Ventilar iglesias irrespirables

Cuando el otro día el cardenal Kasper animaba a los anglicanos a tomar posición sobre su «catolicidad» la sensación fue agridulce. En principio, bien. Le pegaba poco a Kasper este tipo de declaraciones, pero bien. Sin embargo se me antojaba algo de hipocresía. Creo que es fantástico alentar a los anglicanos a definirse, pero también, y en primer lugar, a los de la propia casa. Si no, ¿a qué catolicidad se refiere Kasper?, ¿a Castillo, Tamayo, Masiá, Torres Queiruga o Vidal?, para eso que se queden como están.
Yo estimularía a muchos clérigos y religiosos a definirse con la misma fuerza que se lo exigimos a los anglicanos. No es de recibo que desde un púlpito, una clase o una cátedra se enseñen las neuras, traumas y complejos de fulanito o menganito, y no el magisterio, la tradición y la Sagrada Escritura.
Soy el primero en defender el derecho a pensar y decir lo que se quiera, eso sí, que no intenten colárnoslo como «catolicismo», como una interpretación moderna y actualizada del mismo, profundizar que se dice ahora. Y en el campo el diálogo interreligioso o ecuménico menos, el fin no justifica los medios, y presentar un catolicismo rebajado o aparente no es ningún servicio ni a la verdad, ni al ecumenismo.
Ya sabemos que el P. Masiá no es teólogo católico, pero alardea de tal y de experto en diálogo con los budistas y demás religiones del Extremo Oriente. En su serie de artículos «de desmitificación» de los dogmas católicos, que corren paralelos a su celebración litúrgica, esta semana, en un vil artículo, le ha tocado el turno al Espíritu Santo: Ventilar iglesias irrespirables. Vileza en sus citas, vileza en su desarrollo.


¿Por qué llamamos a mayo el mes de María, y se lo dedicamos especialmente a ella? Entre otras razones, porque en el año de la Iglesia, en el calendario eclesiástico, es la parte más sagrada, más festiva, más alegre. ¿Quién desearía febrero, marzo o abril como el mes de María, considerando que es Cuaresma, tiempo de penitencia? ¿Quién por el contrario escogería diciembre, pleno Adviento, desde luego tiempo de esperanza, porque se acerca la Navidad, pero también tiempo de ayuno? Las propias Navidades no llegan al mes; y enero por supuesto contiene a la alegre Epifanía con su octava; pero se acorta demasiado con la llegada urgente de la Septuagesima (NdT: antiguamente tiempo de preparación para la Cuaresma).

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