La última tuchada. Conmigo que no cuenten
Lo último que puede soportar un servidor es que le tomen el pelo, y miren por donde, este es el caso, porque la declaración Fiducia supplicans de Doctrina de la Fe publicada ayer mismo, es sobre todo y ante todo una solemnísima tomadura de pelo a la Iglesia.
Hace años que venimos asistiendo a una bajada de pantalones, normal en este caso, ante las exigencias de los movimientos por lo que ellos llaman los derechos homosexuales. En la Iglesia son evidentes los movimientos en esa dirección. La omnipresencia del P. James Martin, SJ, en todo, no es más que la muestra diaria.

Uno siempre agradece que recen por él, pero hay oraciones que ciertamente te sorprenden. Hace unos días una buena mujer me ha dicho que está rezando para que me convierta al papa, porque dice que me ve muy crítico con el papa Francisco. El papa es el papa, servidor cree y acepta la figura y el ministerio del sucesor de Pedro y punto y final.
Si es que no se me ocurre calificarlas de otra manera, porque leo en todos los
Todos hemos vivido esos momentos de reuniones, consejos, asambleas y demás zarandajas pastorales en los que la pregunta clave, en medio de la constatación de que somos menos, muchos menos, es ¿y qué podemos hacer para que venga la gente?
El progresismo al uso tiene entre sus características el situarse en un plano superior consistente en una mezcla de suprioridad moral, superación de viejas teologías, adquisición de una más alta iluminación y condescendiente desprecio hacia esos pobres que se siguen apoyando en el catecismo y en lo de siempre, lo cual, para estos progres, insisto, es puro infantilismo que consienten como concesión al que no ha sido capaz de llegar más allá.





