Chismorreo clerical versus boletín oficial
Los meses de verano son especialmente propicios para el chismorreo clerical. Verano es tiempo de nombramientos y esto hace que los rumores se propaguen a velocidades supersónicas.
- Oye, ¿a que no sabes dónde va Fulano?
- No me digas… Entonces ¿quién va a dónde estaba Fulano?
- Por cierto, ¿sabes algo del delegado de?
- Sé que lo deja… lo que no se sabe aún es quién lo sustituye.
Total, que los rumores, chismes, acertijos se convierten en deporte diocesano casi en cualquier lugar. Y no es bueno. Para nada.
Alguien dijo en una ocasión que “secreto pontificio” es todo aquello que se sabe, y que incluso quizá lo conozca hasta el santo padre. Vamos, que todo se sabe, y más ahora.

Alguna vez ya he afirmado que nuestras generaciones más jóvenes andan bastante peces en historia, y especialmente en historia del siglo XX, y la poca que conocen suele estar bastante manipulada. Esto de la manipulación tiene arreglo a base de leer y contrastar, pero eso supone dejar un rato el teléfono móvil para agarrar un libro.
Menudo peligro Teresita. Pasota de las cosas de Dios. De esas que “ya sabes que a mí no me van esos rollos, que todo es parafernalia y aparentar, yo paso”, y “en cuando tenga un año más (tenía 17) me voy de casa”. Teresa tiene unos padres católicos de esos con una fe a prueba de hijas rebeldes. Colegio católico… y a rezar, porque ya otra cosa no se sentían capaces de hacer.
Hoy ha sido un domingo gozoso. La llegada del verano hace que nuestros pequeños pueblos cobren algo de vida. Ayer tarde, en La Serna, asistí al inusual espectáculo de un grupo de chicos y chicas jugando en la plaza que hay delante de la iglesia. Incluso desde la casa parroquial llegué a escuchar gente que charlaba y reía.
Me temo que el cardenal Kevin Farrell, prefecto del nuevo discasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, y máximo responsable del Encuentro Mundial de las Familias de Dublín de agosto, no ha tenido su mejor día. En una