De parroquias, Cataluña y el 155
Todos hemos tenido experiencias similares. Un grupo, una asociación, unas personas que empiezan a trabajar, a reunirse en la parroquia, evidentemente con el beneplácito y el apoyo del párroco. Grupos supuestamente educativos, culturales, católicos, que se piensa pueden resultar un apoyo en la labor pastoral de la comunidad parroquial.
En principio, nada que objetar. Desde la parroquia se convoca, se anima, se apoya la iniciativa y comienza la andadura del invento cual sea. En la inmensa mayoría de los casos, hablamos de iniciativas católicas, buenas y santas, que no solo no dan el menor problema, sino que suponen un apoyo y una ayuda notable a la hora del trabajo parroquial.

Vamos con otra: “lo importante es caminar”. Pues no. Porque si uno está al borde del abismo y camina, se pega la leche.
Pues sí, así como suena, y mucho más común de lo que parece. Gente que se enfada con el cura, con el párroco, siempre ha existido. Jamás por temas fundamentales, eso sí.
Aunque no se lo crean, uno es más bien poco piadoso. A ver, por favor, no se me escandalice nadie. Los de pueblo, los que nos hemos criado entre piedras berroqueñas, no somos especialmente dados a místicas y arrobos. Somos más bien tirando a escuetos, de pocas ideas, pero claras, más neoclásicos que barrocos, más de tiralíneas que de creativo pincel. Cosas de los que hemos crecido entre tomillos y jaras, cardos borriqueros y espinarones de esos que antes se podían cortar y ahora hacerlo te cuesta congo y medio.
A principio de curso se nos han hecho llegar desde nuestro arzobispo, D. Carlos Osoro, a las parroquias y fieles un conjunto de doce puntos, tomados ya de los trabajos del Plan Diocesano de Evangelización, que nos pide tengamos muy en cuenta a la hora de planificar la tarea pastoral.