Vamos niños al sagrario
La otra noche, las niñas del campamento de las Siervas del Hogar de la Madre de Braojos, mantuvieron turnos de adoración al Santísimo de nueve a nueve. Es decir, comenzaron a las nueve de la noche y turnos de vela de hermanas, monitoras y niñas hasta las nueve de la mañana.
Al día siguiente, en la homilía, les hablé de san Manuel González, la devoción a la eucaristía y esa campaña que mantuvo toda la vida como reparación por los sagrarios abandonados. Acabé con una llamada a que dedicatran horas a estar en oración delante del sagrario y hasta me atreví a cantar con ellas y que aprendieran esa canción tan tierna de mi infancia que decía eso, seguro que recuerdan:
Vamos niños al Sagrario
Que Jesús llorando está,
Pero viendo tantos niños
Muy contento se pondrá
Muy contento se pondráNo llores, Jesús, no llores,
Que me vas a hacer llorar,
Pues los niños de este pueblo
Te queremos consolar.Ahí quedó la cosa.

En los años setenta y ochenta se puso muy de moda poner pegatinas con frases en la parte trasera de los coches. Seguro que recuerdan “I love Villazarcillo de Abajo”, “Yo veraneo en Playamonte del Sol", “To er mundo é gúeno", que hasta dio título a una película del inolvidable Summers.
Verano. Parroquias, órdenes y congregaciones religiosas, movimientos, instituciones. Todos poniendo en marcha actividades y campamentos de verano para niños y jóvenes. El catolicismo de estas iniciativas se supone, aunque en ocasiones sea mucho suponer. Conozco, por ejemplo, campamentos y colonias organizados por congregaciones religiosas donde los niños no van a misa los domingos. La cosa del respeto, ya saben.
O subida de sotana, que para el efecto deseado viene a ser lo mismo.





