Acabo de conocer al nuevo cura de mi pueblo
Hay una cosa en la que quizá no han pensado, y es que los curas, además de ser párrocos, vicarios parroquiales, o lo que sea, seguimos siendo de alguna manera feligreses de nuestra parroquia de origen.
Servidor, además de ser ahora cura de pueblos, es de pueblo, y mi parroquia es la de mi pueblo. En ella fui bautizado, hice la primera comunión, ejercí de monaguillo, me he confesado ni se sabe las veces, colaboré en lo que pude y hasta fui ordenado sacerdote. En la parroquia he celebrado misa muchas veces, confesado otras cuantas, bautizado, casado y enterrado entre lágrimas y oraciones a muchos, entre otros a mis padres. En estos días ha llegado un nuevo párroco, y hoy acabo de tener la oportunidad de presentarme y de que nos conociéramos personalmente.

Lo de enterrar a Franco en la cripta de la Almudena, si no fuera porque es una cosa muy seria (sacarlo del Valle, y luego a ver qué pasa con todo aquello, incluyendo la propuesta de IU y Podemos de derribar la cruz y desacralizar la basílica), daría de sí para una novela-mejor una serie- del mejor Vizcaíno Casas (q.e.p.d.), unas cuantas películas de Berlanga (q.e.p.d.) y una exhibición de Alfredo Landa (q.e.p.d.) y lo mejor del cine español.
Hace un rato. Rafaela, porque el nombre me vale y es igual quien haya llamado a este cura. Pues eso, una Rafaela. Anciana, hijos, nietos… fe a prueba de bombas y escándalos y un amor a la Iglesia que no le cabe en el pecho.





