Yayo Herrero y las Esclavas. Si somos más tontos, nos levantan un monumento
No sé qué nos pasa en algunos sectores de la Iglesia que de repente recibimos una luz cegadora que nos tira del caballo y nos hace comprender que hay personajes sin los cuales no hay reunión, congreso, charla, curso o encuentro que se precien. No es fácil saber cómo comienza la cosa, pero hay un día en que surge un nombre, como si del último profeta se tratara, y a partir de ese momento si no va Fulanito es que ni charla ni nada.
Pobre inculto de mí que, en julio pasado, ignoraba la existencia de Yayo Herrero, lo cual ya dice mucho de mi precariedad sacerdotal. Me la encontré por primera vez en una mesa redonda en la parroquia de Santa Cristina para hablar de ecología y esas cosas, en lo que servidor consideró un gol colado a D. Carlos Osoro.

Sale hoy en todos los medios un tweet del actual concejal de hacienda del ayuntamiento de Madrid, de Podemos, por supuesto, en el que directamente califica de gentuza a la gente que va a misa, a la vez que afirma que el Jesús de Nazaret de esa gente que ha abierto y sigue #YoVoyaMisa estaría apedreando a mujeres adúlteras y mercadeando en el templo.
Y de qué manera. Y desde hace ya cuánto tiempo. Los enemigos de la Iglesia nos tienen cogida la sobaquera y nos tienen tomadas las medidas porque saben que aquí, en el fondo, y lo sabemos todos, nunca pasa nada.
Desde luego la gente no tiene la culpa. O al menos, toda la culpa.
Ayer, día del seminario, contamos en la parroquia con el testimonio de Sergio, un seminarista de Madrid. La primera vez que tomaba un micrófono en la iglesia para dirigirse a los fieles. Su primera vez. Vestido con el alba tuvo a su disposición apenas unos minutillos que se preparó, lo sé, durante días y días con el deseo de decir algo interesante, ser agradable, no parecer interesado en lo material y además sin enrollarse. Pues vive Dios que lo consiguió, porque pudo contarnos quién es y por qué está en el seminario, y sobre todo nos dejó muy clarito que todo es cosa de Dios, que es momento de rezar y ponerse en sus manos y que lo único que importa es pedir a Dios que nos enseñe a descubrir su voluntad y a vivir como Él quiera que lo hagamos.





