Cosas de la capilla de la adoración perpetua contadas especialmente a los escépticos
Exactamente un año y ocho meses los que el Santísimo lleva expuesto en la capilla de la adoración perpetua en nuestra parroquia de la Beata María Ana Mogas sin más paréntesis que el obligado del viernes santo.
Después de este tiempo quisiera hacer llegar algunas consideraciones. La primera, sobre el “éxito” de la iniciativa, y pongo éxito así, entre comillas, porque la valoración la hace el Señor. Pero si por tal entendemos presencia de fieles y buena acogida de la iniciativa, entonces podemos estar más que satisfechos.
Salvo alguna hora rara de la madrugada, o rarísima del mediodía, siempre más de una persona con el Señor, dándose momentos en que la capilla se queda pequeña, y eso que en ella pueden estar cómodamente quince personas. Abundando en esto, mucha gente joven, muchos hombres, niños… Basta estar un rato a la puerta de la capilla para poder comprobar el incesante trasiego de personas que van y vienen.

Antes de meternos en otros berenjenales, yo creo que la primera norma litúrgica, tanto para celebrante como para fieles, es la exquisita puntualidad. Por respeto mutuo y por saber a qué atenernos.
Este domingo tenemos fiesta en la parroquia. El lunes la iglesia celebra la memoria de la beata María Ana Mogas, titular de la parroquia, y se nos ha concedido la licencia necesaria para trasladar la fiesta litúrgica al domingo para mayor provecho de la feligresía.