribuye hortalizas y legumbres a nivel nacional.
El otro día una señora católica con la que crucé algunos correos me dijo (supongo que haciendo alarde del mejor de sus insultos) que ella no hablaba con miembros de “sectas católicas", refiriéndose al intercambio que manteníamos y a mi participación en el Movimiento Comunión y Liberación.





