Una penosa cuenta de resultados
Las empresas, a final de año generalmente, hacen balance de resultados y revisan la marcha de su actividad. Estudian cómo se va implantado su producto y, cómo no, los resultados económicos.
Hablando hace poco con un buen amigo economista me decía que, con criterios empresariales, lo mejor que se podría hacer con mis tres parroquias sería cerrarlas a cal y canto dada la baja asistencia de fieles y la imposible solvencia económica. Con esos criterios, evidentemente, tiene toda la razón.

La Iglesia católica, hasta donde uno llega, tiene notas, que no adjetivos. Es, o era al menos hasta ahora, una, santa, católica y apostólica. Con eso nos basta y nos sobra. No voy a andar explicando cada nota porque doctores tiene la santa madre Iglesia y catecismo al uso que lo harán mejor que un servidor.
Cosas mías, pero casi que las doy por perdidas. La enseñanza menos porque el estado no tiene dinero para asumir hoy la concertada. Lo de la crucecita lo veo con bastante menos futuro. No. No me preocupa en absoluto. A veces pienso incluso que hasta nos estarían haciendo un favor.
Ya saben que a uno lo que le va es ir contracorriente, por eso no me tomen demasiado en serio en según qué cosas.
Me preguntan algunos lectores que cómo es posible que encuentre temas para escribir un post cada dos o tres días. Tengo que responder que el problema es otro, es cómo limitarme a escribir algo solo cada dos o tres días, porque la multitud de temas y de asuntos que uno se encuentra sin necesidad de buscarlos es algo que roza el infinito.





