Cáritas: la administración nos toma el pelo

Un buen dato para comenzar la mañana: España es el segundo país de la Unión Europea con más pobreza infantil superado solo por Rumanía. En otros datos ya ni entramos.
Pues ya ven la situación. A uno, como es natural, no le queda más remedio que mirar a la administración y hacer preguntas. No creo yo que estemos tan mal como para no poder hacer algo, revisar presupuestos y administrar los bienes de todos de otra forma.
Ayer se presentó el informe de Foessa “Análisis y perspectivas 2014″. En él se afirma que con 2.600 millones de euros es posible acabar con la pobreza severa en España. Muchos millones son. Pero esa cantidad es el equivalente al proyectado rescate de las autopistas o poco más del doble de lo que costó por ejemplo el aeropuerto de Ciudad Real.

Y servidor sin enterarse. Perece ser, Benjamín Forcano dixit, que los católicos andábamos pelín atrasados con relación a los demás y en consecuencia con apariencia de vaya usted a saber pero en ningún caso humana. Ya saben, la culpa del beato Juan Pablo II y del malvado Ratzinger que en lugar de hacer lo que le apetecía a D. Benjamín se dedicaron a otra cosa. Error, qué gran error.
¡Cómo sonaba el gregoriano en la basílica del monasterio del Escorial! Bajo la experta dirección del P. Samuel Rubio, los estudiantes agustinos manejábamos el liber usualis con la misma facilidad que un chavalillo hoy intercambia guasaps con su panda. No éramos músicos profesionales pero entre el director, una eminencia, y algunos compañeros que sí que estudiaban música, se conseguía cantar con mucho más que dignidad.
Tengo sobre la mesa los documentos del concilio Vaticano II. La edición minor de la BAC del año 1967. Me estoy encontrando con un problema, y es que a esta edición le faltan bastantes páginas, incluidos decretos enteros. Porque me dicen cosas, me cuentan cosas que están en el concilio y servidor no las encuentra. Ya saben lo que pasa: que compra uno un libro con su mejor voluntad y mira por donde se traspapeló algún cuadernillo. Debe ser mi caso.
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