Reflexiones de este amargado que les escribe
Los datos son tercos, y comprendo que eso cabree y mucho. Encontrarte con que tus grandes apuestas pastorales de los últimos cincuenta o sesenta años, mantenidas con exultante frenesí, hayan conseguido dejar vacias las iglesias y el milagro de que nazcan tomateras en la plaza de san Pedro, tiene que ser algo frustrante.
Ante esta realidad ya me sé las respuestas: que lo importante es que ahora la gente va de verdad a misa, y no como antes, que por lo visto lo hacían amenazados por la pistola de los grises de Franco, y que los que nos empeñamos en hacer públicos los datos somos unos amargados, anti Francisco, incapaces de dar una idea y siempre con lo negativo por delante, y que a ver qué hacemos nosotros que parecemos tan listos.

Sé que es algo muy duro, porque cuando uno lleva veinte, treinta, cuarenta años haciendo una cosa, de repente replantearse todo lo que ha hecho es tarea de titanes. Y si esto es a nivel individual, yéndonos a la Iglesia universal, o al menos la española, se convierte en algo insufrible. Sin embargo, vamos a tener que hacerlo. No hay más cáscaras.
La eclesial primavera primaveral tiene menos futuro que el Alcoyano en la Champions. Leo estos días que el teólogo Andrés Torres Queiruga va a ser uno de los ponentes en las jornadas de teología de Santiago de Compostela. Hace no mucho me hablaban de otras jornadas de teología con Marciano Vidal como gran invitado. Religión Digital, adalid de la primavera más primaveral, tiene como teólogos de cabecera a José María Castillo y Antonio Aradillas. 