Rafaela se empodera
Ella lo resume en un coloquial “se cabrea” si se trata de palabras o un “ponerse en jarras” si mejor nos dedicamos a los gestos. Ya le digo que eso hoy se puede llamar “empoderarse”. Su respuesta: pues lo mismo un día de estos me empodero, o nos empoderamos Joaquina, María y servidora y así, empoderadas del todo, nos metemos en el despacho de nuestro cura y sea lo que Dios quiera.
Parece que la palabra empoderarse puede entenderse como la acción o el proceso mediante el cual los pobres deciden mejorar sus condiciones de vida desde la autogestión, lo que en el seno de la Iglesia católica no deja de tener su morbo, su interés y muy posiblemente una gran utilidad.

Me da la gana de enviar desde aquí un fortísimo abrazo a D. José Luis Aberasturi, mi colega de blog en Infocatólica, que lleva sin escribir desde el día 12 del pasado agosto por prohibición expresa para hacerlo.
Reuniones, encuentros, congresos, charlas, simposios, círculos, tertulias, conferencias, asambleas… ¿Quién de nosotros no recibe invitaciones o se encuentra en la necesidad de asistir a unas cuántas de estas iniciativas?
O casi todos, que tampoco hay por qué exagerar, pero en esta ocasión creo que la unanimidad es grande, y, desde luego, un servidor no puede estar más de acuerdo.





