En Cuaresma, confesión
A mi, este tipo de post no me salen. De hecho se iba a titular «Facebook, el Arzobispo Dolan y mi parroquia» porque eran las ideas que tenía en el escritorio, pero escribiendo, escribiendo, se cambió solito el tema.
Haciendo limpia de las páginas que sigo en Facebook, volví a visitar la del Arzobispo Dolan (Nueva York). Me gustó. Recordé la llamada del Santo Padre a estar en todas las encrucijadas. En las notas cuelgan artículos del obispo, no le había leído nada, son muy americanas: directas y visuales, y adaptadas al medio.
Enseguida centra el tema:
Un periodista me preguntó si tenía algún consejo para la Cuaresma.
«Sí» —le contesté— «Confiésese de nuevo»
Luego una breve explicación y dos anécdotas personales para aderezar. La primera, sus impresiones de Ars, de donde acaba de volver de ejercicios espirituales. Recuerda la historia del Santo Cura, al que le costaban tanto los estudios que a punto estuvo de no poder ordenarse. Y cómo desde su confesionario transformó, primero el pueblo, luego a una gran parte de la sociedad francesa, hasta el punto de que tuvieron que construir una pedanía ferroviaria dado el volumen de gente que se acercaba allá a confesar. Supongo que esa anécdota iba dirigida a los curas.
La siguiente anécdota era para no-curas:
Un buen amigo mío es pastor en una prestigiosa y animada parroquia de una gran ciudad. Los parroquianos le quieren, y él a ellos. Hace un par de años les sorprendió un domingo, cuando, en su sermón, anunció que, aunque estaba encantado de ser su párroco había pedido al arzobispo el traslado. Cuando se revolvieron explicó:
—En fin, no creo que me necesiten. Vds deben ser todos santos. Yo fui enviado a servir a los pecadores, y al parecer no hay ninguno en esta parroquia: me paso el día sentado en el confesonario, ¡sin clientes!
Me hizo gracia y me acordé de mi parroquia, que también está en facebook y que tuvo página web antes que paredes. Otro día os contaré de ella y de sus sacerdotes, una historia preciosa, todavía estamos en un barracón, pero semestralmente han de ponerle módulos y ampliarlo. Siempre queda pequeña.
Don Ignacio y don José también nos sorprendieron este domingo, como el amigo de Dolan. Todos los jueves hay vela al Santísimo, pero además, en Cuaresma, los viernes estará la iglesia abierta, de 12 de la noche a 8 de la mañana. Ellos estarán ahí, y, como es habitual en mi parroquia, el confesionario con sacerdote dentro. Cuando fui a apuntarme a uno de los turnos de madrugada ya estaban todos ocupados.
Era sólo eso, una asociación de ideas: del Papa a facebook, de facebook al Arzobispo de Nueva York, de ahí a una anécdota que curas que sorprenden, como «mis» sacerdotes que también están en facebook, y resulta que el hilo conductor no era ni una cosa, ni otra, era la Confesión.
Buen fin de semana.
14 comentarios
Por cierto Juajo esa foto es de tu parroquia??? dame la dirección porque yo trabajo cerca y podria hacer una visita.
Gracias
Lo de las Iglesias abiertas y sacerdotes 100% es una receta insuperable.
Sí, es la parroquia hace un año. Ahora tiene calefacción... ;-)
Pongo un google maps, pero se entra por Avda Camino de Santiago.
Son tan sencillos y en realidad tan pocos los ingredientes para hacer de una parroquia algo extraordinario que me sorprende que algunos los sustituyan por banalidades.
En fin, que -afortunadamente- tenemos parroquias maravillosas.
Gracias y feliz fin de semana.
Sólo creyendo y practicando esto, nos acercamos a nuestro Salvador.
saludos.
Cierto que mi actitud no es la que debiera, pero uno ya se harta de tropezarse con la incomprensión de los suyos y dar de coces contra el aguijón. Sólo quería aprovechar la ocasión, para poner de relieve nuestro relajo espiritual -yo, el primero-.
La confesión, o reconciliación, que es como ahora lo llaman y me parece correctísimo, pues confesión y penitencia son partes del sacramento y no el todo, a mi entender... La confesión, digo, no es una rémora del pasado, una carga o un instrumento manipulador de conciencias, como creen los evangélicos... Es reconocernos pecadores ante alguien como nosotros, aunque sólo Dios puede perdonar, que nos escucha, contesta y entiende, lo cual es también una muestra de humildad porque ahí vamos a quedar mal, no a quedar bien. Y también reconocer que Dios se sirve de personas limitadas como nosotros, y reconocernos también pecadores ante los hombres, al hacerlo ante un hombre que es el ministro, porque TODOS los pecados son sociales: se peca ante Dios y ante los hombres.
