Internet y vida parroquial. Algunas sugerencias
El que se piense que con colocar una cartelera con los horarios a la puerta de la parroquia es más que suficiente como información, lo tiene claro. Y al menos lo tiene, que hay parroquias que ni siquiera.
Hoy, en la época de los esmarfones, los guasaps, la güeb y conexión a internet hasta en el kiosko de playa, nadie en su sano juicio más que alguna Joaquina despistada se acerca a una parroquia para mirar el tablón de anuncios. Directamente se accede a un buscador y todo en la mano. Por eso resulta imprescindible estar ahí.
Servidor, como ya se puede notar, es cibernauta, bloguero y con su pelín de afición a las redes sociales. Desde esa experiencia de internet como herramienta básica para la vida parroquial, me atrevo a sugerir cosas que me resultan básicas después de años en estos mundos de internauta.

Había una vez un anciano fraile que siempre que surgía un conflicto en la comunidad exclamaba: “conserve cada cual su puesto”. Sabio religioso. Porque aquí los grandes conflictos de las parroquias estriban justamente en esto.
Acabo de recoger el correo como cada día. Un auténtico fardo de papel con cosas del más variopinto. A ver que hago un resumen.
De cura de pueblo aprendí pequeños refranes que a lo tonto, lo tonto, te enseñan cosas para la vida. Un dicho era eso de que “amigos muy amigos, pero el borrico en la linde”. Es decir, que ser amigos no significa que yo tenga que consentir todo lo que se te ocurra y tragar lo que buenamente te plazca. Amigos, muy amigos, tomamos unas copas, pero las cositas muy claras.
Tengo una amiga que me dice que el tiempo de la homilía de su párroco le viene muy bien para pensar en la compra y la lavadora. Que es empezar el buen hombre a predicar y directamente desconecta y comienza a dar vueltas en la cabeza a sus cosas.





