Adoración perpetua y WhatsApp
Estoy pasando unos días fuera de la parroquia. Mi compañero está a cargo de todo y estamos en contacto básicamente porque somos amigos y nos gusta saber al uno del otro. Aunque sea una broma por WhatsApp, pero sí, sabemos el uno del otro.
Este puente festivo es, tradicionalmente, el día en que sale más gente de Madrid y los que quedan, suelo decir en broma, se van a la verbena de la Paloma a tomar unas gallinejas y echarse al coleto un vasito de sangría. Pregunto al compañero si ha tenido hoy mucha gente en las misas. Me dice: en la de las 13 h., unas treinta y cinco personas, cuando en un domingo normal se acercan a las trescientas.
Ufffff!!! ¿Y la capilla de la adoración perpetua? ¿Se cubren los huecos?

Siempre se ha identificado la barca de Pedro con la Iglesia. Hoy nos encontramos, en el evangelio, con esa barquita en medio de una tempestad. No hace falta pensar mucho para identificar la tormenta con este tiempo actual en el que la iglesia trata de vivir en fidelidad a Jesucristo.
Lo de la libertad de expresión ya saben ustedes que es una cosa según la cual los míos pueden decir lo que quieran hasta ciscarse en lo más santo, pero los contrarios no tienen derecho ni a agua.
El arzobispado de Madrid, en aras de una mayor transparencia y el deseo de gestionar los bienes de la archidiócesis de una manera más eficaz, ha decidido dar paso a unos auditores externos que, en primer lugar, han llevado a cabo un amplio estudio de las cuentas de la curia, estudio que en su día se nos presentó a los sacerdotes y que deja las cosas en bastante buen lugar. Se pueden mejorar aspectos, pero, en general, nos damos por razonablemente satisfechos.
Uno tiene que saber en qué se gasta los cuartos, especialmente si los cuartos son de otros y yo soy el administrador. Servidor, por ejemplo, no puede gastarse los dineros del cepillo, los donativos o la colecta dominical en cualquier cosa. Los fieles, que son los que ponen la pasta, tienen no solo el derecho, sino la obligación de velar para que su aportación más o menos generosa vaya destinada a lo que tiene que ir: mantenimiento del templo parroquial, salario del sacerdote, actividades pastorales y ejercicio de la caridad.





