Nos acaban de hacer una auditoría en la parroquia
El arzobispado de Madrid, en aras de una mayor transparencia y el deseo de gestionar los bienes de la archidiócesis de una manera más eficaz, ha decidido dar paso a unos auditores externos que, en primer lugar, han llevado a cabo un amplio estudio de las cuentas de la curia, estudio que en su día se nos presentó a los sacerdotes y que deja las cosas en bastante buen lugar. Se pueden mejorar aspectos, pero, en general, nos damos por razonablemente satisfechos.

Uno tiene que saber en qué se gasta los cuartos, especialmente si los cuartos son de otros y yo soy el administrador. Servidor, por ejemplo, no puede gastarse los dineros del cepillo, los donativos o la colecta dominical en cualquier cosa. Los fieles, que son los que ponen la pasta, tienen no solo el derecho, sino la obligación de velar para que su aportación más o menos generosa vaya destinada a lo que tiene que ir: mantenimiento del templo parroquial, salario del sacerdote, actividades pastorales y ejercicio de la caridad.
NOTA PREVIA: Colocaré la homilía dominical normalmente pasado el domingo. Estos días que estoy fuera de la parroquia, como algo excepcional, intentaré colgarla antes, ya que hay sacerdotes que así me lo piden. Pero lo de estos días será algo puntual.
Yo no sé si nos engañan, o nos encanta vivir en la más exquisita y sublime de las nubes. ¡Oh el efecto Francisco! ¡Ah la nueva Iglesia! Por fin una Iglesia abierta. Gloria a Dios: era hora de sintonizar con la gente. Mantras. Muletillas. Frases que a base de ser repetidas nos quieren hacer creer que son la realidad. Todos encantadísimos con la realidad excepto los cuatro cavernarios.





