Apostar por la formación on line
Lo de la formación es de esas cosas que todo el mundo reclama a la vez que no se tiene tiempo para acudir. No falla. Da igual una asamblea parroquial, un grupo de Cáritas, catequistas, liturgia o lo que nos haya podido ocurrir. Lo primero que dice la gente es que necesitan formación. Perfecto. Organizas unos cursos de formación, invitas a cursos que se estén impartiendo en la vicaría, en la diócesis. Nadie tiene tiempo para acudir. Pues vaya…
Lo digo yo y lo dicen mis compañeros. Hace poco me confesaba uno: tenemos formación en la parroquia, para laicos. No está mal. Fantástico programa. 25.000 feligreses. 40 agentes de pastoral. Asisten 25, la mitad señoras mayores, que no tengo nada contra ellas, bendito sea Dios, pero que un éxito suficientemente medido.

No sé si aún podrá quedar algún lector que no conozca a Socio. Por si acaso, decirles que Socio es un encantador perrillo westy, simpático, excelente rematador de cabeza, y que comparte su perruna existencia con un servidor.
Oigan, que es la impresión de uno, muy posiblemente equivocada. Pero como es lo que pienso, y en el blog escribe un servidor y es libre para hacerlo, pues lo digo.
Rafaela es tenaz como una mula de las que había antes por su pueblo. Semana a semana asiste impertérrita a las reuniones de mujeres que celebra don Jesús. A estas alturas ni don Jesús comprendería una reunión sin tener frente a sí a la tan siempre peleona como cariñosa en el fondo de Rafaela, ni Rafaela podría faltar a la cita con su párroco. Ya saben eso de que “amores reñidos son los más queridos”, que se dice en su pueblo.
Para empezar, y perdón por el exabrupto, a mí que no me vengan a tocar las narices con lo de estar con los pobres. Durante casi cuatro años funcionó en la parroquia el SOIE (servicio de orientación e información para el empleo) de nuestro arciprestazgo, con más de mil personas atendidas y un índice de colocación del 40 %. Hoy no está en la parroquia porque Cáritas Vicaría decidió suprimirlo y centralizar todo. Supongo que por nuestra ineficacia.