La loca aventura de unos curas locos

Porque hay que estar locos para montarse, en este mundo de lo políticamente correcto, el buenismo y una cobarde prudencia, una tertulia que llaman contrarrevolucionaria porque en ella se dicen esas cosas que muchos piensan pero que nadie suelta por aquello del qué dirán.
Curas, apenas media docena, de buena formación, jóvenes y sin complejos. Curas que visten de curas, incluso con sotana, se afeitan la lengua cada mañana, y, sintiéndose, más que sabiéndose, libres, hablan de lo que les parece, comentan lo que creen oportuno y opinan de todo lo opinable desde la más estricta fidelidad a la doctrina de la Iglesia, pese a quien pese y poniéndose por bonete incomprensiones e incluso, en algún caso, muy serias amenazas.

Son, parece, una de las preocupaciones del santo padre. También de muchos obispos y curias diocesanas, que se muestran siempre en guardia ante lo que consideran deslealtad, ruptura de la comunión eclesial y una forma de minar la confianza en personas e instituciones. Esto es lo que hay.
Lo sé. Me van a dar más palos que a una estera porque aquí o te sumas a lo mandado o entras en el grupo de los indeseables del sistema, cosa, por cierto, de la que me siento muy orgulloso.
Porque hay que darlas, las cosas como son.
Ya sabemos eso de que las comparaciones son odiosas. Pues depende cuáles, porque comparar siempre ha sido una forma elemental de exigir justicia.