Con el islam, menos ingenuos. Aquí un descendiente de don Alonso Guadalix
Parece ser que con el rey Fernando III, el santo, san Fernando, hubo un lugarteniente llamado Alonso Guadalix y que él solito acabó con cinco moros. De ahí que el escudo del apellido Guadalix vaya orlado con cinco cabezas de moro, las mismas que cortó en su día don Alonso.
Valga esta introducción para que comprendan que quizá en estos temas servidor pudiera ser un tanto drástico, sin duda debido a la carga genética que el bueno de don Alonso nos dejó a sus descendientes.
Dicho esto, a pocos días del atentado de Barcelona, me vienen a la cabeza, así de repente, algunas reflexiones.

No hay duda de que las lecturas de este domingo apuntan a la necesidad de comprender que la fe en Cristo no es algo exclusivo de una raza, una cultura, una forma de entender la vida. La clave de la fe no es el lugar de nacimiento, la descendencia de Abraham, la tierra de Israel. Judíos y gentiles llamados a ser de Cristo.
Estoy pasando unos días fuera de la parroquia. Mi compañero está a cargo de todo y estamos en contacto básicamente porque somos amigos y nos gusta saber al uno del otro. Aunque sea una broma por WhatsApp, pero sí, sabemos el uno del otro.
Siempre se ha identificado la barca de Pedro con la Iglesia. Hoy nos encontramos, en el evangelio, con esa barquita en medio de una tempestad. No hace falta pensar mucho para identificar la tormenta con este tiempo actual en el que la iglesia trata de vivir en fidelidad a Jesucristo.
Lo de la libertad de expresión ya saben ustedes que es una cosa según la cual los míos pueden decir lo que quieran hasta ciscarse en lo más santo, pero los contrarios no tienen derecho ni a agua.