El interino
Lo contaban de un ordenanza en un ministerio cualquiera. Acababa de tomar posesión el nuevo ministro y, como es natural, llegó al ministerio con nuevas ideas y dando órdenes desde el primer momento, hasta en los detalles más pequeños. Aquel ordenanza no perdió los nervios. Apenas exclamó: “hay que ver cómo son estos interinos”.
Se nos acusa en ocasiones a los sacerdotes que llegamos a la parroquia y hacemos exactamente lo que nos da la gana sin contar con nadie. Y no niego que falte razón. Es un extremo, pero real como la vida misma. Llega el nuevo párroco y desde el primer día ordeno y mando tal vez apoyado por una hermana o una persona de su confianza. Pone misas, quita misas, arregla esto, desarregla lo otro, no da cuentas, gasta en cosas no del todo justificables, impone horarios y modos, que para eso es el párroco y no hay más que hablar.

Es que estamos a menos de un mes de la Navidad y se nos acumulan las cosas. Es Navidad y algo hay que hacer.
Las mamás antiguas, preocupadas por la integridad total de sus niñas, solían aconsejar a sus hijas que no bebieran nada que no se descorchara en su presencia, no fuera a suceder que algún malvado, porque entonces no se contemplaba otra posibilidad, aprovechase algún descuido para poner algo en la bebida con el fin de abusar de la criatura.
Intento cada día conectarme en directo a las doce de la mañana a través de mi cuenta personal de Facebook para rezar el ángelus. Este pasado sábado acudí al cementerio de los mártires de Paracuellos con un matrimonio amigo que no lo conocía. Desde la catedral de los mártires, que así le dice don Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares, me conecté en directo unos minutos antes de las doce para mostrar lo que es Paracuellos y rezar desde allí el ángelus.





