Homilía del domingo de la Transfiguración
NOTA PREVIA: Colocaré la homilía dominical normalmente pasado el domingo. Estos días que estoy fuera de la parroquia, como algo excepcional, intentaré colgarla antes, ya que hay sacerdotes que así me lo piden. Pero lo de estos días será algo puntual.
TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR
Todos los años leemos el evangelio de la transfiguración en el segundo domingo de cuaresma. El primer domingo es el de las tentaciones, seguro que recuerdan, donde vemos a Jesús triunfante ante las tentaciones del enemigo y aprendemos a enfrentarnos a las nuestras con las armas de Cristo: la Palabra de Dios.

Yo no sé si nos engañan, o nos encanta vivir en la más exquisita y sublime de las nubes. ¡Oh el efecto Francisco! ¡Ah la nueva Iglesia! Por fin una Iglesia abierta. Gloria a Dios: era hora de sintonizar con la gente. Mantras. Muletillas. Frases que a base de ser repetidas nos quieren hacer creer que son la realidad. Todos encantadísimos con la realidad excepto los cuatro cavernarios.
Algo estudié de pedagogía y algo de programación por objetivos. Tengo entendido que lo interesante es tener un gran objetivo general, y luego objetivos parciales, medios, estrategias, evaluación y corrección de errores. No sé si técnicamente es muy perfecto, pero yo creo que se me entiende.
Me contaban no hace mucho que, en una diócesis española, de cuyo nombre no quiero acordarme, aunque me acuerdo muy bien, ha sido vetado por la superioridad un sacerdote como predicador de una novena por el hecho de que ese sacerdote “no respeta al papa, habla en contra del papa”. Al sacerdote, por cierto, no se le puede reprochar nada en ortodoxia o liturgia. Todo lo contrario. Si acaso, demasiado ortodoxo. Pero… parece ser que no es entusiasta “francisquista”, y eso hoy se lleva mal.