Y lo mejor, es lo bien que queda uno después... Se critica mucho este sacramento, pero luego nos gastamos fortunas en psicoanálisis, donde somos destructoramente sinceros cuando, a lo mejor, nuestro problema es sólo espiritual... Y además, confesarse es gratis. Hay que decir todas las ventajas.
Aún recuerdo la expresión de un párroco de esos "quemadillos": es que esta parroquia está demasiado "sacramentalizada", necesita crecer en pastoral y en compromiso. En un sentido muuuuy profundo, tenía cierta razón: muchos funerales, pocos niños en catequesis, jóvenes y adultos sólo para grandes celebraciones. Pero la solución no era la que planificaba -creo que aún no pudo realizarla, a Dios gracias-, sino la de ejercer su triple munus unido a Jesucristo por amor a sus feligreses.
Muchas comunidades de cristianos ortodoxos, que por lo general celebran en menor cantidad o frecuencia la Sagrada Eucaristía, parecen tener más claro lo que señalo, de modo que prácticamente exigen que el fiel decidido a comulgar poco menos que "asegure" que ha confesado muy recientemente o que acaba de confesar incluso.
Por lo demás, reconozco que gracias a artículos que he leído en InfoCatólica, cuyo contenido luego he contrastado con mi propia experiencia personal y con otras fuentes de información, confirmo este diagnóstico, a saber, no es sólo que muchos fieles parecen haber perdido el sentido de lo que es pecado, o están muy mal formados doctrinalmente hablando, sino que se encuentran con confesionarios vacíos... de sacerdotes. Y con sacerdotes que jamás advierten que la recepción de la comunión no es una especie de derecho adquirido que no compromete más que a no cometer algo gordo (del tipo maltratar a alguien, violar, matar o robar), y que queda garantizado con el solo deseo subjetivo y emocional de comulgar y ya está.
Vuelvo a hacer hincapié en que todo pecado es social, lo dijo nuestro gran Juan Pablo II... Es por eso que estoy perfectamente de acuerdo con d. Fidel, que hay gente muy bien pagada de sí misma porque ni roba, ni mata, pero no cae en la cuenta de cuánto se peca por omisión, o cuán negativamente influyen en nosotros y en quienes nos rodean otros pecados "menores"...
Yo creo, además, que hay otro gran problema añadido a todo esto, y es que nuestros curas -no digo todos-, se han vuelto muy señoritines: no quieren aguantar que les "echen basura encima" -lamento decirlo así, pero es lo que uno me dijo-, lo cual es comprensible pero no justificable. Porque eso, precisamente, es caridad. Si Cristo murió por nuestras culpas ¿no han de aguantar ellos a unos cuantos pelmazos?
Sin ser para nada experta en Biblia ni tener estudios teológicos, me atrevo a decir que el pasaje del lavatorio de los pies, se ha venido interpretando en clave de "el servicio" que Dios nos pide hacia los demás.
Y tal vez ha podido pasar más desapercibido que "el lavatorio" quizás es una manera más que tuvo Cristo de referirse al sacrificio del Calvario, por el cual nos ha lavado en su Sangre, como dice el Apocalipsis.
Eso explica lo que le dijo a Pedro: "Lo que Yo hago ahora, tú no lo comprendes, lo comprenderás más tarde" (cuando lo viera en la Cruz) y también: "Si no te lavo, no tienes parte conmigo" (Si no te lavo en mi Sangre, con mi sacrificio de la cruz, no tienes parte en mi vida, en la vida eterna).
Si esta interpretación que yo hago de este texto es correcta, al decir Cristo: "También vosotros debeis lavaros los pies unos a otros... Sabiendo ésto, dichosos sereis si lo cumplís", no es tanto una llamada a sus apóstoles al servicio, cuanto una llamada para que nos laven nuestros pecados en la Sangre de Cristo.
Al perderse de vista esta interpretación, a pesar de que ésta es la lectura del Jueves Santo, (institución de la Eucaristia y del sacramento del Orden) teniéndose en cuenta sólo como una llamada al servicio, se olvida quizás que el principal servicio al que están llamados los sacerdotes, es justamente el de lavar nuestros pecados en el Bautismo y la Confesión.
Y explica porqué tantos sacerdotes se han convertido en ONGs, haciendo cosas muy buenas en sí, pero a las que tal vez ellos, como sacerdotes, no estaban llamados. En cambio no quieren que les "echen basura encima".
Para San Pablo, todos no podemos ser manos o pies, sino que cada uno tiene su propia función en la Iglesia. Y me parece importante que lo que podemos hacer los laicos lo hagamos, para que los sacerdotes puedan dedicarse a lo que es exclusivamente función suya.
Me gustaría saber la opinión a este respecto, de alguien con más conocimiento que yo, como por ej, el P. Iraburu, o algún otro. Gracias.
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